Para mentir y comer pescado…

Rafael Rey no necesita que lo defiendan, sabe defenderse solo, y muy bien. Pero la Verdad no puede defenderse sola en la prensa cuando es trasgredida por algunos, por eso es que escribo hoy esta columna, para defenderla.

El economista y presentador de televisión Augusto Álvarez Rodrich ha criticado a Rey, ejerciendo su derecho a la libertad de expresión. Respeto su opinión, pero discrepo con ella porque se basa en afirmaciones que distorsionan la realidad.

Insinúa que Rey ha tenido una trayectoria sinuosa, y que ha cambiado de camiseta varias veces a cambio de prebendas o cuotas de poder. Aunque no ha utilizado el término, ha deslizado la especie de que Rey es un “tránsfuga”.

También ha deslizado que el ex ministro de Defensa fue incondicional del gobierno de Alberto Fujimori, que se trepó oportunistamente a la alianza Unidad Nacional (UN) y que se incorporó al gobierno aprista sin tener ninguna afinidad de ideas con el Apra.

Si antes de hacer su análisis, Álvarez hubiese conversado con los opositores demócratas de Rey, se habría enterado que aquellos reconocen en éste a una persona temperamental, vehemente y polémica, pero también honesta, honrada y consecuente con sus convicciones políticas.

Si repasamos la trayectoria de Rey vemos que éste, siendo conservador, ingreso al frente liberal FREDEMO de Mario Vargas Llosa porque respaldaba las reformas que el escritor proponía para sacar al país de la quiebra económica, la gran corrupción y el terrorismo creciente que dejó el primer gobierno de Alan García.

Tras la victoria electoral de Fujimori, éste hizo suyas las reformas que propuso Vargas Llosa y las puso en marcha, renunciando así a sus propuestas populistas iniciales. Desde 1990 hasta 1992, Rey apoyó esa política y votó por las reformas, siendo diputado del FREDEMO. Es decir, cambió Fujimori, no Rafael Rey.

Igual ocurrió el 2006. Alan García asumió el gobierno y de inmediato renunció al programa populista que ofreció en su campaña, en la que se mostró opositor a los tratados de libre comercio y partidario de restringir la inversión extranjera.

Una vez instalado en el poder, García decidió mantener el modelo de desarrollo basado en la libertad económica y convocó a Rey para trabajar en esa dirección, primero como ministro de la Producción y después como titular de Defensa. O sea, García y el Apra cambiaron su línea política, no Rafael Rey.

Tampoco es verdad que Rey se trepó en Unidad Nacional. UN fue fundada el 2000 por Renovación Nacional y la Coordinadora Democrática (CODE) – que tenían registro vigente en el Jurado Nacional de Elecciones -, a pedido de Lourdes Flores, porque el Partido Popular Cristiano (PPC) había perdido su inscripción en 1995.

Luis Castañeda Lossio incorporó su partido a UN recién varios meses después, para ser candidato a la alcaldía de Lima.

Rey tampoco renunció a sus ideas políticas al formar UN porque el CODE, el PPC y el PSN ya habían adherido públicamente a la libertad económica como política fundamental para alcanzar el desarrollo.

Álvarez Rodrich se equivoca cuando dice que Rey se ha cambiado de camiseta varias veces, pues fue un independiente invitado en el FREDEMO, y el único partido político en el que ha militado desde 1992 es Renovación Nacional, que él fundó.

También yerra cuando sostiene que Rey fue un incondicional del gobierno de Fujimori.

Revisando los archivos del Congreso se puede constatar que durante ese gobierno Rey protestó cuando los militares que participaron en el intento golpista del 13 de noviembre de 1992 fueron internados en Lurigancho; y denunció la destitución de 117 diplomáticos tras el autogolpe del 5 de abril de ese año.

El 23 de diciembre de ese año Rey se reunió con Fujimori para pedirle que corrigiera aquella injusticia contra los militares del 13-Nov, y al día siguiente estos fueron trasladados al cuartel Simón Bolivar de Pueblo Libre, a pedido del presidente.

Rey votó contra la ley de re-reelección de Fujimori en agosto de 1996, contra la ley anti referendo en agosto de 1998, contra la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional en mayo de 1997, contra la Ley Cantuta de agosto de 1998, contra el dictamen que no halló culpables del espionaje telefónico en mayo de 1999.

También contra la ley que impuso el voto calificado en el JNE para aprobar las tachas, contra la confianza que solicitaron los gabinetes Pandolfi (septiembre 98) Joy Way (enero 99) y Bustamante (noviembre 99); denunció el caso Popular & Porvenir, el retiro forzado de los militares no montesinistas en febrero del 2000, el retiro ilegal de la nacionalidad peruana a Baruch Ivcher, el cierre de los canales de TV a la propaganda electoral opositora, la falsificación de firmas del Frente Perú al 2000.

Estos son solo algunos de muchos otros actos que marcaron la independencia política de Rafael Rey y de Renovación Nacional durante los gobiernos de Fujimori.

Si el señor Álvarez Rodrich hubiese corroborado la información que ha recibido sobre Rey habría hallado los datos reseñados aquí, y muchos otros más parecidos.

Pero, ¿qué hacía Álvarez Rodrich cuando Rey se enfrentaba al lado negativo del fujimorismo, dónde estaba entonces, protestando o escribiendo contra el gobierno?

No. Desde los 90’ hasta el 2000 fue funcionario de gobierno: vicepresidente de la Comisión de Acceso y Salida del Mercado del Indecopi, vicepresidente de Osiptel, y asesor de varios procesos de privatización, cargos que, por cierto, ejerció de manera diligente, eficiente… y calladito.

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