Sacándose los trapos sucios

  Es impresionante como, en menos de 100 días, el cogobierno de Gana Perú y Perú Posible acusa un desgaste vertiginoso, sin que la oposición haya hecho ni una sola campaña concertada en su contra. Se desgasta solo, no se cansa de dispararse a los pies.

El gobierno que prometió acabar con la corrupción está hoy hundido en ella, con su vicepresidente Omar Chehade metido hasta el cuello en presunto tráfico de influencias.

Cuando aún no terminamos de indignarnos de un escándalo, de inmediato estalla otro.

En una semana hemos conocido que el vicepresidente Chehade quiso usar a la policía en favor de un grupo empresarial, y que el ministro de Agricultura, Miguel Caillaux, prohibió la importación de hilados indios para proteger a su empresa de la competencia.

Que ironía además que el gobierno que encarnó la esperanza de cambio moralizador haya llevado al Congreso a 19 personas con hojas de vida signadas por la sospecha del delito, la falsedad y la ausencia de escrúpulos.

Sería ocioso repetir la extensa lista de parlamentarios de Gana Perú y de Perú Posible involucrados en acusaciones fiscales y procesos penales por cargos que van desde homicidio y robo agravado hasta delito ambiental.

El presidente Ollanta Humala, que se había distanciado de estos avatares vergonzosos guardando silencio prudente, ha tenido que dar la cara ahora porque Chehade no es solo su vicepresidente. Es además su abogado y su amigo personal.

Humala ha declarado que respalda la investigación iniciada por el Ministerio Público, y ha defendido el derecho al debido proceso para su amigo, por respeto al estado de derecho.

Bien, pero insuficiente, dada la dimensión de la corrupción. Por menos Alejandro Toledo estuvo a punto de ser vacado de la presidencia.

El presidente está en una encrucijada: O corta de raíz con la corrupción, o carga con ella en lo que queda de su gobierno, asumiendo el alto costo político y penal que le supondrá ello al final de su mandato. Si opta por lo primero, tendrá que dejar en manos de la justicia, ya mismo, a los miembros de su bancada y su gobierno implicados en ilícitos. ¿Se atreverá?

Pero, ¿por qué el IDL denuncia a Chehade siendo una ONG gobiernista y ligada a los grupos de izquierda que rodean al jefe del Gabinete Ministerial, Salomón Lerner?

Todo indica que el golpe contra Chehade ha sido para desestabilizar a Abugattas, pues es conocida la estrecha amistad entre ambos personajes de ascendencia árabe, así como la rivalidad por poder que mantienen Abugattas y Lerner.

Es difícil creer que el IDL no le consultara el destape a Lerner, pues éste les ha dado a los caviares el Ministerio de Justicia y la representación del país ante el sistema interamericano de DDHH.

Otro indicador es que los diarios gobiernistas han hecho carga-montón contra Chehade, estando controlados por la izquierda allegada a Lerner.

Pronto veremos la respuesta de los “árabes”, y entonces conoceremos los trapos sucios del grupo judío-comunista. La interrogante es ¿de qué lado se pondrá Ollanta al final, de Lerner o de Abugattas?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s