El debate presidencial

 Es difícil mantener un equilibrio cuando uno ya tiene decidido por quien votar en estas elecciones (mi voto es por Keiko), pero vale la pena hacer el ejercicio ya que es necesario que el debate del domingo sea analizado a fondo.

Vale recordar que el comandante Ollanta Humala ya tenía una experiencia – polemizó el 2006 con Alan García-, en tanto que Keiko Fujimori era novata en estos menesteres. Sin embargo, ambos se mostraron nerviosos por igual al inicio, dada la trascendencia del evento.

Hay tres aspectos que evaluar en la polémica: el mensaje del candidato, su capacidad de comunicación, y su capacidad de respuesta y de reacción. La suma de los tres proyecta la imagen que queda grabada al final en la mente del elector.

En cuanto al primero, ambos exhibieron un buen conocimiento de los temas abordados en la polémica. Lástima que no pudieron extenderse en las propuestas, por el corto tiempo y por tener que contestar los emplazamientos del contrario.

En este punto el candidato de Gana Perú borró la pobre imagen que dejó en el debate de la primera vuelta, cuando rehuyó confrontar a sus competidores, limitándose a leer un libreto. Esta vez tomó la iniciativa en la confrontación, explicando bien sus propuestas y además lanzando ataques constantes a su contendora.

En lo que respecta a la capacidad de comunicación, Keiko Fujimori exhibió un mejor manejo del lenguaje, una dicción clara y una expresión corporal que guardó armonía con su discurso y sus estados de ánimo.

Si los espectadores se quedaron con algunas frases en la mente lo más probable es que hayan sido las pronunciadas por Keiko: “Deje de mentir comandante”, “no confunda usted a la población, comandante”, “por errores de terceros, he cargado una cruz bien grande”, “Soy madre y jamás permitiré que mis hijas, Kiara y Kaori, tengan que vivir lo que yo he vivido”, “Miro el futuro aprendiendo del pasado”.

Ollanta también mostró un buen lenguaje, pero falló en la dicción, llegando a enredarse por momentos en sus propias palabras – seguramente como consecuencia de los nervios-, mientras que su expresión corporal fue casi nula. Se mostró rígido, en una sola postura, parecía pegado al atril y al piso, mirando casi todo el tiempo a la cámara, como si estuviese solo en el escenario. Abusó de los slogans y de la pose sonriente, lo que le hizo verse impostado.

En materia de frases, el candidato de la izquierda dejó poco: “en mi pueden haber dudas, en el otro lado hay pruebas”, “estamos ante la disyuntiva de la democracia o la restauración de una dictadura”, ya tantas veces repetidas. Nada nuevo que destacar.

En capacidad de respuesta y de reacción, la candidata de Fuerza 2011 superó al comandante, a pesar de que éste mantuvo la iniciativa en el terreno de los emplazamientos desde el inicio hasta el final del debate.

Keiko respondió las arremetidas sin rehuirlas, más bien las replicó con frases directas y contundentes, mirando a su contendor con gestos firmes y elocuentes, sobre todo cuando aquel quiso responsabilizarla de los errores de Alberto Fujimori o ligarla a la red de corrupción de Vladimiro Montesinos, puntos considerados el “talón de Aquiles” de la candidata.

“Yo soy la candidata, no Alberto Fujimori…Si quiere debatir con Alberto Fujimori puede ir ala Diroes”,  “Si soy elegida presidenta del Perú seré yo quien tome las decisiones”, “Hablemos las cosas claras, aquí sabemos quien enfrentó y quien encubrió (a Montesinos)”, fueron las respuestas precisas de Keiko en este tema.

El candidato de la izquierda y de Mario Vargas Llosa no supo qué responder ante las réplicas contundentes de Keiko. He aquí la diferencia.

El comandante Ollanta estuvo muy bien al reafirmar su compromiso con los lineamientos políticos contenidos en su Hoja de Ruta, los sostuvo y explicó con coherencia. También al afirmar que respetará el resultado de las elecciones y que no se perpetuará en el gobierno si es que gana, pero borró enseguida ese acierto al insistir en su idea de modificarla Constitucióny de revisar los Tratados de Libre Comercio firmados por el Perú. Este fue otro grave error.

Al finalizar la polémica, la imagen que dejó el candidato de Gana Perú fue la de un hombre inteligente, conocedor de la realidad peruana, bien intencionado, pero con serias limitaciones para comunicarse y para expresarse, sin aplomo para enfrentar y superar una situación adversa, como quedó evidenciado al no saber cómo responder los emplazamientos frontales de su adversaria.

La candidata de Fuerza 2011 dejó la imagen de una mujer inteligente, conocedora de nuestra realidad, excelente comunicadora, pero también con carácter suficiente para encarar y salir airosa de las dificultades que se le presenten, como lo demostró al responderle con sapiencia y contundencia a su contendor en al debate.

Ahora solo queda esperar el veredicto ciudadano en las urnas.

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