CAYARA

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Dos miembros del ejército que nunca estuvieron en dos operaciones en las que hubo excesos durante la guerra cruenta contra el terrorismo, son procesados acusados de haber participado en las muertes registradas en el poblado de Cayara sólo porque la Comisión de la Verdad (CVR) los incluyó arbitrariamente como responsables en su informe final.

Los acusados son el teniente Juan García Calderón y el técnico Elmer Serna Ozco.

Los cierto es que García y Serna son sobrevivientes del ataque a un convoy del ejército ocurrido un día antes de los excesos, y estaban en el hospital del cuartel Los Cabitos de Huamanga cuando ocurrieron esos hechos.

DOBLE CARGO

El técnico Serna enfrenta además otro proceso acusado de haber participado en los excesos de Pucará, Huancayo, ocurridos en 1989, cuando él prestaba servicios en la División de Fuerzas Especiales de Las Palmas, Lima.

Serna pertenecía a la unidad involucrada en los hechos de Pucará, pero estaba en la capital y, por lo tanto, nunca participó.

García y Serna se salvaron de ser víctimas de Sendero Luminoso en el campo de batalla, pero no en el terreno judicial.

ARBITRARIEDAD

La Fiscalía ha sustentado su denuncia en el informe de la CVR, sin haber realizado las investigaciones pertinentes, como si aquel tuviese carácter vinculante para el estado y sus autoridades.

Tan grave como ello es que los jueces admitieron las denuncias y abrieron proceso a los dos militares. Increíble, pero cierto

Los dos héroes de guerra se encuentran ahora perseguidos por la justicia, con su carrera al borde de la ruina, víctimas de la venganza senderista.

LOS HÉROES DE CAYARA

La madrugada del 14 de mayo de 1988, el técnico del Ejército Elmer Serna Ozco, y el sub jefe de su patrulla, el teniente Juan García Calderón, sintieron como si hubiesen vuelto a nacer. La noche anterior vieron de cerca el rostro de la muerte, pero sobrevivieron gracias a su valor y heroísmo.

La pesadilla comenzó a las 8.30 pm del 13 de mayo, cuando un convoy de dos camiones del ejército, con 10 hombres cada uno, fue emboscado mientras retornaba a la base de Huancasancos tras haber cumplido una misión.

MINAS

Cuando el convoy pasaba por un camino estrecho, cerca de Erusco, estalló una carga explosiva que hizo volar al segundo camión.

El conductor del primero frenó en seco, y evitó así otras dos cargas que estallaron enseguida. Los soldados saltaron a tierra para socorrer a sus camaradas del camión dinamitado, pero una lluvia de balas les impidió hacerlo.

El Técnico Serna recuerda que la oscuridad le impedía ver a los atacantes pero, por sus voces, calcula que eran más de cien hombres, mujeres, y menores.

REMATE

Los terroristas remataron a tiros al jefe de la patrulla, el capitán José Arbulú Sime, quien intentó ocultarse entre unos matorrales, pero no pudo porque la explosión le rompió una pierna.

Quedaron heridos el teniente Carlos Félix Tasayco, el sargento Jesús Narváez Rosales, el cabo Fernando Ramírez Barrozo, el cabo Renán de la Cruz Ágreda, el cabo Raúl Rodríguez Ramos, y el cabo Santos Espinoza de la Cruz, quien murió al día siguiente.

Los demás heridos no fueron rematados porque a unos los creyeron muertos y otros pudieron ocultarse entre matorrales.

Nueve soldados se lanzaron por la quebrada y fueron a pedir ayuda a la base de Huancapi, mientras que otros cuatro se enfrentaron a tiros con los terroristas, en un combate heroico que se prolongó hasta las 2 de la madrugada.

VALOR

Los cuatro valientes fueron el Teniente García, el Técnico Serna, el sargento Ángel Vargas Tamara y el cabo Fabián Rondan Ortiz.

El sargento Vargas murió de un tiro que lo mató en el instante, y el cabo Rondan murió desangrado, tras agonizar unas horas.

Cuando los terroristas dejaron de dispararles, Serna y García pensaron que estaban siendo rodeados para un asalto final, y se prepararon para lo peor.

Bajo esa tensión permanecieron hasta las seis de la mañana, cuando llegaron las tropas de refuerzo de Huancapi.

LA MENTIRA DE LA CVR

El informe final de la llamada “comisión de la verdad y reconciliación” (CVR), registra así lo que sucedió en Cayara:

“El 13 de mayo de 1988, en la zona de Erusco, un grupo de elementos de el PCP -SL atacó un convoy militar de la Patrulla “Mosca”, perteneciente a la Base Contrasubversiva No 34 de Pampa Cangallo, cuando retornaba después de haber desarrollado las funciones de relevo de personal, abastecimiento y otras actividades administrativas en la Base Contrasubversiva de Huancasanccos”.

“Como resultado de esta acción perdieron la vida el Capitán de Infantería José Arbulú Sime, Sargento Segundo Ángel Vargas Tamara, Cabo Fabián Roldán Ortiz y Cabo Carlos Espinoza de la Cruz. Asimismo, 15 efectivos quedaron gravemente heridos. Por otro lado, en esta acción también se perdieron 10 Fusiles FAL1 y una Pistola Ametralladora HK No 3150003”.

“En represalia a dicho atentado, las fuerzas del orden habrían organizado un operativo de respuesta en el curso del cual se cometieron una serie de actos contra los pobladores de Cayara, Erusco y Mayopampa, tales como asesinatos, saqueos, robos e incendios contra sus propiedades”.

“Estos hechos se habrían cometido porque los militares imputaron contra las comunidades haber participado en el ataque subversivo perpetrado contra el convoy”.

Así de frío y calculado. Para ellos no hubo heroísmo de nuestros soldados, ni salvajismo de Sendero. Nótese que se niegan a usar la palabra terroristas.

LA OTRA HISTORIA

Dos semanas antes de los excesos cometidos por un grupo de militares en Cayara, se produjo un hecho que pudo ser determinante en esos hechos: El asesinato de cuatro viajeros en la Vía de los Libertadores.

Sendero Luminoso había logrado infiltrar al ejército y como consecuencia de ello se habían producido deserciones de soldados ayacuchanos con armamento.

Por este motivo se reemplazó a toda la tropa del batallón Los Cabitos con reclutas y soldados procedentes de la costa.

Los padres de los reclutas costeños se organizaron para visitar a sus hijos, y el ejército les puso a su disposición un vuelo de apoyo que salía de Lima los lunes.

Un día, el mal tiempo impidió el vuelo, así que los padres decidieron que un grupo de ellos viajara por tierra llevando las encomiendas de todos.

Partieron cuatro, pero nunca llegaron. Una columna senderista detuvo el ómnibus, identificó a los pasajeros que llevaban los recados y los asesinó cruelmente.

La noticia llegó ese mismo día a Los Cabitos. Unas dos semanas después esos mismos soldados, fueron enviados a combatir en Cayara.

DOS CONTEXTOS DISTINTOS

Así presenta la “CVR” el contexto en que se produjeron los hechos de Cayara:

“La comunidad de Cayara se encontraba en la región que el autodenominado Partido Comunista del Perú – el PCP-SL había definido como su Comité Zonal Fundamental, en el eje Cangallo-Víctor Fajardo, uno de los cuatro comités zonales adscritos al Comité Regional Principal, eje clave para la acción del PCP-SL”.

“Durante el conflicto armado, cuando la organización subversiva PCP-SL lograba destituir a las autoridades locales, tomaba el control de una comunidad a la que organizaba en un ‘comité popular’ bajo la responsabilidad de ‘comisarios’ impuestos coactivamente”.

“La toma de control de las localidades situadas en el Comité Zonal Fundamental no significó inicialmente un cambio radical en la vida de los comuneros; así, por ejemplo, no se restringió el desplazamiento de personas ni las actividades económicas de los comuneros, como sí ocurrió en las alturas de Huanta donde se había prohibido comerciar con las zonas bajas y realizar de ferias”.

LA VERDAD

La verdad es que Sendero impuso su poder a sangre y fuego: Aquellos que se negaban a participar en el “Comité Popular” y en la “Fuerza de Base”, eran declarados por los senderistas “traidores a la revolución, enemigos del partido”, y después eran asesinados tras una parodia llamada “juicio popular”.

El “Comité Popular” era integrado por todos los pobladores, y la “Fuerza de Base” por todos los hombres, mujeres y menores que pudiesen manipular un arma.

La “Fuerza” era “movilizada” para las emboscadas y los ataques a los pueblos rebeldes. Quien se negara a combatir era asesinado en el acto.

Hubo muchos pobladores inocentes que murieron bajo fuego de militares y policías, porque los terroristas los obligaron a combatir. Esto lo oculta la CVR.

Abimael Guzmán lo dijo una vez: “Si tiene que morir un millón para alcanzar la victoria, no importa”.

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