Amnesia caviar

El “gurú” caviar en materia de lucha contra el terrorismo ha hablado, y el mundo “políticamente correcto” ha dicho “amén”. Aunque diga necedades y haga demagogia política disfrazada con retórica pseudo intelectual, no importa, Aquel que ose contradecirlo pecará de hereje y será sacrificado en la pira mediática “correcta”.

Después de haber leído (y soportado) el último artículo de Gustavo Gorriti, me hago la misma pregunta que él se hace sobre la entrevista que le hizo Mariela Balbi al almirante Jorge Montoya: ¿Cómo puede alguien distorsionar y negar tanto la realidad en tan poco espacio?

¿Puede un intelectual serio y riguroso con la historia negar que los gobiernos de Valentín Paniagua – Diego García Sayán y de Alejandro Toledo desarticularon la seguridad nacional de nuestro Perú frente al terrorismo y a otras amenazas internas y externas?

No lo dice el almirante Montoya, ni lo digo yo. Lo dicen los hechos: Paniagua y Toledo retiraron las 68 bases contra subversivas que existían en Ayacucho el año 2000, eliminaron la legislación excepcional que aplicó el estado peruano para vencer al terrorismo, eliminaron el sistema de inteligencia nacional dejándonos ciegos y sordos frente a las amenazas internas y externas, cercenaron los presupuestos de los institutos armados, al extremo que estos dejaron de trabajar de noche porque no tenían para pagar el suministro eléctrico.

Gorriti se niega a reconocer otra verdad maciza: sus amigos caviares, antimilitares por su origen político e ideológico, se aprovecharon de las fechorías que perpetró Montesinos para engañar a Paniagüa y a Toledo, induciéndolos a dar las leyes que liquidaron el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y que debilitaron en extremo a nuestras fuerzas armadas.

Le recordamos a Gorriti que en el período 2001-2006, después de que se liquidó el SIN, los nuevos órganos de inteligencia creados por Paniagüa y Toledo cambiaron de jefe ¡nueve veces! como consecuencia de la improvisación y la incapacidad imperantes entonces.

Lo primero que hizo Toledo al llegar al poder fue ordenar la compra de 14 helicópteros rusos, con precios inflados, a una empresa ligada a su amigote Salomón Lerner Ghitis. Este intento, que fracasó al estallar el escándalo, refleja cabalmente cómo manejó Toledo la defensa nacional. Pero Gorriti no lo recuerda, padece de “amnesia caviar”, que es muy selectiva.

¿Cree el senderólogo caviar que Ecuador pactó la paz con el Perú porque teníamos chatarra aérea, mientras ellos tenían una flota de cazas K-FIR bien armados? Debería conversar con los jefes actuales de la Fuerza Aérea para informarse bien, porque cuando sus amigos gobernaron los jefes de la FAP tenían que repetir que los MIG 29 y SU 25 eran chatarra, sino los daban de baja.

Es cierto que los generales montesinistas se robaron parte del presupuesto de los institutos armados, como lo hicieron muchos generales a lo largo de nuestra historia, pero esto no quiere decir que todos los militares sean unos ladrones, como pretenden los amigos de Gorriti. Esta es una coartada que utilizaron para dejar sin presupuesto a las fuerzas armadas, un pretexto burdo, porque si el ánimo moralizador fuese auténtico varios generales toledistas hoy estarían presos por no poder explicar el origen de sus fortunas.

Pero veamos la herencia toledista en materia de Defensa: capacidades militares desastrosas, equipos obsoletos, y hombres faltos de entrenamiento y con la moral baja a consecuencia de los sueldos miserables, los maltratos y la persecución desatada por los caviares contra quienes lucharon contra el terrorismo.

Que no venga Gorriti con la cantaleta de los derechos humanos, porque ni él mismo se lo cree. Es otro pretexto para saciar la sed de venganza política de sus amigos.

El jefe operativo de Ayacucho en los años 84.y 85 fue el general Walter Ledesma Rebaza, ex ministro de Defensa de Paniagüa y amigo de Toledo, y sin embargo nadie lo persigue. Gorriti lo sabe, pero él tampoco ha reclamado “justicia” para las “víctimas” de Ledesma.

También está libre de polvo y paja el general Marciano Rengifo, quien como jefe de estado mayor del Comando Conjunto dirigió la lucha contra el terrorismo a fines de los años 80’. Para él tampoco hay persecución porque tiene carné de Perú Posible.

¿Y los generales Chiabra, Tafur, Reinoso, Bustamante, entre muchos otros toledistas, acaso nunca lucharon contra el terrorismo, o acaso lo hicieron usando pañuelos blancos, cirios y rezos como armas?

Gorriti no tiene argumentos sólidos para refutar al almirante Montoya. Lo ataca solo porque no culpa a Alberto Fujimori de la situación que atraviesan las fuerzas armadas. Es que Gorriti, como buen caviar, cree que el origen de todos los males del Perú está en Fujimori, que éste es el único responsable, nadie más. ¿Se puede ser tan obtuso? Francamente esto raya en lo patológico.

Asumiendo hipotéticamente que Fujimori es el único culpable de dicha crisis, entonces tendríamos que preguntarnos ¿Qué hicieron sus sucesores, Paniagüa y Toledo para corregir lo que malo hizo aquel con las fuerzas armadas?  Ya sabemos lo que hicieron.

En cuanto al Museo de la Memoria, el almirante Montoya no se ha opuesto a que se construya, simplemente ha dicho que no debería recoger el enfoque de la ex Comisión de la Verdad (CVR) sobre la lucha victoriosa que libró nuestra sociedad contra la agresión terrorista.

Montoya cree, como creemos muchos peruanos, que el museo debe exaltar la victoria de la nación peruana contra el terrorismo, el martirologio y el heroísmo de miles de dirigentes populares, campesinos, policías y soldados que dieron sus vidas por legarnos la paz y la democracia que hoy tenemos.

Gorriti y sus amigos caviares pretenden que nuestros hijos sientan vergüenza y culpa de haber derrotado al terrorismo, y crean que los criminales terroristas, incluido Abimael Guzmán, eran “luchadores sociales” que mataban a sus compatriotas para “hacer justicia”.

Los peruanos de bien queremos honrar el heroísmo y la memoria de quienes defendieron la democracia y la paz, los caviares quieren tratar a los asesinos como víctimas.

Si ellos hubiesen vivido durante la guerra con Chile hoy Cáceres y sus montoneros estarían proscritos por haber matado a los invasores chilenos con ferocidad sin par, y los libros de historia dirían que los patriotas fueron unos asesinos que nos avergüenzan. Y por supuesto tendríamos un monumento a la memoria de los invasores chilenos muertos, a quienes tendríamos que rendirles homenaje como “víctimas de la barbarie criminal”.

Gorriti tiene derecho de discrepar con Montoya sobre la propuesta para que la policía dependa en el futuro del Ministerio de Defensa, pero no tiene ningún derecho a distorsionarla. Yo también discrepo de esta propuesta, pero lo hago con altura y sin caer en la grosería ni en la altanería intelectual propia de quienes se creen los dueños absolutos de la verdad.

Esa altanería ha llevado a Gorriti a conclusiones prejuiciosas y precipitadas, como decir que el almirante quiere que la policía sea sometida a los militares. Nada más falso, porque Montoya ha propuesto incorporar la PNP al Sector Defensa, no al Comando Conjunto.

La intolerancia antimilitar no le permite a Gorriri ver que el Ministerio de Defensa es conducido por autoridades civiles, tal como ocurre hoy en el Ministerio del Interior. El ministro de Defensa es civil y si hay militares entre sus asesores es porque, todavía, los uniformados son los principales especialistas que tiene nuestro país en materia de defensa nacional, y no porque ellos lo hayan querido así, sino porque a los civiles les ha interesado poco el tema.

En Colombia hay una experiencia exitosa al respecto. En ese país la policía ha sido incorporada al ámbito del Sector Defensa y la decisión ha permitido enfrentar con éxito la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Sería bueno analizar este caso y someterlo a debate, porque tampoco podemos aplicar mecánicamente la receta.

Yo creo que las FFAA y la Policía Nacional cumplen misiones totalmente distintas, por lo tanto deben marchar separadas en tiempos de paz, pero cuando se producen graves perturbaciones del orden que exceden la capacidad policial, entonces es lógico que las tareas de pacificación sean comandadas por los militares, ya que estos cargan con la mayor responsabilidad, como ocurre hoy en el VRAE.

El comando único en el VRAE es necesario sobre todo para que los militares y policías no dupliquen ni dispersen sus esfuerzos en el combate que libran frente al enemigo común.

Al señor Gorriti y a sus amigos caviares no les gusta Rafael Rey, le dicen “derechista”, como si fuese un insulto, lo cual me da risa, porque hoy en las democracias modernas del mundo ya casi nadie cree en la izquierda tradicional conservadora y reaccionaria, como es la peruana.

¿De cuándo acá Gorriti es simpatizante de la  izquierda?  Jamás lo ha sido, siempre ha practicado un anticomunismo extremo. O al menos lo hizo hasta que encontró un trabajo muy bien pagado en la ONG caviar del ex Clase Obrera Ernie de la Jara, el Instituto de Defensa Legal (IDL). O sea, es amor al chancho.

Rafael Rey puede ser de derecha, ultra derecha, recontra derecha, o donde quieran situarlo los asalariados de Ernie de la Jara, pero por sobre todo es un hombre decente, honesto, leal a sus principios y a sus creencias, a diferencia de otros que sacrifican valores a cambio de dinero o de poder. Por eso lo apoyan tantos ciudadanos, y por eso mismo lo odian tanto los caviares que le pagan el salario a Gorriti.

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