La Operación Nipón

comandos  Parece que fue ayer, pero  han pasado ya 17 años desde aquel día en que el Perú acaparó la atención y los elogios del mundo por haber ejecutado con notable éxito el rescate de 72 rehenes secuestrados por terroristas en la residencia del embajador del Japón en Lima. Fue el 22 de abril de 1997.

Los jóvenes lo recuerdan muy poco, o simplemente no lo recuerdan, porque durante el tiempo transcurrido han recibido información distorsionada de lo sucedido. Lo cierto es que la Operación Nipón es estudiada hoy en todas las escuelas militares del globo como ejemplo de una acción de comando planeada y ejecutada a la perfección.

La ejecutaron 140 comandos del ejército y la marina que se entrenaron durante tres meses –el mismo tiempo de cautiverio de los secuestrados- en una réplica exacta de la mansión tomada por los 14 secuestradores, quienes estaban armados de fusiles, metralletas, un lanza-cohetes, y además habían colocado cargas explosivas en todos los accesos a la residencia.

Los terroristas habían amenazado con volar la manzana si es que la policía o los militares intentaban ingresar. De hecho, colocaron una carga explosiva debajo de un gran depósito de gas ubicado en la parte posterior de la casa.

Los obstáculos hacían muy difícil cualquier rescate. Fue realmente un gran desafío. Por eso la Operación Nipón se planeó sobre tres factores básicos: sorpresa, rapidez y eficacia. Sorpresa para que los terroristas no pudieran reaccionar como tenían planeado, rapidez para evitar que pudieran activar las cargas explosivas, y eficiencia para no confundir a los secuestradores con los rehenes.

Los sorprendieron irrumpiendo desde una red de túneles subterráneos y volando el piso de la casa; ingresaron rápidamente en ésta desde cuatro puntos distintos, y con alta precisión sacaron a los rehenes y abatieron a los plagiarios en unos cinco minutos.

En ese corto tiempo, el combate fue intenso: murieron los 14 terroristas y los comandos Juan Valer y Raúl Jiménez; otros 20 militares sufrieron heridas de bala y esquirlas, quedando algunos discapacitados. Pero el objetivo se cumplió: Los 72 rehenes fueron rescatados con vida, pero uno herido – el vocal Luis Giusti – falleció después en un hospital.

Un detalle inédito es que el mundo entero vio la operación porque los principales canales de TV del globo, que siguieron día a día el drama de los rehenes, las negociaciones fallidas y finalmente el rescate, lo transmitieron en vivo y en directo.

Algunas ONG politizadas intentan empañar aquella proeza y en ese afán han llevado el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con el fin de convertir a los terroristas en víctimas. Dicha Corte decidirá en los próximos meses la suerte de esa demanda, pero todo indica que la desestimará porque la defensa de los comandos ha sido sólida y contundente.

En cualquier caso, la Operación Nipón ya se ha ganado un lugar en la historia, por sus características de proeza y porque con ella el Perú le dijo un mensaje claro al mundo: Con el terrorismo no se negocia, ni se tranza.

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