La libertad de prensa deformada y manoseada

En las sociedades no democráticas en general, al no existir la libertad de empresa, los únicos con capacidad económica para financiar un diario, un canal de televisión o una radioemisora, son el Estado y el partido político que maneja el Estado.

En consecuencia, los únicos medios de información donde pueden trabajar los periodistas le pertenecen al Estado o al partido político hegemónico.

Los periodistas tampoco pueden crear su propio medio informativo porque el régimen lo prohíbe y además controla los insumos para la prensa escrita, el espectro electromagnético de señales de radio y televisión, yla Internet.

La dialéctica entre el periodista que reclama su libertad de informar u opinar y el Estado que cercena ésta y todas las demás libertades se resuelve de una sola manera: El profesional pierde su empleo, en el mejor de los casos; o lo meten preso, o lo desaparecen, en el peor escenario. No se tolera la opinión diferente.

De esto tenemos abundante experiencia -periodistas presos y deportados -, acumulada durante la dictadura militar de izquierda (1968-1975) que confisco diarios, radios y canales de televisión; una dictadura convenientemente ocultada por quienes la sirvieron y hoy fungen de “demócratas” o “destacados intelectuales progresistas”.

En las sociedades democráticas y libres del mundo, la libertad de prensa se sustenta en la dialéctica entre la libertad de empresa y el ejercicio libre del periodismo.

Si no hubiera libertad de empresa sería imposible que existan las empresas o corporaciones que, arriesgando su capital, crean medios o conglomerados de medios de comunicación que llevan información y publicidad a millones de personas.

Es en esos medios donde los periodistas encuentran el espacio necesario para trabajar y para divulgar libremente su opinión.

Cuando la opinión del periodista disiente de la del propietario, el conflicto se resuelve con la renuncia del hombre de prensa, quien reconoce democráticamente el derecho de opinión del medio. Jamás pretende imponerle a éste su punto de vista porque sabe que actuar de esa manera es antidemocrático. He ahí la dialéctica.

Así funciona en los países democráticos y en sus medios emblemáticos como  las cadenas, CNN, CBS, Fox News, los diarios el New York Times, el Times de Londres, Le Monde de Francia; Wall Street Journal, El País o el ABC de España, etc. Todos estos tienen su línea editorial, y si alguno de sus periodistas no está en desacuerdo con ella solo renuncia, y punto, nadie hace escándalo, porque es normal.

La libertad permite además que ese periodista pueda encontrar otra empresa periodística que comparta total o parcialmente sus puntos de vista, o en todo caso pueda ejercer su libertad abriendo su propio medio de información.

Por ello es antidemocrático pretender convertir en un atentado contra la libertad de prensa la decisión de la empresa América Televisión de no renovarle contrato a la periodista Rosa María Palacios, quien fue informada de su salida con un mes de anticipación, por su colega Laura Puertas.

Si en verdad, como dice ahora, fue apartada porque discrepaba con la línea editorial del canal ¿por qué entonces no renunció apenas se lo comunicaron, en salvaguarda del decoro profesional y del sentido democrático?

Gustavo Mohme Seminario, otrora visitante del SIN y hoy accionista del canal 4, debería renunciar si en verdad cree que el cese de Palacios es un problema de libertad de prensa, como ha declarado. Si no renuncia nos está diciendo que le importan más los negocios dela TVque el principio que supuestamente enarbola.

Pero América TV tenía otra razón de peso para prescindir de Palacios: Su programa diario de entrevistas no había podido entrevistar ni una sola vez, en los últimos tiempos, al presidente de la república en ejercicio, ni al presidente electo, ni a la principal líder de la oposición. Suficiente motivo para darlo de baja.

El escritor Mario Vargas Llosa y otros han escrito columnas presentando a Palacios como una suerte de heroína de la libertad de prensa, lo cual no resiste el menor análisis a la luz de lo explicado en este artículo, y tampoco a la luz  de la trayectoria profesional de la ex conductora de Prensa Libre.

Palacios trabajó para Cable Canal de Noticias (CCN) a fines de los90’, cuando en los círculos periodísticos y políticos se comentaba en voz baja lo que después se confirmó: que ese medio era financiado por Vladimiro Montesinos con dineros del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).

Palacios también ha demostrado poca ética al haberse convertido en una furibunda crítica del gobierno de Alberto Fujimori después de haber sido funcionaria de esa administración durante ocho años, desde 1991 hasta 1999, según ha informado el congresista Carlos Raffo.

También cuando le tocó informar sobre las acusaciones contra el ex ministro de Economía Juan Carlos Hurtado Miller, a pesar de que había sido su asesora de campaña cuando aquel postuló para Alcalde de Lima, en 1998, como candidato del movimiento fujimorista Vamos Vecino.

No hay pues ningún “caso” de libertad de prensa, ni tampoco ha surgido una “heroína”, tras la salida de Rosa María Palacios de América TV. Sólo se ha  resuelto un conflicto propio de la dialéctica democrática, en concordia absoluta con la libertad.

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