El general campesino que venció al terror

campesinosUno hito histórico en el curso de la guerra que desató Sendero Luminoso contra la sociedad peruana fue el Juramento de Vinchos, del 12 de agosto de 1984, donde más de 8,000 campesinos de 44 comunidades de Ayacucho juraron fidelidad a la bandera y prometieron combatir al terrorismo hasta derrotarlo, bajo el liderazgo del general Adrián Huaman Centeno.

Aquel episodio echa por tierra esa falacia inventada por Sendero y por la ultra izquierda que sostiene que las fuerzas armadas desataron una represión indiscriminada y sistemática contra los campesinos.

Hablándoles a los comuneros en su propia lengua, el quechua, oyendo sus problemas y resolviendo inmediatamente algunas de sus necesidades más urgentes, el general Huaman Centeno le ganó, en solo ocho meses, la guerra política a Sendero Luminoso, y también la militar.

El acercamiento que logró con el campesinado le valió a Huaman ser reconocido entre los comuneros, y también por un sector de la prensa nacional, como “el general campesino”.

En declaraciones al destacado periodista ayacuchano Carlos Valdez Medina, el general afirmó alguna vez: “que me digan que soy un general campesino es para mi un honor”

Huaman demostró que los campesinos no estaban del lado de Sendero, ni interesados en tomar el poder, sino que habían sido coactados por las mentiras y amenazas de Abimael Guzmán y sus secuaces.

El miedo de Guzmán

La concentración de Vinchos fue la culminación de una serie de grandes reuniones de dirigentes comuneros de esa región que convocó el general Huaman para escuchar las demandas de los pueblos y atenderlas.

En los hechos, el general campesino se convirtió en el portavoz de las demandas del campesinado ayacuchano ante el gobierno central de Lima y ante las autoridades departamentales.

Huaman habla el quechua a la perfección, durante su juventud convivió con las comunidades campesinas de Abancay, Apurimac, y a lo largo de su vida ha cultivado la tierra, antes y después de haber sido oficial del ejército.

Él me contó una vez que el Servicio de Inteligencia del Ejército detectó que Guzmán le dio a su gente la consigna de impedir que Huaman se reuniera con los comuneros. Tenía miedo, de hecho estaba perdiendo la lucha política.

En cumplimiento de esa consigna, los senderistas perpetraron barbaridades, como secuestros de comunidades enteras que fueron obligadas a vivir ocultos en cuevas y quebradas, padeciendo hambre y frío.

Llegaron al extremo de asesinar a los hijos pequeños de los campesinos porque temían que el llanto de estos sea escuchado por las patrullas militares.

En este período Sendero ejecutó numerosas matanzas de dirigentes campesinos en venganza porque recibieron a miembros del ejército o participaron en alguna de las convocatorias que hizo Huaman.

Discurso en quechua

Los viejos pobladores de Vinchos recuerdan aún el discurso que pronunció aquel día el general Adrián Huaman Centeno ante los dirigentes y pobladores de 44 comunidades de la zona reunidos en ese pueblo.

Al comenzar su intervención, el general los saludó en tono respetuoso y fraterno, como acostumbraba a hacerlo cada vez que visitaba una comunidad.

Después les habló sobre la proximidad de la próxima campaña agrícola serrana recordándoles que debían asumir con seriedad las faenas de la llamada “siembra grande”.

Les informó luego que el gobierno les iba a brindar abonos, semillas e insecticidas que les permita mejorar la calidad de sus futuras cosechas, en vista de que el agro ayacuchano acababa de padecer una prolongada sequía.

También les informó que el gobierno le había prometido desembolsar una partida para ejecutar el “Proyecto Especial Sierra Centro-Sur”, que se había paralizado en Ayacucho porque no fueron entregados los fondos correspondientes al primer semestre de ese año (1984).

Les dijo además que Sendero Luminoso había engañado a algunos haciéndoles creer que el terrorismo era una alternativa de solución a la injusticia y a la pobreza económica, y les indicó que esa mentira solo estaba trayendo muerte y destrucción en los pueblos.

Finalmente les dijo que para el gobierno democrático y las fuerzas armadas los campesinos no eran terroristas, ni subversivos, sino personas que reclaman con justicia que se les atienda sus necesidades urgentes, y que él estaba trabajando para resolver esas demandas.

Populismo nefasto

Los esfuerzos del general chocaron sin embargo con la ineficacia e insensibilidad de la clase política y del gobierno de turno en particular, que fueron incapaces de afrontar y solucionar los males sociales y económicos.

En agosto de 1984, después de que Huaman declaró a la prensa que la lucha contra Sendero no era un problema militar sino principalmente político y social, el presidente Fernando Belaúnde decidió destituirlo por considerar que tales declaraciones eran impertinentes.

La decisión de Belaúnde desató una tormenta política porque el jefe del ejército, general Julián Juliá Freyre, respaldó a Huaman alegando que éste había dicho la verdad expresando a la vez el pensamiento de su instituto.

Finalmente, Huaman fue relevado y enviado al Comando de Personal del ejército, pero el gobierno desembolsó el apoyo económico para Ayacucho que había reclamado el general.

El Ministerio de Hacienda desembolsó una partida de dos mil millones de soles destinados a comprar semillas, abono y pesticidas para ser distribuidos entre los campesinos ayacuchanos, tal como lo había prometido Huaman.

El gobierno de Acción Popular, que había pretextado una supuesta escasez de fondos para negarse a atender ese pedido, le otorgó poco después 6,000 millones de soles a favor de la Federación Peruana de Fútbol.

Confrontación

Las relaciones del general campesino con el gobierno de Fernando Belaúnde se habían tornado tensas meses antes, cuando Huaman reclamó con razón facultades políticas, no solo militares, para combatir al terrorismo.

Antes de partir a Ayacucho, Huaman sostuvo una reunión con Belaúnde en la que el oficial le indicó que el reglamento del ejército le impedía intervenir en política, pero el gobierno le estaba encargando una misión político-militar.

El presidente le respondió que no debía preocuparse al respecto y que tendría todo el apoyo del gobierno para ejercer la autoridad política, prometiéndole inclusive apoyarle con presupuesto para obras públicas.

La realidad fue distinta porque el gobierno no le entregó “ni un sol” a la gestión del Huaman, y los funcionarios públicos departamentales se resistieron a darle cuentas de su labor al general campesino, quien tuvo que imponer su autoridad de hecho.

Así fue como cesó al presidente de la Corporación de Desarrollo de Ayacucho, Uriel Bustamante Niño de Guzman, debido el estado de parálisis y abandono en que se encontraba el proyecto agropecuario de Iribamba.

Bustamante se marchó de Ayacucho, pero el Ejecutivo no designó a su reemplazante, en una decisión que fue interpretada como un respaldo implícito al funcionario cuestionado.

El general jefe político-militar pidió que el fuero jurisdiccional competente investigara si hubo corrupción en el manejo de los fondos del proyecto de Iribamba, pero esta petición fue ignorada por los organismos de control.

La violencia

Durante su gestión en Ayacucho, el general Huaman Centeno dejó en claro que la violencia desatada en esa región era responsabilidad de Sendero, no de la democracia ni de las fuerzas armadas que actuaron en defensa propia.

En declaraciones al diario La República, del 14 de agosto de 1984, poco tiempo antes de ser separado del cargo, el general señaló que el final de la violencia iba depender “de lo que hagan todos los peruanos”.

“Yo no he venido a hacer violencia, en absoluto. Esto lo dije desde un principio. Las fuerzas del orden están en la zona de emergencia para dar seguridad, y eso es lo que hemos hecho desde un comienzo”, declaró.

“Cada vez que me han hablado de violencia no me canso de repetir que esto no se cura disparando, porque este pueblo no está exigiendo que se le dispare… Nosotros no generamos violencia en absoluto, siempre propusimos que esto se resuelva en paz, yo no voy a ofender a Ayacucho ni a Huancavelica”, añadió.

En esa misma comparecencia periodística, al responder a la pregunta de cuánto tiempo iba a demorar la derrota del terrorismo, el general respondió: “yo no diría  eso sino en cuanto tiempo la sociedad andina va a volver a creer en la otra sociedad de la ciudad, esto depende de lo que se haga en los campos político y socioeconómico”.

Esta verdad histórica nos recuerda que el ejército comprendió antes que muchos políticos que el problema del terrorismo requería una solución integral y no solo una respuesta meramente represiva.

La cobardía

Tuvieron que pasar dos gobiernos después de la salida del general Huaman para que el estado comprendiera que el general campesino tenía razón en que la solución al problema era integral, no solo militar.

A partir de 1990, el gobierno de Alberto Fujimori fortaleció los servicios de inteligencia y dotó de más recursos económicos a la Dircote, a las fuerzas armadas y a las rondas campesinos, pero también le dio prioridad al gasto social en las zonas en emergencia por el terrorismo.

De esta manera, el avance militar se complementó con la ejecución de miles de obras de impacto social en las regiones convulsionadas que determinaron a la postre la derrota política y militar de Sendero y del MRTA.

Su legado más importante tal vez fue el Proyecto Piloto de Sacsamarca, donde su equipo civil de gobierno diseñó en tres días los proyectos requeridos por los campesinos de ese distrito ayacuchano. Sobre esto escribiré próximamente un artículo aparte, dada su trascendencia histórica.

La gestión del general Huaman, sin embargo, ha sido reducida por la izquierda marxista y por las ONG que trafican con los derechos humanos a un “periodo oscuro” en el que Ayacucho solo conoció violaciones “indiscriminadas y sistemáticas” de derechos humanos.

Esas ONG dirigidas por viejos marxista-leninistas han desatado una persecución contra el general campesino acusándolo de crímenes que él jamás cometió, con el fin de convertir en criminal a un oficial que luchó contra el terrorismo de manera ejemplar y visionaria.

Lo paradójico es que quienes promueven la persecución contra Huaman predicaban la lucha armada y llamaban a Sendero Luminoso “compañeros del campo popular”, cuando el general trabajaba por pacificar Ayacucho.

La coartada para liquidar a Huaman es la conocida “autoría mediata”, a partir de ésta se debe suponer que es culpable de los presuntos crímenes solo porque fue jefe político militar de Ayacucho. Este cuento ya lo conocemos.

La prensa independiente no puede cerrar los ojos ante la historia, tiene el deber de hacerla respetar y de impedir que se condene a Huaman como si fuese un criminal solo para satisfacer apetitos políticos subalternos.

Las autoridades del Poder Judicial, del Ministerio Público y del Congreso de la República tampoco pueden permitir que los jueces digitados por las ONG sigan actuando impunemente. De lo contrario serán cómplices ante la historia.

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