La operación Chavin de Huantar y el valor militar

El Perú ha conmemorado, por primera vez, el Día del Valor Militar, instituido por iniciativa del actual ministro de Defensa, Rafael Rey, como un reconocimiento justo del Estado a los valientes ciudadanos uniformados que, el 22 de abril de 1997, rescataron a los rehenes que la banda terrorista MRTA mantuvo cautivos durante cuatro meses en la residencia del embajador del Japón.

Lo planeado se ejecutó casi a la perfección, fueron liberados con vida 71 de los 72 rehenes. El vocal supremo Carlos Giusti Acuña fue el único secuestrado que falleció en la operación.

En la fuerza de comandos murieron combatiendo el comandante EP Juan Valer Sandoval y el capitán EP Raúl Jiménez Chávez, mientras que más de 20 sufrieron heridas de bala o de esquirlas de granadas lanzadas por los criminales, o se vieron afectados por gases tóxicos producidos por el incendio que produjeron las explosiones. Varios de los heridos quedaron minusválidos.

Los integrantes de la fuerza especial de 140 hombres que irrumpió aquel día en la mansión al rescate de los secuestrados sabían que iban a verse cara a cara con la muerte, por eso algunos de ellos escribieron y firmaron una carta de despedida dirigida a sus familiares y a sus camaradas de armas, como el comando Valer Sandoval.

Los 14 terroristas habían convertido la enorme casa en una gran trampa explosiva. Colocaron cargas en las puertas y ventanas de acceso, y en dos depósitos de gas tan grandes que, de haber estallado, habría volado la manzana completa.

De hecho, el cabecilla de los secuestradores, Néstor Cerpa, había amenazado con hacer estallar la residencia si alguien intentaba ingresar. Esta amenaza determinó que el rescate debía ser sorpresivo y rápido, para evitar que el delincuente consumara su amenaza.

Bajo la premisa de sorpresa y rapidez, los generales José Williams y Luis Alatrista, jefes de la operación y veteranos de guerra en el Cenepa y contra el terrorismo, decidieron atacar de manera simultánea por ocho frentes distintos, a fin de desconcertar a los terroristas y ganar así segundos valiosos que fueron decisivos.

Mandando con el ejemplo, como es doctrina en los comandos, Williams y Alatrista combatieron a la cabeza de sus hombres, la mayoría de ellos voluntarios del Batallón 19 de Comandos, de la Escuela de Comandos y de la Guarnición de Lima, a quienes se unieron después oficiales comandos de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea.

Williams lideró la patrulla Alfa, que ocupó el primer piso, y Alatrista la patrulla Delta (segundo piso). Contaron con el apoyo una unidad de francotiradores y del grupo de Seguridad encargado de cuidarle las espaldas a la fuerza de asalto.

Williams hizo la cuenta regresiva de 5 a 1, tras la cual se produjo la primera gran explosión a los pies de los terroristas que estaban jugando fulbito en la sala de la residencia. El potente estallido fue la señal para que se iniciara el ataque por los ocho frentes, lo cual desorientó y confundió a los delincuentes.

En segundos, los hombres del grupo Alfa detonaron cargas explosivas en las puertas y ventanas, que hicieron estallar las trampas colocadas por los hombres de Cerpa, y también abrieron boquetes en las paredes, por los que ingresaron disparando contra los terroristas que trataban de subir al segundo piso.

Varios criminales fueron abatidos en la primera planta y en las escaleras, entre ellos Cerpa, mientras que otros lograron subir al nivel superior para ocupar los puestos que tenìan asignados en sus planes de defensa.

Los hombres de la patrulla Delta treparon a la segunda planta por la escalera de servicio de la parte trasera de la mansión y por la escalera lateral que daba a la terraza por donde fue rescatado al entonces Canciller Francisco Tudela.

Fue en la escalera trasera donde se produjo el combate más encarnizado, pues unos cinco terroristas se habían hecho fuertes en el “cuarto G” (puesto de mando del MRTA) y desde allí lanzaban granadas y disparaban ráfagas de fusiles AKM.

Los hombres de “Delta” abatieron finalmente a los facinerosos impidiendo que pudieran activar la carga colocada en los depósitos de gas.

Después de que los rehenes fueron rescatados, en las postrimerías del combate, el incendio del cuarto G hizo estallar un cohete RPG (antitanque) que causò un gran remezón en el edificio. Los tanques de gas estaban ubicados debajo de la escalera posterior, la que, por fortuna, contuvo la onda expansiva y evitó la tragedia.

Entre los valientes heridos figuran el comando Cuscarama, quien perdió una pierna al estallar a su lado una granada lanzada por un terrorista; también los comandos Tacas, Camino y Vargas, que recibieron impactos de bala.

Los defensores de la paz llevaban chalecos antibala, pero el blindaje de estos era para proyectiles de pistola, mientras que los terroristas tenían fusiles AKM que perforaban fácilmente esa protección. Los comandos eran conscientes de esto, pero jamás dudaron en ir al combate.

Este hecho fue uno más de muchos que demuestran el valor de los hombres que combatieron en Chavin de Huantar, como por ejemplo la decisión del comandante Valer y del mayor Jiménez de incorporarse al grupo a pesar de que el primero estaba con licencia por estudios y el segundo había sido destacado a Huánuco.

Valer estaba cursando estudios en la escuela Superior de Guerra cuando se enteró que el entonces coronel Luis Alatrista estaba organizando un grupo para rescatar a los rehenes del MRTA.

Alatrista recuerda que “chizito” Valer (así le llamaban) se presentó como voluntario pero no lo aceptó porque teniendo que estudiar no le alcanzaría el tiempo para entrenarse para la operación. Valer le respondió “eso no es un problema para un comando, mi coronel”. Dos o tres días después, a su insistencia, Valer fue incorporado al grupo de Seguridad.

El capitán Jiménez ya había sido destacado a Huánuco cuando se presentó como voluntario ante el coronel Alatrista, quien le dijo “tu ya estás destacado al (batallón) 314 comando, no puedes”.

Jiménez le replicó: “Yo soy comando, mi coronel, quiero estar en la operación, quiero combatir. todo sea por la patria, mi coronel”. Alatrista lo incorporó al verlo tan decidido a combatir.

El destino había fijado así un final heroico para los comandos Valer y Jiménez. Ninguno de ellos debió estar en Chavin de Huantar.

Valer debió llegar detrás de la patrulla Delta al lugar donde lo hirieron, pero al bloquearse la salida del túnel de su grupo tuvo que salir por otro y llegó antes de tiempo, junto con la fuerza de asalto, viéndose en medio de la balacera.

El proyectil que lo mató le ingresó por la espalda, debajo del chaleco, cuando se agachó para proteger al canciller Tudela. La bala le perforó un riñón y el pulmón.

El hoy general retirado Alatrista recuerda que cuando Williams ordenó el asalto, Jiménez se lanzó a combatir tras repetir las mismas palabras que pronunció cuando se enroló en el comando: “¡Todo sea por la patria, mi coronel!”.

El valor militar, es decir el arrojo y el patriotismo del soldado, se encarnó así en este grupo de valientes ciudadanos uniformados que arriesgó y ofrendó sus vidas para liberar no solo a 72 rehenes, sino a todo un país que estaba siendo rehén de un grupo terrorista que pretendía que el Estado excarcelara a sus cabecillas y militantes presos.

Desde el 16 de diciembre de 1996 hasta el 22 de abril de 1997, todos los peruanos nos sentimos rehenes del MRTA, víctimas de un chantaje vil; fuimos testigos de la forma inhumana en que fueron tratados y humillados los cautivos por el solo hecho de haberse enfrentado al terrorismo.

La mezquindad espiritual de los amigos y defensores de los terroristas se esfumará pronto, y quedará perenne en la historia la gratitud que sentimos la inmensa mayoría de los peruanos hacia los hombres de Chavin de Huantar.

A ellos nuestro homenaje más sentido. Gracias por haber salvado nuestra libertad, nuestra democracia y nuestro derecho a vivir en paz, gracias por haberlos salvado para nosotros y para nuestros hijos.

Sin libertad, sin democracia y sin paz el Perú no habría alcanzado el desarrollo y el progreso que hoy estamos cosechando, ni tendría tampoco el futuro promisorio que hoy tiene.

DATOS:

Los rehenes fueron llevados al segundo piso porque el diario La República delató que estaban siendo construidos túneles para el rescate.

El terrorista conocido como “Coné”, que mató a Valer, tenía la orden de asesinar primero a Tudela y después al embajador Morihisa Aoki.

El coronel Valer presintió su muerte durante una larga conversión que tuvo la noche del 21 de abril con el coronel Luis Alatrista.

La orden de preparar un comando para rescatar a los rehenes se dio el 17 de diciembre de 1996, al día siguiente de la toma de los rehenes.

La orden fue dada al alto mando de las FFAA por el entonces presidente de la república, Alberto Fujimori.

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2 comentarios en “La operación Chavin de Huantar y el valor militar

    • Gracias por la sugerencia. Te invito a divulgar, con total libertad, los artìculos que desees tomar de mi blog, y colocarlos en Google Plus. Que tengas un Feliz Año Nuevo al lado de tus seres queridos y que viva nuestro amado Perù.

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