¿Condenados a repetir la tragedia?

Sendero-penalesDespués de 17 años de haber sido derrotado militar y políticamente, el terrorismo ha resurgido de sus cenizas, para revertir aquel revés político y arrinconar de nuevo al Estado peruano, ante el desconcierto y miedo general de la sociedad.

Y mientras esto sucede, el presidente Alan García tiene tiempo para visitar a Plácido Domingo, pero no para visitar a nuestras tropas que combaten en el valle Apurímac – Ene (VRAE), ni para despedir los restos mortales de los tripulantes del helicóptero derribado en esa zona convulsionada.

El terrorismo es considerado en el mundo el delito de lesa humanidad más repudiable, pero nuestros fiscales y jueces tratan a los terroristas de “luchadores sociales”. De hecho han excarcelado a más de tres mil terroristas desde el año 2000 a la fecha.

Los países democráticos desarrollados respaldan a sus fuerzas armadas y rechazan soberanamente someterlas a legislaciones internacionales débiles y timoratas frente al terror, pero el Tribunal Constitucional del Perú le impone al país esas normas nefastas.
Una pregunta para el TC: ¿en qué “naciones civilizadas” que enfrentan problemas graves de terrorismo rigen las legislaciones que pretende imponer en el Perú? Mencione una sola, por favor, nada más que una.
La pseudo “justicia de derechos humanos y terrorismo” le brinda un trato benévolo a los senderistas, pero a nuestros militares y policías los maltrata como si fuesen asesinos, los consideran integrantes de un “aparato de poder” que actúa como “organización criminal”.
El terrorismo hace proselitismo político intenso en el VRAE, en el Huallaga, en las universidades, en los sindicatos, en los barrios, en las comunidades campesinas y en otras organizaciones populares, predicando la destrucción de la democracia, mientras, los partidos políticos democráticos siguen ausentes en la lucha política.
Este escenario es idéntico al que vivió el país en los inicios de la década de los años 80’ cuando apareció Sendero Luminoso: incapacidad del estado, abandono de las fuerzas del orden, indiferencia de la clase política, indolencia del sistema de justicia, incomprensión de la prensa, etc., factores que facilitaron el crecimiento del terrorismo hasta los nivele que alcanzó.
En aquellos años, el gobierno minimizó el problema diciendo que los terroristas eran “abigeos”, se envió a la policía a combatirlos con represión indiscriminada, después, cuando ya era tarde, se envió al ejército, pero éste no tuvo apoyo para ejecutar la estrategia integral que propuso: militar, política, económica y psicosocial.
Los fiscales se negaban a acusar a los terroristas, los jueces se resistían a condenarlos, la prensa llamaba a los criminales “luchadores sociales”, los partidos políticos se negaban a librar la lucha ideológica, el presidente se negaba a liderar la resistencia, el Congreso tampoco aprobaba las leyes necesarias para plasmar una estrategia integral, etc, etc. Todo esto hizo posible que Sendero se extendiera a todo el país, como un sarcoma.
Los servicios de inteligencia seguían sus propias estrategias, divorciados por completo, en tanto que los terroristas tenían un servicio de información centralizado y bajo un comando único.
Después de los enfrentamientos armados, las primeras en llegar eran las ONG de derechos humanos, interesadas en conocer si había terroristas heridos o muertos. No les interesaba que murieran soldados, policías o ronderos.
Y si había terroristas heridos o muertos, de inmediato denunciaban a los militares o policías ante la justicia, la cual procedía en el acto a abrir procesos judiciales contra los defensores de la democracia, acusándolos de violadores de derechos humanos.
Este es el tema de fondo, señores del gobierno, señores políticos, colegas de la prensa, ciudadanas y ciudadanos: No hemos aprendido de nuestra historia, estamos repitiendo los mismos errores que permitieron que el terrorismo pusiera en peligro a la democracia.
Es increíble, pero la historia se repite. ¿Cómo podemos caer en los mismos errores, por qué no hemos aprendido una lección que nos costó más de 26 mil muertes?
Pero la historia también nos enseña que es posible vencer al terrorismo cuando la nación y sus instituciones se unen en torno a una política de estado y una estrategia integral que buscan alcanzar la paz, sin darle tregua al cruel y sanguinario enemigo. Así se hizo en la década de los años 90’ y por eso fue posible vencer al terrorismo.
Todos los ciudadanos debemos asumir que esta lucha no es un problema del gobierno de turno, ni de los policías y los militares, sino de la nación entera.
El Gobierno, el Congreso, el Ministerio Público, el Poder Judicial, la prensa, los partidos políticos, las organizaciones gremiales y populares tienen que asumir su rol en esta lucha entendiendo en primer lugar que el terrorismo pretende destruir la libertad y la democracia, el futuro de nuestros hijos.
Si la prensa, por ejemplo, tuviese claro su rol, jamás le hubiera regalado tantas primeras planas al libro del genocida Abimael Guzmán. ¿Qué ha conseguido con ello? De pronto vender diarios, pero, además, sembrar temor y desconcierto en la ciudadanía, y publicitar lo escrito por el homicida masivo.
Si los jueces y fiscales hicieran lo propio, no estarían persiguiendo a nuestros soldados, sino a los terroristas.
Si el presidente asumiera el liderazgo de la lucha, en vez de estar encerrado en palacio visitaría a nuestros combatientes en el VRAE, emplazaría al Ministerio Público y al Poder Judicial para que cesen la persecución indiscriminada a nuestros uniformados; e instaría a los congresistas para que impulsen una nueva legislación severa contra el terrorismo.
Y si los partidos políticos cumplieran su papel en la lucha, fortalecerían sus comités en el VRAE y en todo el país, y dotarían a sus militantes de los instrumentos políticos e ideológicos necesarios para derrotar al terror en ese terreno.
Pero tampoco debemos olvidar que aquella vez las instituciones del estado no se sumaron voluntariamente a la lucha contra el terrorismo. El gobierno de Alberto Fujimori las forzó a alinearse mediante una medida extrema como fue la ruptura momentánea del orden constitucional. ¿Queremos acaso que esto también se repita?
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s