Encuesta y fundamentalismo político

Cuatro son los datos saltantes de la más reciente encuesta electoral de Ipsos Apoyo: Alejandro Toledo se ha convertido en el candidato del sector social más pudiente, Keiko Fujimori es la preferida del sector popular, Ollanta Humala se desmorona, y Meche Aráoz no levanta vuelo,

Toledo tiene el 30% de intención de voto en el segmento socio económico A, el doble de Lucho Castañeda y Meche Aráoz (15% cada uno), y mucho más que Keiko (6%) y que Humala (4%).

En los segmentos socioeconómicos D y E, Keiko Fujimori lidera las preferencias con 26% y 25% respectivamente, seguida de Castañeda con 22% en ambos nichos, Alejandro Toledo (18% igual), Ollanta Humala (13% igual) y Meche Aráoz (4% y 3%, respectivamente).

A partir de estas cifras, Walter Menchola, congresista de Solidaridad Nacional, ha bautizado al líder de Perú Posible como “el candidato de los ricos”, idea que el ex presidente de la república ha reforzado al haber iniciado su campaña a nivel nacional con una costosa campaña publicitaria.

Mientras tanto, el desplome de Humala en las cifras es tan consistente como la solidez que exhibe Castañeda, en todos los segmentos.

En los segmentos C, D y E, en los que Humala basó su fuerza cuando ganó la primera vuelta de las elecciones del 2006, hoy las cifras le son adversas: 10%, 13% y 13% respectivamente. Ha sido relegado por Keiko Fujimori y Castañeda Lossio respectivamente, en ese orden.

La solidez de la candidatura del alcalde limeño se sustenta en el apoyo de la clase media: 33% en B y 25% en C. Si vemos sus preferencias en los otros sectores sociales, se aprecia que el ex alcalde “muerde” una buena tajada de cada uno, algo vital para poder ganar.

La candidata del Apra muestra cifras interesantes en los sectores A y B (15% y 11%, respectivamente), pero los votos populares no la acompañan, como ya lo hemos visto, y nadie gana las elecciones sin ese respaldo.

Es necesario señalar que el sondeo de Ipsos – nacional urbano – refleja solo una parte del mapa electoral, pues la ficha técnica indica que la muestra tomada en17 ciudades representa solo el 75% de la población urbana.

La ficha tampoco informa la cantidad de encuestas hechas en cada uno de los sectores socioeconómicos, lo cual hace imposible saber si la muestra recogida (de 1,200 entrevistados) es verdaderamente representativa.

Puede llamar a la suspicacia que una empresa seria como Ipsos Apoyo, con tanta experiencia en la materia, haya incurrido en tales errores.

De otra parte, llama la atención el análisis hecho por un abogado dueño de una ONG sobre la candidatura de la señora Keiko Fujimori, para llegar a la conclusión de que aquella encarna una opción política contraria al sistema democrático.

Para arribar a esa conclusión, el abogado fija, por sí y ante sí, un conjunto de reglas que, a su juicio, deben cumplir todos los candidatos para ser considerados parte del sistema democrático.

Las reglas son: repudiar al gobierno de Alberto Fujimori, no tocar las leyes que favorecen a los terroristas y alientan la persecución indiscriminada a los militares, condenar las medidas que dictó el ex presidente Fujimori para enfrentar al terrorismo, y finalmente rechazar un posible indulto al ex presidente que gobernó de 1990 al 2000.

Tales condiciones suponen que la democracia del Perú tiene que pasar obligadamente por la agenda política de las ONG de “derechos humanos”.

Según esas reglas, quienes no condenen de plano y a rajatabla al pasado gobierno de Alberto Fujimori, o piensen que éste hizo algo bueno en su gestión, no deberían ser considerados demócratas. Juzgue usted amigo lector.

La realidad nos dice, sin embargo, que más allá de los graves errores que cometió cuando fue gobierno, el fujimorismo dejó la Constitución de 1993, que estableció la actual institucionalidad democrática que le ha permitido al Perú alcanzar el progreso económico y la libertad que disfrutamos actualmente.

También instituyó el libre mercado, nuevos entes estatales eficientes (SUNAT, Aduanas, SUNARP, Indecopi, Organismos Reguladores, etc), el Congreso Unicameral, el Consejo Nacional de la Magistratura, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Nacional de Derechos Humanos, etc.

Además, el aporte del fujimorismo en el actual Congreso ha sido decisivo en diversos momentos para darle gobernabilidad al país: El voto fujimorista impidió que prosperasen proyectos dirigidos a restaurar anacrónicas políticas estatistas, y también para impedir censuras injustificadas que hubiesen generado inestabilidad política. Estos son hechos objetivos.

¿Puede ser antisistema el sector político que fundó el actual orden constitucional y que le ha dado gobernabilidad al país? La respuesta es obvia.

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