Cumpla con su deber, presidente Humala

  Hay que ser muy ingenuos para creerse que a la izquierda le preocupa el medio ambiente. Hasta donde me alcanza la memoria, nunca le ha importando.

Cuando ejerció el poder durante la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado cerró los ojos ante la contaminación producida por las empresas estatales (Centromin, Hierroperú, Petroperú, etc.), que fueron depredadoras del ambiente. Basta echar un vistazo a los desastres ecológicos que dejaron en La Oroya y en Cerro de Pasco para corroborarlo.

Durante su segunda estancia en el poder, con Alejandro Toledo, el tema tampoco fue prioridad en su agenda. Se dedicó más al negocio de la “reposición de despedidos”, al cobro de reparaciones para terroristas y a cerrar convenios rentables de sus ONG con el estado.

No les importó entonces – ni ahora – la peor contaminación que daña a nuestra gente: los vertederos de desagües que están destruyendo los ecosistemas lacustres y fluviales, principales fuentes de agua. De esto hablan nada porque las responsables del desastre son empresas estatales.

Por sus antecedentes y su práctica política retrógrada, la izquierda es más bien una amenaza al medio ambiente. Los radicales marxistas se oponen a la minería solo para alcanzar un objetivo político e ideológico: impedir que sigan fluyendo las inversiones hacia el país.

Por lo pronto, el presidente de Newmont, Richard O´Brien, ha informado a la Bolsa de Nueva York que Conga ha sido paralizada “por presión del gobierno”, lo cual tendrá una repercusión funesta para el país en materia de inversiones, si no se rectifica el yerro.

En la medida que el país progresa, el discurso antisistema se evapora y los radicales pierden base social. De 1.4 millones de habitantes que tiene Cajamarca, han movilizado contra el proyecto Conga solo a unas diez mil personas, la mitad empleados del gobierno regional y las municipalidades que marchan para proteger su empleo. Por eso recurren a la violencia.

El gobierno ha hecho una lectura errada de esta realidad y por ello ha respondido mal a la crisis, reinstalando la incertidumbre que vivimos cuando empezó su mandato.

Conga nunca debió detenerse. Su estudio de Impacto Ambiental ha sido aprobado por seis ministerios, 16 organismos especializados, y 171 diferentes organismos del gobierno. Tiene además la licencia social de las 32 comunidades afectadas por el proyecto.

De otra parte, lo que estamos presenciando desde ayer en Cajamarca es una conspiración abierta contra el estado democrático de derecho.

La huelga ya no es por Conga, es ahora para que el gobierno desconozca la decisión soberana del pueblo expresada en las urnas: Que el presidente Ollanta Humala aplique el programa de gobierno denominado la Hoja de Ruta.

La protesta ha devenido en sedición desde el momento en que los extremistas han planteado que el gobierno desconozca esa determinación popular, y ante ello el gobierno no tiene otra alternativa que responder con mano firme, aplicando todo el peso de la ley y de la justicia a los sediciosos.

La Constitución consagra todos los instrumentos legales para encarar esta situación, no hay razones para no usarlos.

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