La “banda armada maoísta”

Paco Figueroa saluda al presidente Lula, en Brasil

En 1991, cuando Lima y el 90 por ciento del Perú eran literalmente bombardeados por las huestes de Sendero Luminoso, en su delirante empeño por asaltar el poder para liquidar la democracia e instaurar una tiranía genocida, hubo un episodio desconocido que contribuyó a la victoria final del Estado democrático sobre el terror.

La actividad de Sendero se veía favorecida por un trato injustamente benévolo que le daba entonces la prensa internacional, que de manera indulgente solía llamarlo “guerrilla”, lo cual suponía darle cierta legitimidad política al accionar de una organización esencialmente terrorista y criminal.

Era tan absurdo como pretender llamar “guerrilleros” a los de la ETA española, a quienes la Comunidad Europea, con justa razón, los considera de plano grupos terroristas, porque matan de manera indiscriminada a civiles inocentes en sus ataques con bombas. Sendero actuaba de esa misma manera, descalificando así cualquier eventual motivación política que pudiera justificar su accionar. No había, por lo tanto, ninguna razón para diferenciarlo de las demás organizaciones terroristas del mundo y, sin embargo, un sector de la prensa internacional se resistía a hacerlo. En este contexto, un valiente periodista español, Francisco R. Figueroa, quien había llegado a Lima como director de la agencia EFE, inició un debate intenso y ardoroso sobre el tema al plantear en el seno de su empresa y también en la Asociación de la Prensa Extranjera en el Perú (APEP) que los corresponsales y las agencias debían llamar terroristas a los de Sendero Luminoso. Paco Figueroa sostuvo en aquellos días encendidas polémicas con otros periodistas extranjeros y peruanos, también con los editores de EFE en Madrid, en las que defendió su postura con singular pasión, pero sobretodo con razones contundentes que finalmente se impusieron por su propio peso. Sostuvo entonces que “cuando hay democracia y espacio para librar una lucha política civilizada, quienes empuñan las armas contra el Estado y contra la población civil inerme, como fue en los casos de Sendero y el MRTA, hacen terrorismo”. Señalaba, además, con lucidez destacable, que “los términos guerrillero o rebelde son injustos en el caso peruano, porque les da a los terroristas una aureola romántica de luchadores por la libertad y supone, además, un insulto al Perú, a su pueblo y a sus autoridades, que habían recuperado la democracia en 1980”. Gracias a Paco Figueroa, al final de aquel debate, Sendero Luminoso sufrió un revés político importante a nivel internacional, pues a partir de entonces la agencia EFE y otros medios de prensa extranjeros acreditados en el Perú empezaron a llamarlo como correspondía: grupo terrorista o banda maoísta. Figueroa logró así que EFE acuñara una nomenclatura especial para Sendero, la cual es utilizada hasta ahora en los reportes de esa agencia para referirse a la agrupación que creó Abimael Guzmán: “La banda armada maoísta Sendero Luminoso”. Nunca más “guerrilleros”, ni “rebeldes”. Es importante señalar que EFE era entonces la principal agencia de noticias de habla hispana en todo el mundo, la más influyente en América Latina y España, y tenía entre sus clientes a los medios de comunicación más importantes del Perú. Dicho sea paso, aún mantiene ese perfil. El Perú le debe gratitud a Paco Figueroa por este importante logro que tuvo un impacto mediático y político mayúsculo en la lucha que libró nuestro país contra el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, pues permitió desenmascarar ante la opinión pública mundial la verdadera entraña criminal de esas bandas. Por cierto, Paco es un profesional de primera. Ha ejercido altos cargos periodísticos de la agencia EFE: director internacional, adjunto del director de información, director del servicio en portugués, en Río de Janeiro, y corresponsal jefe en Paraguay, Perú y Venezuela, entre 1980 y el 2005. El 2002 fue condecorado por el rey de España con la Cruz de Oficial del Mérito Civil por el «admirable empeño puesto en promover los intereses españoles y prestigiar el nombre de España» en América Latina. El Perú debería hacer lo mismo para honrar su deuda con un periodista independiente y valeroso que no temió enfrentarse al terrorismo para defender a los peruanos y a su democracia, cuando aquel asesinaba a diestra y siniestra a quienes se le oponían.

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