Al toro por las astas

Sgto. Epifanio Castilla

Al fin un ministro del Interior ha tomado al toro por las astas y ha iniciado los cambios que desde hace muchos años venimos reclamando los ciudadanos para rescatar a nuestra policía de la corrupción y de la ineficiencia.

Por cálculo político o desconocimiento, los antecesores del ministro Oscar Valdés Dancuart se negaron a encarar de raíz la crisis institucional que atraviesa la policía desde hace décadas.

¿Cuándo se jodió nuestra policía? En los 70’, cuando desapareció el guardia de la esquina, aquel hombre respetuoso que con su sola presencia imponía autoridad, a quien nadie imaginaba recibiendo un soborno o llevando una doble vida de agente-hampón.

Desapareció por culpa del estatismo nefasto y de la corrupción, que dilapidaron los recursos económicos destinados a la seguridad ciudadana.

El estatismo tiró esos recursos en un agujero negro de empresas públicas enormes y repletas de centenares de miles de burócratas que producían solo pérdidas.

La corrupción desvió la mayor parte del dinero público hacia los bolsillos de políticos y altos oficiales corruptos que se hacían millonarios de la noche a la mañana.

Los continuos escándalos de corrupción en las altas esferas del poder formaron un tumor que después se extendió a todo el estado. Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, no he conocido mayores niveles de corrupción, ni con Montesinos.

De la dictadura militar izquierdista, la policía “aprendió” el robo del combustible, del dinero del rancho, y el cobro de comisiones ilegales en las compras logísticas.

Después vino la venta ilegal del ingreso a las escuelas de policía, de los ascensos y de los destaques. La coima se hizo entonces una institución y la descomposición fue total.

Con presupuestos miserables, crisis económica, hiperinflación y una enorme corrupción, la policía fue empujada a la pobreza extrema.

A finales de los años 80’ y comienzos de los 90’ era triste ver a nuestros policías vestidos con uniformes raídos, desteñidos, zapatos rotos, viviendo en condiciones miserables. Y encima los terroristas los asesinaban todos los días.

El desabastecimiento logístico llegó a niveles críticos. Era común ver a policías en las calles empujando sus vehículos patrulla desvencijados. Los agentes tenían que comprarse sus armas y munición con su sueldo, para protegerse de los terroristas.

En 1987 Alan García hizo la primera reforma al fusionar en uno solo los tres cuerpos de policía que existían. El intento fracasó y retrocedimos porque no se atacó la corrupción y nos quedamos sin policías especializados.

En los 90’ Alberto Fujimori levantó la economía asignándole más recursos a la policía, cesó a oficiales corruptos que fueron reincorporados después como “víctimas de la dictadura”, pero tampoco atacó el problema de raíz y cometió el error de dejar el tema en manos de militares que fracasaron.

El ministro Valdés ha empezado bien porque su diagnóstico es correcto: Hay que reformar la estructura orgánica de la Policía, también su administración y su logística, pero sobre todo mejorar la formación del personal, porque necesitamos policías más profesionales, más éticos y más comprometidos con la sociedad.

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