El juego de Santos

            Gregorio Santos ha cruzado la línea que divide a los demócratas de los totalitarios. Su incitación a derrocar al gobierno es inaceptable, pero ha servido para que las fuerzas democráticas cierren filas en defensa del sistema.

Santos está desesperado porque está empantanado en una huelga que sostiene a duras penas trayendo gente de pueblos remotos, en camiones y autobuses que financia al parecer malversando fondos públicos.

La salida que Santos ha encontrado para ocultar su fracaso es provocar al gobierno para que éste lo meta preso por lanzar una arenga política; subversiva y sediciosa, pero política al fin y al cabo.

El gobierno no debe caer en el juego. Debe dejarlo que se hunda en el pantano de su huelga frustrada. Después responderá ante la justicia por el daño que viene ocasionando.

Pero la bravata golpista nos ha permitido ver quienes estamos en la orilla democrática y quienes están en la otra orilla.

Los demócratas hemos cerrado filas detrás del presidente de la república: presidentes regionales, líderes políticos, la prensa independiente y múltiples instituciones.

La izquierda agrupada en “ciudadanos por el cambio”, coordinadora de derechos humanos, CGTP, Tierra y Libertad, Fuerza Social, etc., mantienen un silencio elocuente que deja ver su entraña totalitaria.

Queda claro además que Santos y sus socios tienen una agenda distinta a la defensa del Ambiente, que el propio Santos precisó en su bravata: liquidar la Constitución y derrocar al gobierno. En esto coinciden con Movadef, los restos del MRTA, el fascismo etno-cacerista, y demás ONG y grupos rojos.

Por eso Tierra y Libertad tiene como operadores políticos en Espinar a gente ligada a Sendero Luminoso, como el alcalde Oscar Mollohuanca.

En mayo del 2011 Mollohuanca organizó un “Congreso de la Juventud Espinarense”, que fue una jornada de adoctrinamiento en terrorismo. Puso inclusive buses para llevar a escolares de pueblos vecinos a la reunión.

Veamos lo que dijo uno de los expositores, el maoísta José Lora Cam: “A mí me acusan de terruco…la violencia es la partera de la historia, y como dijo Marx lo único que queda es organizarnos y tomar el poder… Si por las elecciones no se puede, el poder nace del fusil. Sino entienden por las buenas, habrá que meterles cartuchos por todos lados como en los 80’. Y felicito a los jóvenes de Espinar por empezar a organizarse”.

Este es el alcalde que defienden los radicales católicos que controlan la Prelatura de Sicuani, centro de la acción roja para impedir que se construya la hidroeléctrica de Salca Pucará.

El gobierno, mientras tanto, se pone de espaldas ante el respaldo unánime que recibe de las fuerzas democráticas, en vez de convocarlas para consolidar la democracia y aislar así a los antisistema.

El presidente Ollanta Humala tiene el deber de liderar y unir a la nación cuando ésta ve amenazada su democracia. Es en momentos como este cuando se aprecia el temple de los verdaderos líderes. Ojalá que Ollanta Humala no sea otro Alejandro Toledo.

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