Eguiguren y Ayzanoa defienden una traición

 Con la soberbia e intolerancia que caracteriza a los caviares, el ministro de Justicia, Francisco Eguiguren, acaba de renovarle su respaldo a un sujeto que, si tuviéramos una justicia independiente, debería estar preso por haber agraviado a su propia patria al permitir que sea humillada por el terrorismo.
 Me refiero a Oscar Ayzanoa Vigil, ex consultor de la Comisión de la Verdad, promotor de redes de ayuda para presos por terrorismo, invitado permanente del cartel caviar Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, nombrado ahora presidente de la Comisión de Gracias Presidenciales y del Consejo Nacional Penitenciario.
Es que los caviares tienen la consigna de repetir que su versión sobre la lucha contra el terrorismo es “la verdad”. Y si ellos dicen que en el penal de Canto Grande hubo una “matanza de presos inocentes” en mayo de 1992, tiene que ser así, sí o sí.
Podrán engañar a los incautos, pero no a quienes vivimos la terrible agresión terrorista. Vamos a refrescarles la memoria a los caviares, aunque hagan hígado.
El 3 de mayo de 1992, los terroristas presos en Canto Grande se amotinaron para frustrar su traslado a otros penales, medida que se adoptó porque esa cárcel se había convertido en “escuela popular”, bajo amenaza de muerte a su director.
Durante tres días, las autoridades dialogaron invocándoles que depusieran su actitud, pero fue en vano.
Al tercer día, un grupo de policías intentó retomar el pabellón, pero no pudo porque fue recibido con una lluvia de bombas y tiros. El policía Jaime Idrogo fue capturado, torturado y quemado vivo. Varios otros quedaron heridos.
Los senderistas habían planeado el motín desde tiempo atrás. Construyeron parapetos con cemento y piedra, fabricaron gran cantidad de “quesos rusos”, armas de fuego artesanales, así como lanzas, cuchillos, etc.
Por eso la policía debió restaurar la autoridad de manera enérgica, no tuvo otra salida, tal como lo señaló El Comercio en su editorial sobre el caso. Ergo, la responsabilidad por la muerte de 30 de centenares de amotinados la tiene Sendero Luminoso, no el estado democrático, como pretenden los caviares.
La CVR torció la verdad y dijo que los terroristas construyeron parapetos para “defenderse” (“pobrecitos, víctimas”), que Idrogo murió en “un enfrentamiento” (no dice cómo) y que los terroristas “estaban acostumbrados a decidir” en su pabellón (no que impusieron su voluntad asesinando al director de Miguel Castro Castro).
Esta versión de la CVR fue invocada casi idéntica por la senderista Mónica Feria Tinta –reclamada por la justicia– para denunciar al Perú en la Corte Interamericana de DDHH. Y es ante esta aberrante denuncia que se allanó Ayzanoa.
Como consecuencia de ello, la Corte dictó una sentencia humillante que condena al Perú como país violador de DDHH, le ordena que indemnice a los criminales –entre ellos a Osmán Morote–, que los desagravie por televisión, y que les levante un monumento… Ni más, ni menos.
Esto es lo que defienden y justifican Eguiguren y Ayzanoa Vigil. Y encima tienen el cuajo de mostrarse altaneros y ofendidos. ¡Qué caraduras!

(*) Periodista y analista político. Blog: https://victorrobles.wordpress.com
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