La “guerra sucia” 2011 ya empezó

Lo advertimos hace algún tiempo en esta columna: Las elecciones presidenciales del 2011 estarán marcadas por una “guerra sucia” que amenaza con reeditar la campaña basura de las elecciones generales de 1990.

Aquella vez, para impedir que ganara Alberto Fujimori se llegó al extremo, nunca antes visto, de ver la imagen del Señor de los Milagros salir a las calles en plena campaña electoral, para inducir al pueblo a que vote por Vargas Llosa. 

Excepto uno o dos diarios, los demás rotativos y medios de comunicación atacaron sin piedad y sin tregua al “off sider”, haciéndole un sin fin de acusaciones. 

Desde la otra orilla, la izquierda opuesta a Vargas Llosa también hizo una campaña sucia, en la que se deformó su propuesta política para asustar al pueblo, pero sin duda la que se montó contra Fujimori fue la más sucia. 

En la actual campaña, el animador tras bambalinas de la guerra sucia es el toledismo. Desesperado porque no cuaja en las encuestas electorales, busca a toda costa “bajarle la llanta” a los favoritos de los ciudadanos. 

Toledo no da la cara, pero su aparato mediático y sus agentes en el Poder Judicial, controlados por él o sus socios caviares, pretende triturar las candidaturas de Luis Castañeda Lossio y de la congresista Keiko Fujimori. La consigna es liquidarlos. 

Susana Villarán, lideresa caviar, ha advertido con insistencia que “levantará la alfombra” de la alcaldía limeña, preparando así el terreno para desatar pronto una cascada de acusaciones de corrupción contra Castañeda. 

La estrategia es presentar al ex alcalde como un corrupto mediante “denuncias” de la nueva alcaldesa que el aparato toledista convertirá de inmediato en grandes titulares y en investigaciones fiscales muy oportunas. 

La maquinaria apunta a que los electores se decepcionen y se alejen de Castañeda. Sin embargo, para que esos votos se vayan hacia Toledo, el toledismo necesita liquidar a la candidata Fujimori. Este segundo plan ya está en marcha. 

Lo grave es que la Fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, está siendo usada con ese fin. Ella ha ordenado que se investigue a la congresista Fujimori por presunto delito de complicidad en enriquecimiento ilícito, pero ocurre que ese mandato se basa en el supuesto falso de que hubo una venta simulada de la casa que tuvo Alberto Fujimori en la calle Pinerollo de Surco. 

La falsedad está probada en una sentencia de la Corte Suprema que señala que dicha venta fue real y legal. Por lo demás, el presunto delito se produjo cuando Keiko Fujimori tenía 13, 14 y15 años de edad. ¡Qué absurdo! 

La guerra sucia empezó hace algún tiempo. La primera víctima fue Ollanta Humala, quien fue involucrado en el caso Madre Mía por las ONG caviares de derechos humanos, que lo acusaron de asesino, inclusive con supuestos testigos. 

De pronto esas ONG se olvidaron del caso Madre Mía, no lo movieron más. El “olvido” se produjo después de que Toledo y Humala se reunieron. De allí en adelante sus bancadas coordinaron en el Congreso y el golpista paró los ataques que lanzaba con frecuencia contra el líder chakano. 

Hoy que Toledo ha convocado al humalismo para una alianza electoral, podemos imaginar quién sería el candidato de esa coalición políticamente contra natura. Por eso Humala ha aceptado el llamado a regañadientes. 

Todo aquel que se interponga en el camino electoral del toledismo será blanco de una guerra sucia inclemente y despiadada. Esto es lo que está ocurriendo ahora con los candidatos Castañeda y Fujimori, y le ocurrirá igual, por ejemplo, a la ex ministra Mercedes Aráoz, si es candidata y pasa a liderar las encuestas. 

La ambición desbocada de poder y el afán desmedido de alcanzarlo convierten a algunas personas débiles en seres amorales e insensibles, capaces de cualquier cosa por entronizarse, como pisotear honras, extorsionar, calumniar. No tienen ética ni respetan la ley. 

Este estilo sucio y corrupto ha determinado que en el interior del país los ciudadanos hayan votado mayoritariamente por candidatos nuevos. Por eso las recientes elecciones regionales y municipales han sido ganadas por rostros diferentes. 

Los partidos políticos democráticos deben cerrar filas contra la guerra sucia y denunciarla de manera constante y sistemática, para que el pueblo identifique al poder que la promueve, y lo repudie en las urnas. Limpiemos nuestra democracia poniendo la basura en el lugar que le corresponde.
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