Bienvenido el Nóbel (pero que pena)

El Premio Nobel de Literatura otorgado a Mario Vargas Llosa ha causado una comprensible euforia entre los peruanos por la fama mundial de la distinción, que se acrecienta cuando vemos la lista de las personalidades que la han recibido antes.

Vargas Llosa tiene un talento enorme, tan grande que antes del Nóbel ya se había ganado todos los premios hispanos más importantes de literatura, así como doctorados Honoris Causa de las más importantes universidades del globo.

En rigor, Mario no necesitaba del Nóbel para que su nombre quedara registrado en la historia de la literatura mundial. Su obra trasciende mucho más allá del premio sueco. Al final, éste no le hubiese quitado nada de haberle sido negado.

Por otra parte, el Nóbel de Literatura está signado por un evidente sesgo político, pues es otorgado por una institución dirigida por los socialistas suecos, famosos por su tolerancia con los grupos latinoamericanos de izquierda, inclusive terroristas.

De hecho, uno de los grupos de apoyo de Sendero Luminoso más activos del mundo reside en Suecia, con la tolerancia de las autoridades de ese país.

Ese sesgo fue decisivo para que se le negara el Nóbel a otro coloso de la literatura latinoamericana, el argentino Jorge Luis Borges. Se lo negaron solo porque era un hombre de ideas políticas de derecha.

El propio Vargas Llosa ha afirmado que tal vez el Nóbel le ha sido  otorgado más por razones políticas que literarias. Estoy de acuerdo con él, pero pienso que ha sido por las dos cosas.

Por una parte su obra literaria ha crecido y se ha perfeccionado con el paso de los años, y por otra parte su evolución política en la última década lo ha acercado a los grupos de izquierda del Perú, en particular a la vertiente “caviar”, antisistema solapa.

El Nóbel conferido Mario es justo por sus méritos intelectuales, positivo para la autoestima nacional, pero lamentablemente también fortalece las ideas políticas equivocadas que profesa hoy el autor de la Casa Verde con respecto al Perú.

Aunque peque de aguafiestas, debo decirlo. Después de todo, hago análisis político, y no puedo dejar de hacerlo en la medida que Vargas Llosa es un actor muy activo de la política peruana, aunque viva en Europa.

De hecho, un gesto suyo propició hace solo dos semanas la caída de un Gabinete ministerial y la anulación de un conjunto de normas legales que ya habían sido aprobadas por consenso en el Consejo de Ministros.

Me alegra entonces, como peruano, que un compatriota reciba un Nóbel, pero debo advertir que lo más seguro es que ese premio será usado políticamente para apoyar a aquellos sectores políticos que en la década que estamos terminando le han hecho demasiado daño al Perú y a su institucionalidad democrática.

Significa que el toledismo y la izquierda caviar tendrán un Nóbel para respaldar su campaña electoral presidencial, también para apoyar la persecución indiscriminada e ilegal contra los policías y militares, la política estatal de impunidad y puertas abiertas de las cárceles para los terroristas, y la oposición abierta o solapada a la inversión privada con el pretexto de la defensa puritana del medio ambiente.

También para promover un Museo de la Memoria que recoja como historia oficial la versión falaz de la ex Comisión de la Verdad, aquella que sostiene que las víctimas de la lucha fueron los terroristas y que los victimarios fueron los gobiernos democráticos que se enfrentaron al terrorismo.

Felicitaciones a Mario Vargas Llosa, pero que pena que van a usar su Nóbel contra el país.

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