¿Y quien defiende a los ciudadanos?

tunelLa bancada aprista acaba de sufrir una aparatoso revés político al verse obligada a retirar su proyecto de ley que buscaba garantizar que los medios de prensa se rectifiquen cuando divulguen informaciones que dañen la honra y el buen nombre de un ciudadano. Lo hizo abrumada por un carga montón de titulares periodísticos y declaraciones de rechazo.

Concuerdo que el proyecto traía algunos puntos polémicos, como acortar en extremo el plazo para que el medio de información se rectifique, o hacer tercero civilmente responsable al medio de prensa en el que se divulgó el agravio contra el ciudadano afectado de manera automática, sin haberse comprobado que aquel haya sido cómplice de la difamación.
Estoy convencido, sin embargo, que el fondo del proyecto, que es garantizar que se rectifiquen aquellos que abusan de la libertad de prensa para triturar honras, debe ser abordado cuanto antes, porque la libertad de prensa tampoco es irrestricta como sostienen algunos exagerados.
Al general Eduardo Bellido Mora le arruinó la vida un periodista que lo acusó de narcotraficante sin ninguna prueba más allá de la palabra de un sujeto indeseable que después se descubrió que había sido un agente del perverso Vladimiro Montesinos.
Durante ocho años ese periodista se permitió insistir en su versión infame contra Bellido, con el aparente aval y respaldo del diario donde trabaja.
Al final el general Bellido ha sido absuelto por la Corte Suprema de Justicia de todas las acusaciones falaces e injustas que le lanzó aquel diario, pero hasta ahora no ha podido lograr que ese periodista ni ese diario se rectifiquen de las mentiras que publicaron contra el oficial.
Según el general, envió a ese medio cartas aclaratorias y explicativas en reiteradas oportunidades, al amparo de la ley de rectificación, pero el diario las ignoró de plano.
Así como Bellido, hay muchos los ciudadanos que alguna vez han sido ofendidos, difamados, escarnecidos innecesaria e injustamente por ciertos medios de prensa, y tampoco lograron que estos se rectificaran.
Es vox populi, por ejemplo, que El Comercio jamás rectifica sus informaciones porque es su “política editorial” no hacerlo, así lo imponga la ley.
Yo lo viví en carne propia el año 2003, cuando ese diario publicó un informe extenso en el que se intentó ligarme con el ex presidente Fujimori, a quien no conozco, solo porque critiqué el rol político de la izquierda caviar y del toledismo.
Envié una carta pidiéndole al diario que rectificara las falsedades que publicó en mi contra, pero por más que reclamé, no le dio la gana de publicarla, jamás lo hizo.
Este es el tema de fondo, repito: Hay que hacer algo para que ciertos medios no usen la libertad de prensa como herramienta perversa para hacer daño sin rectificarse.
La mayoría de los que han rechazado de plano el proyecto aprista han señalado que ya hay una ley que regula la rectificación, pero ellos saben bien que esa norma es letra muerta en los hechos, lo cual es inadmisible en un estado de derecho y en una democracia.
La cumplen solo algunos diarios respetuosos de la ética, como el Correo de Aldo Mariátegui o este diario que tiene la generosidad de brindarme un espacio para escribir. Los medios poderosos e influyentes que cumplen la ley son la excepción, no la regla, todos lo sabemos, por favor, no seamos fariseos. Esto tiene que acabar, por el bien del periodismo.
Los hombres de prensa criticamos a los políticos por la escasa credibilidad ciudadana que disfrutan, cuando sabemos bien que competimos con ellos en esa falta de confianza ciudadana, pues las personas confían hoy muy poco en la prensa. ¿O acaso no hemos visto las encuestas realizadas al respecto?
Esa pérdida de confianza es clara y contundente a la hora de repasar las ventas de los diarios, por ejemplo. Mientras en Japón un solo diario medio vende 3 o 4 millones de ejemplares al día, en el Perú todos los diarios juntos venden menos de medio millón de ejemplares al día. ¡Medio millón en un país de 28 millones de habitantes! ¿Acaso esto no es un indicador de que la mayoría de la gente duda de nosotros?
Es impensable que en los Estados Unidos un periodista pueda dañar a un ciudadano como lo hizo La República con el general Bellido, por ejemplo, y que los responsables de tamaño abuso queden impunes. Ni en ese país ni en otro país donde impera la democracia plenamente.
Este abuso de la libertad de prensa alcanza niveles “gansteriles” en ciertos medios que utilizan la profesión periodística para extorsionar de manera descarada a empresas, instituciones o ciudadanos, atacándolos de manera sistemática solo para pedirles dinero. ¿Tenemos que tolerar esto también en el nombre de la libertad de prensa?
Hay inclusive algunos pasquines que registran como supuestos directores responsables a personas ficticias con nombres falsos, para impedir que los agraviados por sus calumnias y ataques puedan denunciarlos penalmente.
No cerremos los ojos ante esta realidad de nuestro periodismo peruano, encarémosla con firmeza y valentía, y démosle solución para que el ejercicio de la libertad de prensa cumpla un objetivo social, no inmoral ni delincuencial.
Así como muchos medios han reaccionado con severidad y energía para rechazar el proyecto aprista, igual deberían alzar sus voces unidas exigiendo que la libertad de prensa no sea utilizada como instrumento malévolo y perverso. Es urgente dignificar el periodismo.
Como hombre de prensa con largo tiempo ejerciendo la profesión puedo dar fe que los periodistas que actuamos con ética y corrección casi nunca recibimos cartas rectificatorias.
En lugar de haber lanzado un “carga montón” contra el proyecto aprista debió abrirse un debate sobre sus alcances, a la luz de la problemática real que existe: el desamparo casi absoluto de los ciudadanos frente al abuso de la libertad de prensa.
El presidente Alan García y el presidente del Consejo de Ministros, Javier Velásquez, reaccionaron como políticos electoreros, pensando en evitar el choque con los grupos de prensa para no perder votos en las próximas elecciones. Una vez más no dieron la talla de estadistas. Una lástima por el gran Partido Aprista, por nuestra democracia y por nuestra querida patria.
Oscar Miró Quesada, acuñó esta frase brillante y elocuente: “Según como se ejerza, el periodismo puede ser la más noble profesión, o el más vil de los oficios”. Nada más cierto.

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