Con el rabo rojo entre las patas

            Progresistas son los que promueven cambios estructurales que generan progreso económico. Los conservadores y retrógrados se resisten al cambio, defienden viejas políticas que benefician a mercantilistas que, cual parásitos, viven succionando los dineros del estado.

Los progresistas promueven la libertad económica, la competencia, el respeto a la propiedad intelectual, la presencia proactiva de un Estado regulador del mercado y promotor de la inversión, pequeño, moderno y eficiente, capaz de brindar a los ciudadanos servicios públicos de buena calidad y de atender presto cualquier emergencia.

Los reaccionarios alientan las políticas que restringen la libertad económica, dicen que “para favorecer al pueblo”, pero en realidad es para beneficiar a los empresarios vinculados ellos, dándoles protección arancelaria, subsidios o exoneraciones tributarias que ahuyentan a la competencia. Todo esto a cambio de coimas.

Dueños del mercado, los mercantilistas imponen precios abusivos y mala calidad. En los años 70´ y 80´, los peruanos no teníamos más opción que comprar teléfonos al Estado o a una sola empresa privada; alimentos básicos a oligopolios privados, y vehículos a dos empresas que concertaban sus precios.

Para tener un teléfono en casa había que esperar varios años a la empresa estatal, o comprarlo en el mercado negro por 2000 dólares. Un celular costaba 1200 dólares y se pagaba hasta por recibir llamadas. Gracias a la libertad, hoy hasta los pobres pueden acceder a ambos servicios.

Había solo dos marcas de automóviles que se vendían a precios exorbitantes. Un auto Toyota que hoy cuesta 13 mil dólares valía entonces 25 mil dólares; un VW escarabajo de segunda, que hoy vale 1000 dólares, costaba 5 mil dólares.

Los cortes y agua y de energía eléctrica eran constantes por falta de inversiones. Las medicinas eran caras y malas porque estaba prohibido importarlas “para proteger a la industria nacional”. Los alimentos básicos escaseaban y llegó un momento en que los peruanos solo podíamos tomar leche en polvo, comprándola en el mercado paralelo.

Este es el statu quo económico que vivió el Perú más de 30 años, que añoran y quieren restaurar los conservadores y retrógrados, esos que paradójicamente se llaman “de izquierda”.

Ese viejo modelo fue rechazado por el 70% de los peruanos en las elecciones, por eso el presidente Ollanta Humala lo abandonó en la segunda vuelta y se comprometió a mantener la libertad económica y la competencia en su Hoja de Ruta.

Asumió así el rumbo progresista y de cambio iniciado en 1990, para continuar el crecimiento sostenido que genera empleo, la mejor forma de inclusión social.

El cambio ministerial reciente ha sido al parecer para darle cohesión a su gobierno en esa línea genuinamente revolucionaria. Si es así los demócratas debemos apoyarlo.

Los reaccionarios y retrógrados atacan hoy al gobierno porque querían que traicionara al 70% del país que votó por la libertad, pero el presidente no los ha escuchado y los ha echado del poder. Una vez más, han perdido, se van con el rabo rojo entre las patas, para bien del Perú.

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