¿Protesta social o sabotaje a la inversión?

  A estas alturas, solo los ingenuos pueden creerse el cuento de que la escalada de violencia que estamos presenciando en el interior del país es una “protesta social” espontánea a favor del medio ambiente. Es simplemente sabotaje a la inversión privada.
Un activista antiminero de Andahuaylas declaró a la televisión lo siguiente: “Hemos bloqueado las principales carreteras, tenemos sitiada la ciudad de Abancay, no están ingresando alimentos, ya hay desabastecimiento”.

El mismo canal informó luego que otra turba antiminera en Áncash había atacado a pedradas cuatro buses de pasajeros; y que un grupo perpetró saqueos en Cajamarca para obligar a cerrar los mercados.

Pese a tales manifestaciones de violencia, el presidente del Consejo de Ministros, Salomón Lerner, recibió en su despacho a quienes tienen “sitiada” Abancay, y declaró que comprende la “protesta social” y que la solucionará en “mesas de diálogo”.

¡Como si los peruanos no hubiéramos sufrido en carne propia las mesas de diálogo! Durante el gobierno de Alejandro Toledo y en la primera etapa del gobierno aprista, con Jorge del Castillo y Yehude Simon, ese mecanismo frenó la inversión y sirvió solo para que los radicales “legitimaran” su violencia.

Cuando Javier Velásquez Quesquén reemplazó a Simon, acabó con aquel nefasto mecanismo, dándole estabilidad política al gobierno y generando así un clima atractivo para las inversiones.

Al sentarse con los radicales de Apurímac, con una pistola apuntándole a la sien, Lerner Ghitis ha demostrado debilidad en vez de autoridad.

El mensaje que ha dado es el mismo que dieron Simon y Del Castillo: “Si quieres que te escuchemos y atendamos tus reclamos, solo tienes que sitiar ciudades, bloquear carreteras, saquear mercados y apedrear autobuses”.

¿Esta es la Gran Transformación que nos ofreció Ollanta Humala candidato?

Las consecuencias de esta política tolerante con los extremistas ya se ven, y pronto nos lamentaremos si no hacemos algo por detenerla. La producción minera está cayendo, al igual que la inversión en exploración de hidrocarburos.

¿De dónde piensa obtener Humala el gravamen minero si la producción de ese sector disminuye? ¿Con qué derecho reclaman ciertos caciques participar del canon minero si declaran a sus regiones “territorio libre de minería”? Los demagogos están matando a la “gallina de los huevos de oro”.

Un elemento catalizador de esta violencia es la competencia que libran el ex cura Marco Arana y el presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, por el liderazgo radical de la región. Ambos se esfuerzan por mostrarse más ultra que el otro.

Pero si la actitud pusilánime de Lerner frente a los antimineros es preocupante, lo es más que estos hayan colocado a activistas suyos en el Ejecutivo, como el viceministro de Ambiente, José de Echave, o la viceministra de minas, Susana Vilca.

Con justa razón, muchos nos preguntamos si acaso este clima violento contrario a la inversión privada no está siendo alentado soterradamente desde el propio gobierno.

¿Y el presidente Humala no tiene nada que decir sobre esto, ni siquiera un Twitter?

(*) Periodista y analista político

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3 comentarios en “¿Protesta social o sabotaje a la inversión?

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