Encuestas y oportunidad

encuesta  Los resultados de las encuestas que reportan una caída brusca a 17% de la popularidad del presidente Ollanta Humala y de su esposa Nadine Heredia reflejan un deterioro acelerado de la pareja presidencial cuando el gobierno está aún a mitad de su gestión.

Las causas son obvias: El aumento exagerado de los sueldos de los funcionarios de confianza política, la inacción gubernamental ante la inseguridad ciudadana y la corrupción en las instituciones del estado encargadas de combatirla, el cambio abrupto del último Consejo de Ministros, y la intromisión cada vez más notoria de la primera dama en los asuntos de gobierno,etc.

Se equivoca la señora Heredia cuando intenta culpar de dicha caída a las “mentiras, insultos y cabes” que, según ella, la oposición le pone al gobierno. Al contrario, ¡cuánto hubiesen querido Alejandro Toledo y Alan García tener una oposición como la que tiene hoy Humala!

En lo que va del gobierno, la oposición se ha mostrado  tolerante y dispuesta a colaborar. Ha votado decisivamente a favor de iniciativas del Ejecutivo en el Congreso; y aún así éste, en vez de corresponder con gestos democráticos en favor del consenso, inició desde el primer día una guerra política sin tregua contra sus opositores..

Allí están de muestra la “megacomisión” investigadora del gobierno aprista, el maltrato innecesario al fujimorismo con el manoseo prolongado al pedido de indulto de su líder,  las desautorizaciones públicas de Humala a las iniciativas de diálogo de los tres últimos jefes de Gabinete, y la terca resistencia a zanjar en definitiva con la reelección conyugal.

La señora Heredia haría bien en reflexionar al respecto, pero también sobre cuánto incide su excesivo protagonismo en el desgaste del gobierno y, sobre todo de la imagen de su esposo.

Pero los Humala están a tiempo de enmendar el rumbo. La lectura correcta de las encuestas dice que la política beligerante hacia la oposición y el protagonismo en exceso de Heredia solo han dañado al gobierno y a la institucionalidad; por lo tanto, deben ser dejados de lado.

El presidente puede recuperar el terreno perdido concentrando sus esfuerzos en construir un acuerdo con las demás fuerzas políticas para resolver el problema de la inseguridad ciudadana. Si lo hace fortalecerá su imagen, la democracia, y abrirá el camino del consenso para plasmar las demás deformas que el Perú necesita para consolidar su camino hacia el desarrollo.

En suma, el gobierno NO debe ver en el resultado de las encuestas como un revés político sino como una oportunidad para corregir los errores y fortalecerse. Así es en democracia, siempre.

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