Documental ILD desata miedo en izquierda radical

IndigenasEl Instituto Libertad y Democracia (ILD) ha presentado un vídeo muy ilustrativo sobre la problemática de los pueblos indígenas amazónicos, el cual nos revela que los habitantes de esas comunidades quieren integrarse a la globalización y salir así del aislamiento y la pobreza secular en que viven.

Esta es la principal conclusión del documental del ILD titulado “El Misterio del Capital del los Indígenas Amazónicos”, en el que podemos apreciar valiosos testimonios y opiniones de líderes influyentes de diversas etnias de nuestra Amazonía sobre el progreso y la propiedad.

Tal como ocurrió con El Otro Sendero en los años 80’, una vez más las ideas del ILD modifican la agenda del debate nacional, esta vez la agenda referida a la problemática de las comunidades indígenas amazónicas.

Antes de que apareciera el documental, lo que estaba en discusión era la demanda de un sector de dirigentes amazónicos para que los territorios que ocupan se mantengan ajenos al proceso económico, como santuarios naturales intocables, aunque guarden recursos naturales ricos y explotables sin dañar el ambiente.

Después del documental, dos elementos nuevos han ingresado al debate: el derecho de los indígenas amazónicos a la propiedad real y efectiva sobre sus territorios, y el derecho de sus pueblos a integrarse a la modernidad mediante un protagonismo económico.

El trabajo del ILD demuestra que la propiedad comunal en la Amazonía se limita en muchos casos a los linderos externos del territorio de cada etnia, ya que de los límites hacia adentro existe la propiedad privada, que es defendida por quienes la ejercen y respetada por el resto de la comunidad.

Demuestra igualmente que los indígenas amazónicos no son personas opuestas a la modernidad. Todo lo contrario, el estudio revela que lo que más anhelan son oportunidades para progresar e integrarse al mundo moderno. Son pocos los que optan por seguir viviendo aislados y en el atraso.

Pero sobre todo, prueba que el progreso y la incorporación de los pueblos indígenas al mundo moderno tampoco significa el final de sus costumbres ancestrales, sino todo lo contrario, ya que fortalece sus culturas al dotarles de poder económico.

Asustados

El documental del ILD ha dejado totalmente desconcertados a quienes promueven el rechazo a toda forma de propiedad individual en la Amazonía, que son los mismos que han construido sus plataformas de campaña política de cara al 2011 a partir del comunitarismo.y de una supuesta defensa del medio ambiente.

Están muy preocupados porque se han percatado de que la propuesta del ILD deja sin piso y descolocado a su discurso político estatista, y amenaza con dejar sin bases sociales a sus proyectos políticos y electorales.

Les aterra imaginarse que las ideas del ILD sigan avanzando en la selva y se extiendan a la sierra, y que los comuneros andinos y selváticos entiendan que si son dueños de sus territorios con títulos auténticos no será necesario que negocien dádivas de las mineras o petroleras, ya que podrán ser socios de esas compañías y compartir sus utilidades, como los indígenas de Alaska.

Temen que el avance de las ideas pueda truncar la candidatura  del cura Marco Arana, furibundo enemigo de la minería, o la de Ollanta Humala, quienes gozan de la simpatía de las ONG que trafican con la defensa de los derechos humanos y del medio ambiente, como Aprodeh, Conacami y otras.

Sin argumentos

Pero lo peor para esos grupos es que carecen de argumentos para refutar la realidad mostrada por el documental, por eso tratan a toda costa de politizar un trabajo estrictamente económico-jurídico, buscando vincular al ILD con el gobierno actual, lo cual es absurdo.

También recurren a la retórica para sostener, por ejemplo, que “no es cierto lo que dice Hernando de Soto”, que los pueblos amazónicos tengan parceladas sus comunidades, “ya que solamente están parcelados sus terrenos agrícolas”.

Sin embargo, el documental muestra exactamente eso mismo: lo que está parcelado es la tierra agrícola, no el bosque, porque éste es comunitario, así que no hay nada que desmentirle al ILD en este punto.

La cuestión es ¿de qué les vale a nuestros nativos ser dueños nominales de los bosques, si solo pueden cazar y recolectar en ellos, pero no explotar las grandes riquezas naturales que existen allí?

¿Por qué la izquierda les niega a nuestros indígenas el derecho a tener títulos verdaderos que les permita negociar con las empresas extranjeras, para compartir ganancias y garantizar una explotación racional de los bosques en armonía con la naturaleza?

El ILD en cambio no niega la propiedad comunal, más bien sugiere que lo primero que habría que hacer es fortalecer esos títulos, para que los nativos no queden desprotegidos, porque es lo único que actualmente les da la legislación.

Razones ideológicas

Hay dos respuestas a esta pregunta: o no conocen como opera el mercado; o se oponen a que éste funcione por razones ideológicas y políticas.

El principal argumento que vienen esgrimiendo para oponerse es el siguiente: “el problema es la falta de una institucionalidad del estado que haga respetar los títulos de propiedad comunales”.

¿Acaso cambiarían las cosas si el Estado decreta que a partir de la fecha los títulos de propiedad comunitarios valen igual que los privados? Claro que no, es absurdo, no funcionaría en ningún mercado.

El problema es la naturaleza de la propiedad. Mientras esos títulos mantengan sus características actuales no brindan ninguna garantía para celebrar un contrato; por lo tanto, NO SIRVEN. Nuestros pueblos indígenas no pueden transformar esos títulos en capital para asociarse en una empresa.

Por otra parte, debemos tener en claro que el modelo económico que propugna la izquierda radical y retrógrada a que nos referimos es el estatista, no el comunitario.

Las tierras, según la ideología de ese grupo, deben ser propiedad del estado “proletario y campesino”, que siempre es monopolio de ellos y de su partido político, jamás de los obreros o de los agricultores pobres.

Si esos grupos llegasen a ejercer el poder en el Perú, las propiedades de las comunidades indígenas serían estatizadas o en el mejor de los casos sometidas a la voluntad del estado, no a la de sus habitantes, como ocurre en las democracias avanzadas.

No olvidemos la lección de Nicaragua, donde el gobierno marxista masacró a la etnia de los indios Misquitos, entre otras razones, porque se resistió a someterse al modelo estatista que les imponía el régimen sin respetar su cultura y sus formas de propiedad.

Por lo demás, los peruanos ya tenemos harta experiencia ingrata acerca de la propiedad estatal, se devora el presupuesto y genera solo pobreza.

Como bien dicen los abuelos: “Lo que le pertenece a todos, es de nadie; y lo que es de nadie se lo aprovecha el más vivo”.

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