Sorpresa fujimorista: plancha caliente

Un “mate de rey” en el ajedrez electoral ha sido la sorpresiva presentación de Rafael Rey como candidato a la primera vicepresidencia en la “plancha” de Keiko Fujimori. Y no menos sorprendente ha sido la del ingeniero Jaime Yoshiyama Tanaka en la segunda vicepresidencia.

La inclusión de Rey ha sido una verdadera sorpresa. Apenas dos días antes la prensa especulaba sobre una “inminente alianza” con el Partido Aprista Peruano(PAP), o sobre una probable inclusión del ex ministro de Defensa en la alianza liderada por Pedro Pablo Kuczynski.
Solo en la víspera de la presentación de la plancha fujimorista algunos medios informaron de un acercamiento entre Renovación Nacional y Fuerza 2011, pero nadie se atrevió a pronosticar que Rafael Rey se incorporaría a la fórmula presidencial fujimorista.
Con la incorporación de Rey, la candidata Fujimori gana mucho, pues tendrá en el líder de Renovación un vocero político de alto nivel, de prestigio personal y con una gran capacidad para el debate, cualidad necesaria para enfrentar los ataques adversarios, tan comunes en las campañas.
Pero además, Rey ha demostrado ser un buen ejecutivo cuando le tocó conducir las riendas de los ministerios de la Producción primero y de Defensa después, durante el actual gobierno.
Cuando dejó ambos ministerios recibió reconocimientos espontáneos de los gremios de pescadores, y de los miembros de las fuerzas armadas. En ambos casos, sindicalistas y uniformados señalaron que la gestión de Rey había sido eficiente, honrada y con contenido social.
Lo más probable es que Rey atraerá un número importante de votos de esos sectores, pescadores y militares, que son numerosos.
Además, la presencia de Rey, reconocido por un vasto sector ciudadano y por sus adversarios políticos como un hombre honrado y recto, fortalecerá la imagen de un nuevo fujimorismo distante a la corrupción de ayer.
La presencia de Jaime Yoshiyama representa el retorno a las fuentes del fujimorismo primigenio, el de las reformas estructurales que han permitido el resurgimiento actual del Perú, admirado por el resto del mundo.
Pero Yoshiyama encarna sobre todo, a los fujimoristas que se resistieron al poder corruptor de Vladimiro Montesinos, a los que decidieron apartarse del gobierno hartos y asqueados de las intrigas de aquél, tal como lo hicieron Santiago y KeikoFujimori, por ejemplo.
Yoshiyama también formó parte del núcleo político que perfiló la actual Constitución, consagrando en ella la libertad económica y la institucionalidad democrática actual: Defensoría del Pueblo, Tribunal Constitucional, Congreso Unicameral, Consejo Nacional de la Magistratura, Indecopi, Sunat, Sunarp, organismos reguladores, ministerios más pequeños, etc.
Si los candidatos de Perú Posible y del APRA tenían planeado arrogarse los éxitos del modelo económico durante la campaña, ahora lo tendrán difícil, pues Yoshiyama, uno de los “padres” de la “criatura” exitosa, reclamará la paternidad de las reformas, con legítimo derecho, por cierto.
Pero falta conocer el plan de gobierno del fujimorismo para saber si esa corriente política está dispuesta a encarar los desafíos que el Perú debe superar para afianzar su desarrollo económico y su aún frágil democracia.
Conocerlo permitirá constatar si el fujimorismo ha ingresado de veras a una etapa superior, libre de la tentación del populismo y comprometida con las reformas que demanda el país.
Si Keiko Fujimori busca que el progreso económico llegue a los más pobres tendrá que reestructurar el elefantiásico y torpe aparato estatal –desde el Gobierno Central hasta los municipios, pasando por los gobiernos regionales–, liberalizar el mercado laboral, atacar la elusión y evasión tributaria, fortalecer los organismos reguladores, continuar la reforma educativa iniciada por el APRA, rescatar Sierra Productiva, y multiplicar masivamente la entrega de títulos de propiedad urbana y rural.
Para robustecer la democracia deberá reformar el sistema de representación política, fortalecer los partidos políticos, acabar con la injerencia política en la administración de justicia, con la persecución penal injusta a los militares y con la impunidad para los terroristas; restaurar el respeto a la autoridad democrática, y acabar con la delincuencia organizada y el terrorismo.
Keiko Fujimori ha elegido bien su plancha presidencial. Falta ver ahora si asume el compromiso de más reformas con más democracia.

 

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