Defensa Nacional: La historia antes que la quincena

  Al diferencia de nuestro país, Chile tiene la suerte de ser gobernado por estadistas que sí comprenden de manera cabal la importancia que tiene la Defensa Nacional para garantizar la seguridad de su pueblo y de su territorio.

En función de esa responsabilidad, los gobiernos chilenos –de izquierda y de derecha– han mantenido invariables sus objetivos en materia de Defensa.

El objetivo estratégico de Chile –hacia el cual avanzan civiles y militares juntos– es convertirse en potencia hegemónica regional y ser miembro del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). ¿Acaso nosotros no quisiéramos ser lo mismo?

Para ser potencia, no dilapida su dinero en empresas estatales, ni en programas populistas. Preserva la libertad económica que le ha permitido ser más rico que Brasil y contar con recursos suficientes para invertir en armamento moderno.

Siendo aliado de Estados Unidos y de otras potencias en la OTAN, Chile tendría un arma y un escudo poderosos. Ha adquirido tanques alemanes y franceses, fragatas holandesas, aviones estadounidenses, submarinos alemanes, etc., porque ese armamento posee los estándares militares del Tratado.

Si el Perú ha enviado misiones militares a Haití, Chile también lo ha hecho, pero además ha enviado otras a Bosnia, donde sus hombres interoperan con fuerzas de la OTAN.

En contraste con la seriedad con que el vecino sureño maneja su Defensa, nuestros políticos han preferido desentenderse del tema. No entienden que la Defensa es vital para preservar la paz, porque no hay nada más desastroso que enfrentar una guerra, y la única manera de evitar un conflicto es disuadiendo a quien pudiera hacerlo.

La mayor parte del armamento del Perú data de los años ‘70, es casi inservible. Si algo queda útil es gracias al ingenio de nuestros técnicos, que han logrado el milagro de alargar la vida de una parte del viejo arsenal. Es decir, nuestra capacidad militar disuasiva es casi cero.

Son tan demagogos ciertos políticos que en esas condiciones el gobierno saliente impulsó una iniciativa de desarme regional que, por supuesto, no fue seguida por ningún país.

Que el presidente Ollanta Humala haya designado a un militar –y dirigente toledista– en el sector Defensa, y a otro en la DINI, tampoco significa nada concreto. Esas personas están allí porque son de confianza de Humala, igual que Lerner, Abuggatás o Espinoza, no porque sean militares.

Espero que el Gobierno se rectifique y adopte cuanto antes medidas urgentes para rescatar nuestra Defensa, porque su plan de gobierno propone continuar la política nefasta iniciada por Toledo, que eliminó la Secretaría de Defensa Nacional, entregó la conducción del sector a funcionarios de Relaciones Exteriores, y mantiene en el abandono a las FFAA. Una política que fue diseñada por una ONG enemiga declarada de los militares.

Por ello me parecen patéticos quienes cierran los ojos ante la realidad y halagan al gobierno sólo porque les ha prometido mejorar sus sueldos o pensiones, o porque creen tal vez que así conseguirán un cargo público bien rentado.

Por favor, piensen en la historia antes que en la quincena.
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