La democracia desamparada

ortega y maduro    La democracia sigue siendo arrinconada y secuestrada en América Latina ante la mirada indolente de la comunidad internacional y de las instituciones hemisféricas encargadas de protegerla y defenderla. La víctima esta vez es Nicaragua, donde el izquierdista Daniel Ortega acaba de “legitimar” su plan para quedarse en el poder.

Ortega piensa quedarse al menos 15 años en el gobierno aplicando la misma receta usada por Hugo Chávez , los esposos Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa, que consiste en quebrar el equilibrio de poderes sometiendo a la justicia, al Congreso y al poder electoral; en derrochar dinero en programas populistas, y en amordazar a la prensa independiente.

El 2010, después de copar la Corte Suprema de Nicaragua con sandinistas, Ortega logró que aquella lo habilitara para buscar su reelección “por una sola vez”, siendo reelegido el 2012 en un proceso nada transparente conducido por un tribunal electoral también copado por el sandinismo marxista.

Esta semana la mayoría gobiernista del Congreso eliminó un artículo de la Constitución que prohibía la reelección presidencial -sin siquiera discutir el tema en el pleno- mediante una mera “interpretación” de la sentencia de la Corte Suprema que le permitió a Ortega reelegirse el 2012.

Ha sido casi un calco  de la “interpretación auténtica” que hizo el Congreso peruano en los 90´ para darle luz verde a la segunda reelección de Alberto Fujimori. La diferencia está en que aquella vez la OEA, Estados Unidos, Europa, Transparencia Internacional, etc., hicieron cuestión de estado y protestaron. La OEA aprobó inclusive un tratado (Carta Democrática) en el que el hemisferio se comprometió a no permitir nuevos proyectos autoritarios en la región.

A pesar de ello, esos mismos países y organizaciones ahora guardan silencio o protestan tibiamente -para guardar las formas- frente al avasallamiento de la democracia en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador. ¿Acaso los autoritarismos son “buenos” cuando son de izquierda? ¿Acaso la Carta Democrática está escrita en papel higiénico?

El presidente Ollanta Humala – quien supuestamente se alzó en armas en defensa de la democracia el 2000 – ha mantenido un silencio vergonzoso similar ante lo que pasa en Nicaragua, y también ante la represión cruenta del régimen de Nicolás Maduro contra la protesta ciudadana en Venezuela.

Si en el Perú la pareja presidencial persistiera en el proyecto autoritario de la reelección conyugal –como parece ser- la batalla política que se libraría en defensa de la democracia sería desigual: el humalismo tendría apoyo del chavismo internacional, mientras que los demócratas estaríamos solos con nuestras convicciones. Estamos advertidos.

Así están las cosas en la región. La OEA, Estados Unidos y Europa han claudicado ante el autoritarismo latinoamericano de izquierda. Quienes alguna vez fueron la vanguardia en defensa de los valores democráticos, se muestran hoy indolentes frente al autoritarismo sandinista y a la represión chavista en Venezuela. La democracia de América Latina está en el desamparo.

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