Reflexione usted, señora juez

Lori Berenson saldrá de prisión dentro de pocos días, a menos que la juez Yessica León Yarango reflexione sobre su resolución original favorable a la terrorista estadounidense y comprenda que su deber como magistrada es preservar un bien supremo de nuestra nación: la paz social.

Tendría que se liberada si León Yarango se limita a resolver la mera formalidad incumplida que ha servido de sustento para que el Colegiado C de  la Sala Penal Nacional anulara la libertad condicional a Berenson. Los miembros de ese tribunal se han lavado las manos cual Pilato y le han lanzado la “papa caliente” a la juez.

La Sala se ha negado a resolver las objeciones legítimas y sólidas planteadas por la Procuraduría Antiterrorismo: La terrorista no ha cumplido el plazo legal mínimo de carcelería para recibir el beneficio (tres cuartas partes de la pena); y tampoco ha quedado claro su arrepentimiento, todo lo contrario.

La propia Berenson se encargó de corroborarlo ante el tribunal, cuando dijo “si es que alguien se ha sentido ofendido por lo que hice, le pido perdón”. Palabras soberbias que denotan que no está arrepentida pues suponen que, a su entender, solo algunos se sentirían ofendidos por su conducta criminal.

La juez León Yarango está obligada a hacer justicia, y es su deber hacerlo resolviendo de oficio las observaciones presentadas por la Procuraduría, aunque el Colegiado C no se lo haya pedido.

La magistrada debe comprender que están de por medio la seguridad nacional y de nuestra democracia, amenazadas en estos días por el recrudecimiento de la actividad terrorista armada y política en todo el país.

Ser benévolos en circunstancias en que los asesinos siguen matando en el VRAE y en el Huallaga es darles un mensaje peligroso a los terroristas excarcelados y a los radicales que están a solo un paso de ser terroristas, es decirles: “La democracia es blanda con quienes la quieren destruir, vale la pena atreverse”.

La juez León Yarango debe enviarle esos grupos un mensaje distinto, claro y fuerte, en el que les advierta que la Democracia es firme e implacable con quienes se atreven a agredirla asesinando a ciudadanos inocentes para imponerse por el terror.

Esto es lo que está de por medio en el caso Berenson, no una supuesta tradición jurídica, como sostiene el ex jefe del INPE Wilfredo Pedraza, ex asesor de la Comisión de la Verdad que se niega a llamar terroristas a los criminales del MRTA en su informe final.

Es “razonable”, según Pedraza, que se le de libertad condicional a Berenson, para preservar esa tradición. Más complicidad, imposible.

Que Pedraza y los demás caviares se queden con su “tradición”. Los demócratas defendemos la democracia con firmeza y sin conciliar con el terror, porque primero que nada están la paz y la vida de nuestros ciudadanos.

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