Gracias, presidente Ollanta Humala

     El presidente Ollanta Humala ha reivindicado la memoria de los mártires de la democracia al haber recibido con honores los restos mortales de los dos oficiales del ejército asesinados la semana pasada por terroristas en el Valle Apurimac-Ene (VRAE).

También ha reivindicado a la presidencia de la república, pues durante la última década aquella se mantuvo indiferente ante la muerte o la mutilación de decenas de combatientes que ofrendaron sus vidas o su integridad física en defensa de la nación.

Y también ha reivindicado a las fuerzas armadas que defienden a la democracia de quienes pretenden liquidarla para instaurar un régimen totalitario y genocida. Gracias por las tres cosas, presidente Humala.

La Constitución del Perú señala que el presidente de la república encarna a la nación. Por ello el homenaje de Humala al teniente coronel Esneider Vásquez Silva yal capitán Jenner Vidarte Campos expresa de manera formal la gratitud y el reconocimiento de la nación a sus dos defensores asesinados.

Alan García y Alejandro Toledo jamás se dignaron a inclinarse con respeto ante los féretros de nuestros mártires y héroes, por prejuicio o cálculo político mezquino.

Lo de García alcanzó ribetes de maltrato porque nunca tuvo tiempo para rendirles homenaje, pero sí lo tuvo para asistir a los funerales de personajes del espectáculo.

Más allá de los gestos, el país espera que el presidente respalde a las FFAA en la otra guerra que vienen librando contra el terrorismo en el terreno legal y en el de la memoria, en los que la presidencia también le ha dado la espalda a la verdad.

La democracia derrotó a Sendero Luminoso y al MRTA con las armas, pero el terrorismo la ha derrotado en el campo político y legal, con la complicidad de políticos confundidos, malas ONG y cierta prensa izquierdista.

Las cifras lo confirman: En 1998 unos 10,000 terroristas se habían arrepentido y otros 4,000 habían sido juzgados y sentenciados. Hoy hay menos de 400 terroristas presos, mientras que unos mil militares enfrentan denuncias o procesos penales abusivos, acusados indiscriminadamente de “delitos de lesa humanidad”.

En este contexto, el presidente ha errado al nombrar como titular de Justicia a Francisco Eguiguren, una persona ligada a los promotores de la persecución penal contra los militares, a quienes el ministro les ha dado el control del sistema nacional de derechos humanos y de las relaciones del Ejecutivo con los órganos de justicia.

En tal sentido el mayor reconocimiento del presidente a la memoria de nuestros mártires sería rectificar ese error y apoyar a las FFAA en su lucha por justicia y verdad.

Nadie quiere impunidad. Quienes han cometido delitos deben pagar por ellos. Lo único que pedimos los demócratas es que los jueces y fiscales juzguen los hechos en su debido contexto y respeten el debido proceso.

Así como la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos vigila, con todo derecho y correctamente, que la justicia respete el derecho de los terroristas al debido proceso, el gobierno debe hacer lo mismo en favor de nuestros soldados. Ni más, ni menos, señor presidente

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