Roncagliolo, enemigo de la libertad de prensa

Roncagliolo, enemigo de la libertad de prensa

 

La arremetida gobiernista contra el diario Correo no es casual, aquello de cuidar las relaciones con Ecuador es una coartada. Estamos ante otro globo de ensayo como el del juramento por la Constitución del 79, esta vez para medir la reacción del país frente a una confrontación del gobierno con la prensa independiente.
Por eso, los demócratas tenemos el deber y la obligación de alzar nuestra voz de condena y de rechazo a la ofensiva gobiernista contra Correo. Que se callen los cobardes y los oportunistas que buscan acomodarse siempre con el poder de turno.
Cuando el editorialista del diario humalista La Primera, Raúl Wiener, fue perseguido penalmente por ejercer la libertad de prensa, Aldo Mariátegui y Correo fueron los primeros en defenderlo. Y estoy seguro de que volverían a hacerlo, si fuera el caso, porque los demócratas defienden los principios sin importar las personas.
Es vergonzoso en cambio el papel de la prensa de “izquierda”, que se calla frente a los ataques del Ejecutivo contra Correo. Vergonzoso, pero al fin y al cabo coherente, porque los marxistas no creen en la libertad, solo la usan como arma para desestabilizar al sistema con el fin de llegar al poder, por las buenas o por las malas.
Son hermanos ideológicos de ciertas ONG que hicieron campaña por Humala y que también se han quedado mudas ante estos hechos. ¡Qué tales defensoras de los derechos humanos! ¿Acaso el derecho a la libertad no es un derecho humano?
Pero quien se lleva las palmas en esta competición de intolerancia contra Correo es el canciller Rafael Roncagliolo. Ha revivido entusiasta su aversión hacia la prensa independiente, a la que gustaba llamar “prensa reaccionaria”.
En su primera entrevista tras ser designado canciller, Roncagliolo declaró que su actuación como jefe de editorial del diario Expreso confiscado por la dictadura militar (1968-1980) fue una suerte de “devaneo juvenil”, un error en su vida.
Falso, ya no era ningún jovencito en 1979 –tenía 42 años– cuando escribió un artículo en Correo cautivo, pidiendo que los medios confiscados sean “transferidos a las organizaciones populares”, en vez de que sean devueltos a sus legítimos dueños.
En ese mismo artículo, Roncagliolo desnuda en una frase su pensamiento sobre la libertad de prensa: “Los diarios privados son un monopolio de clase”.
Años antes, en agosto de1974, en Expreso incautado, aplaudió la confiscación de los diarios y canales de televisión, en un editorial que dice: “hemos iniciado la conquista de la verdadera libertad de prensa y esta conquista popular, como todas las anteriores, tiene una gran historia…”
No basta con decir “fue un error”. El cargo que ostenta y la gravedad de tales yerros exigen que le pida perdón al país. Su actitud contraria a la libertad de prensa en el caso Correo vs Correa nos hace pensar que no está arrepentido, que sigue pensando igual. Es, hasta que demuestre lo contrario, un enemigo de la libertad de prensa.
¿Será por eso que el presidente Ollanta Humala le ha dado un lugar importante en su gobierno?

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