Ollanta Humala, cuando las urnas se cierran…

Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico: Ollanta Humala irrumpió en la política como un gorila retrógrado y no ha cambiado un ápice. Lo acaba de demostrar con su irresponsable propuesta de vacar la presidencia de la república en medio de un amago de huelga policial y un paro minero mafioso.

En política no hay casualidades. No es casual que la huelga minera abortada pronto haya coincidido con la paralización frustrada de la Policía Nacional, ni que hayan abundantes indicios que registran una intensa actividad agitadora de congresistas, dirigentes y militantes del partido de Humala en ambas manifestaciones huelguísticas.

Tampoco es casualidad que al militar renegado se le haya ocurrido pedir la vacancia presidencial en las circunstancias señaladas. Había planeado al parecer lanzar la iniciativa en medio de una revuelta que debía desatarse como resultado de las huelgas policial y minera informal, pero el cálculo le falló al naufragar pronto ambas protestas.

Lo que ha abortado no han sido dos huelgas aisladas sino una evidente intentona humalista concertada y dirigida a tumbarse al gobierno y a la democracia, no tengo la menor duda al respecto.

Ollanta Humala sabe que no llegará al poder político por la vía de las urnas y ante esta realidad ha optado por el camino que mejor conoce, el de la revuelta y la aventura golpista, que es la fórmula que han usado sus pares rojos en Argentina, Bolivia y Ecuador para derribar a gobiernos legítimos.

Aunque diga lo contrario de boca para afuera, Humala no cree en el sistema democrático ni en la economía libre, que son el modelo político y el rumbo hacia el desarrollo que hemos elegido los peruanos. Él cree en el modelo totalitario chavista que ha llevado a Venezuela a la crisis extrema.

Planearon que la huelga policial encendería la pradera y que la de los mineros informales extendería los bloqueos de carreteras por doquier, pero nada de esto ocurrió. El paro policial abortó y la paralización de la minería informal sucumbió ante el repudio casi unánime del país.

Digo casi, porque la cofradía izquierdista y sus ONG guardaron silencio cómplice total, demostrando una vez más que su antiaprismo de origen oligárquico está por encima de cualquier remota “convicción democrática”.

El chavista Ollanta Humala ha ido por lana y ha salido trasquilado porque las principales fuerzas políticas democráticas del país le han dado la espalda al rechazar de plano su propuesta de vacar la presidencia.

La líder del nuevo fujimorismo, Keiko Fujimori, calificó la propuesta humalista de “desestabilizadora y destructiva”. La misma opinión casi han vertido los portavoces parlamentarios de Unidad Nacional, Unión por el Perú (UPP), Solidaridad Nacional (PSN), Restauración Nacional (RN), Acción Popular (AP), y otras agrupaciones políticas democráticas.

La nota discordante la puso el ex presidente Alejandro Toledo, quien tomó distancia de la iniciativa de Humala pero la justificó culpando al gobierno de las muertes registradas durante las manifestaciones violentas registradas en los últimos cuatro años, instigadas por la ultra aliada del toledismo.

Otrora enemigos acérrimos, Humala y Toledo evitar tocarse desde hace tiempo, se defienden, y mantienen una estrecha cooperación política en el Congreso para cuestionar al Ejecutivo. Tienen una alianza política de hecho.

Mención aparte merece el fracaso la huelga de la minería informal, cuyos dirigentes se vieron obligados a levantarla al percatarse del rechazo total de la ciudadanía y la decisión firme del gobierno de no ceder a las pretensiones de los grupos de poder que incitaron y financiaron la medida de fuerza.

Se ha abierto así una gran oportunidad para que el gobierno acabe de raíz con el problema aplicando una política integral orientada a formalizar a los auténticos mineros pequeños y a erradicar a los intermediarios que destruyen el medio ambiente y explotan a miles de personas pobres para obtener oro a bajo costo. No la dejemos escapar.

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Un comentario en “Ollanta Humala, cuando las urnas se cierran…

  1. Interesante lo de la alianza política humalista y toledista, no era tan clara; en principio, habría que recordar que muchos de los que rodean a Toledo hoy (Ferrero, etc) y ayer (Adrianzen, Lynch, etc) son y han sido izquierdistas declarados… no tendrían por qué eventualmente no andar juntos…

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