Mandela, el poder del perdón

Mandela  A los 94 años, Nelson Mandela vive sus últimos días. El mundo está conmovido porque Mandela dejó de ser hace tiempo el símbolo de Sudáfrica para convertirse en un héroe de la humanidad, en un ícono casi religioso, porque predicó, encarnó y plasmó un inmenso valor: El perdón.

La dimensión humana de Mandela trascendió largamente a su carrera política, su liderazgo y su victoria sobre el Apartheid. Con coraje y nobleza sin par logró que su pueblo cambiara la venganza por la reconciliación, a pesar de que el racismo lo encerró 27 años en la cárcel de Robben Island, donde picó piedras y sufrió hambre (1963-1990).

Nació el 18 de julio de 1918 en el pueblo de Mvezo y en el seno del clan Thembu de la etnia Xhosa. Su verdadero nombre es Rolihlahla (significa “el que trae problemas”). En la escuela una maestra empezó a llamarlo Nelson y adoptó ese nombre. Siendo joven, fue expulsado de la universidad de Fort Hare por un conflicto con la dirección, y a los 22 años huyó de casa para evitar un matrimonio convenido.

En Johannesburgo conoció la dura segregación racial, pero también a Walter Sisulu, su mentor y mejor amigo, quien le abrió las puertas del Congreso Nacional Africano (CNA), el partido político de la mayoría negra, cuyas riendas asumió años después, junto con Oliver Tambo y otros dirigentes, para luchar contra el racismo. El CNA fue ilegalizado en 1960 y Mandela pasó a la clandestinidad liderando la facción del CNA partidaria de la insurrección armada. Cuatro años después fue capturado y encarcelado.

Estando preso llegó a la conclusión de que el camino a la liberación de su pueblo era posible vía el diálogo. En ese camino confluyó con los presidentes sudafricanos Pieter Botha y William De Klerk, a quienes persuadió lentamente para seguir el camino de la reconciliación. En 1990, De Klerck derogó las leyes racistas, excarceló a los líderes negros y dio una nueva Constitución, abriendo el camino hacia la transición. En 1994 Mandela fue elegido presidente en las primeras elecciones democráticas libres de Sudáfrica.

Al llegar al poder, en el CNA se alzaron voces pidiendo venganza contra la minoría blanca, pero Mandela las desechó de plano, dándole una lección de grandeza al mundo. Ante los jefes del aparato represivo blanco, que lo visitaron para entregarse, Mandela anunció la fórmula de la reconciliación: Perdón a cambio de verdad.

Los ex represores confesaron en público la verdad de los crímenes y se arrepintieron; a cambio se les liberó de todo cargo. Esta labor fue ejecutada por la Comisión de la Verdad que presidió el obispo Desmond Tutu.

El poder del perdón, que cerró las heridas y los odios en Sudáfrica, debe inspirar a los peruanos para lograr la reconciliación trunca tras la guerra terrorista de los 80 y 90. El Estado perdonó a miles de terroristas con solo arrepentirse. Lamentablemente, después la CVR adoptó la consigna “ni olvido, ni perdón”, sin entender que la venganza denigra y, en cambio, “El perdón libera el alma, elimina el miedo, por eso es una herramienta tan poderosa” (Mandela).

 

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