Aprendamos la lección del Huallaga

   Remanente, según el diccionario de la lengua española, significa “aquello que queda de algo”. Si el término lo usamos para referirnos al terrorismo en el valle Apurimac-Ene (VRAE)  caemos en un error, pues lo que hay allá no es el residuo de un tema resuelto, sino un problema que crece cada día que pasa.

El año 2000, los terroristas del VRAE  estaban arrinconados en Vizcatán por 60 Bases Contra-subversivas, hasta que Alejandro Toledo las retiró porque a sus amigos Carlos Tapia y Diego García Sayán se les ocurrió que ya no había terrorismo.

Lo que entonces sí era un residuo de Sendero Luminoso, se fue convirtiendo así, poco a poco, en un problema mayor, al punto de que en los últimos años nos ha costado la vida de más de 100 militares y policías,  armamento y al menos dos helicópteros.

El Término “remanentes” fue inventado en realidad para justificar la aplicación de las políticas que abrieron las puertas de las cárceles a los terroristas durante los gobiernos de Valentín Paniagüa y Alejandro Toledo.

Tapia llama ahora “sicarios” o “narcotraficantes” a los terroristas del VRAE porque insiste en hacernos creer que ya no hay terrorismo.

Si fuera un problema de “narcotráfico” entonces bastaría con enviar a la Policía Antidrogas, lo cual sería una locura. El problema es mucho más complejo: es militar, policial, político, social y económico, por lo tanto demanda una solución integral.

Militar porque “José” tiene una fuerza de al menos 600 hombres armados con fusiles de guerra y ametralladoras pesadas. Policial porque él y quienes lo siguen son delincuentes terroristas que, además, le cobran cupos del narcotráfico.

Político porque “José” adoctrina a la gente, organiza comités populares, tiene bases de apoyo que le permite camuflarse entre la población.

Social porque el 90% de la gente del VRAE produce coca o cocaína, vive al margen de la ley. Por eso se siente más cerca al terrorismo.

Y económico porque los habitantes del valle no tienen otra opción que la coca para subsistir, ya que no hay desarrollo alternativo.

La gran lección que nos deja la caída de “Artemio” es que éste fue atrapado porque perdió su base social, quedándose al final con solo 20 o 25 hombres.

Gracias al desarrollo alternativo, unas 20 mil familias del Huallaga dejaron la coca y se incorporaron a la economía de mercado abandonando a “Artemio”.

El desafío ahora es quitarle la base social a “José”. Para ello la democracia tiene que llevar desarrollo alternativo al VRAE, invertir en infraestructura de desarrollo, y ganarse el apoyo de la población incorporándola a los beneficios de la economía de mercado.

La acción militar y policial complementaria debe darle prioridad a la inteligencia y al apoyo logístico a las fuerzas del orden. Pero igual de importante es el apoyo político a nuestros soldados frente al acoso de las ONG defensoras de terroristas. Éste es el punto crucial ahora, sin él jamás ganaremos la lucha contra el terror.

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