Se le acaba el crédito

humala iangura  La última escalada de crímenes, la incapacidad del Gobierno para encarar la inseguridad ciudadana, el deterioro del clima de inversión y la indiferencia del jefe de Estado ante estos y otros problemas del país son hechos que marcan un punto de quiebre en el curso del gobierno de Ollanta Humala.

Su incapacidad para dar seguridad quedó clara ante la última ola delincuencial que cobró las vidas de un empresario y un periodista. Su respuesta fue juntar a mil policías para las cámaras de TV. Ni un cambio en el sistema de seguridad interna.

El presidente creó el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, prometió liderarlo, pero ha asistido tres veces. Y según el ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, no hay un problema grave de inseguridad, sino una “percepción” equivocada “por culpa de la prensa”. Ignora que los delitos en Lima y Callao aumentaron 80% entre el 2000 y 2011, los homicidios en 233% y los secuestros en 196%, según el Ministerio Público. Si está tan desinformado, ¿qué podemos esperar del ministro? Solo que renuncie.

El Gobierno no entiende que el problema no es la delincuencia, sino la policía; no es el crimen; sino el Estado que lo tolera; no son las bandas organizadas, sino la impunidad con que estas actúan; no es falta de leyes, sino de fiscales y jueces honestos; no es que halla celulares en los penales, sino que el INPE los trafica. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

El clima de inversión, la columna vertebral del crecimiento económico que nos ha permitido reducir la pobreza más de 50% en diez años, se ha enrarecido desde que Humala llegó el poder. Las inversiones en infraestructuras, minería y petróleo se han estancado o se han ido a otro país por la indolencia del Gobierno frente a las trabas burocráticas y la violencia extremista.

El Gobierno ha concretado a lo mucho cinco proyectos de infraestructuras en dos años. Unos 20 proyectos mineros que debían ejecutarse del 2012 al 2015 -más de US$ 25.000 millones- se han postergado unos años o indefinidamente. Y otras 27 inversiones petroleras por US$ 3.000 millones están paralizadas, habiéndose retirado del país dos de ellas (Talismán y Conoco Phillips).

Lo peor es la actitud del jefe de Estado ante esta realidad. El se dedica casi en exclusiva a promover sus programas sociales. Se gasta millones en publicitar esos programas por televisión, radios y diarios, mientras la primera dama viaja por todo el país haciendo lo mismo en actitud de candidata. ¿Acaso el presidente ignora que esos programas son paliativos que no acaban con la pobreza?¿Tampoco sabe que el empleo es lo único que ha rescatado de la pobreza a millones de peruanos? Lo sabe, pero está en campaña, cosechando el crecimiento económico que no sembró en busca de la reelección indirecta. Por eso ataca hoy a sus posibles competidores.

Humala se equivoca si cree que los ciudadanos no perciben su afán reeleccionista y su actitud evasiva ante los grandes problemas. Pronto verá que su crédito político ya empezó a agotarse.

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