Las elecciones como proyecto máximo

Una vez más, ciertos líderes políticos se ponen de espaldas a la historia sin dar la talla de estadista que el país reclama y necesita de ellos. Piensan en las elecciones antes de preocuparse en la consolidación urgente del sistema democrático y del modelo económico.

Lourdes Flores lo acaba de confirmar esta semana al presentar una iniciativa que apunta a crear un bloque electoral que denomina de “centro”, por miedo a mencionar el verdadero perfil de su propuesta: una alianza centroderechista. Le da vergüenza decir que es de derecha, cuando debería avergonzarse de ser de “izquierda” o “centroizquierda”.

Para pesar de ella, nadie se lo cree. Todos saben que el PPC es un partido de derecha, pero conservador, ya que sus principales líderes han hecho poco en favor de las reformas de tercera generación que reclama el país para afianzar el modelo de desarrollo. Apoyan, en cambio, la injerencia política de las ONG en el Poder Judicial, que debilita la democracia.

El problema principal de hoy, que se niegan a abordar esos dirigentes políticos, es la subsistencia de un aparato estatal ineficiente y enorme, que se devora el presupuesto, impidiendo así atender la demanda social de infraestructura de desarrollo y servicios.

Actúan con una nefasta mentalidad cortoplacista que les lleva a creer que las próximas elecciones son, siempre, el “plan máximo” en política.

En este contexto, la propuesta de Lourdes Flores es más de lo mismo, porque plantea que el PPC haga una alianza electoral con Perú Posible, Acción Popular y Solidaridad Nacional, para impedir que ganen Keiko Fujimori y Ollanta Humala.

Pero, ¿qué principios, valores y propuestas políticas comparte el PPOC con Perú Posible, por ejemplo, siendo éste un aliado firme de la izquierda caviar; o con AP, que se ha congelado en el tiempo y mantiene intacta su viejo y retrógrado posición populismo clientelista?

Lourdes no se hace problema por esto, ella está pensando en votos y solo votos, aunque después, si ganara, el gobierno que tuviera que compartir con esa fuerzas políticas fuese un arroz con mango político e ideológico. Basta con imaginarnos que Yhonny Lescano sea designado presidente de Indecopi o ministro de la Producción. ¡Santa cachucha!

¿Antisistema?

De otra parte, la propuesta de Lourdes parte de la premisa de identificar a Keíko y a Ollanta como personajes igualmente enemigos del sistema democrático, lo cual me parece injusto y errado. Una vez más, Lulú está fuera de sintonía con el sentir y el parecer ciudadano.

Hay políticos que repiten todos los días que Alberto Fujimori fue el peor presidente de la república, que hundió al Perú, que ha sido el más corrupto de todos los presidentes, el más criminal. Y sin embargo, un vasto sector de la ciudadanía respalda al ex gobernante en la persona de su hija Keiko. ¿Por qué esa reacción ciudadana?

Esto es lo que deben responderse nuestros líderes democráticos, pero con la verdad por delante, porque es grosero y falaz insistir en aquello de que “si el pueblo me apoya es sabio, pero si no lo hace es bruto y sumiso con el autoritarismo”.

Pero, además, en los últimos cuatro años hemos visto que el aporte fujimorista en el Congreso de la República ha sido decisivo para darle gobernabilidad al país y para frenar los intentos chavistas por torpedear al sistema y el modelo económico desde el poder Legislativo.

Cuando ha tocado votar las iniciativas humalistas destinadas a debilitar al gobierno o a la institucionalidad de la presidencia de la república, la bancada fujimorista también ha defendido a la democracia, aún cuando un sector del Apra ha alentado la persecución injusta contra algunos líderes del fujimorismo.

Sin el voto fujimorista hubiese sido imposible que el Legislativo ratificara los tratados de libre comercio con Estados Unidos y con otros países, tampoco hubiesen prosperado iniciativas importantes como la ley de la Carrera Magisterial, la que reordena el sistema de leyes y normas legales, etc.

El Perú real

Marginar al fujimorismo de un entendimiento político entre las fuerzas democráticas es un error gravísimo porque supone empujar fuera del sistema a una fuerza política popular que representa a una importante corriente de ciudadanos. Es negarse a ver el Perú real.

En vez de asumir esa postura discriminatoria, las fuerzas políticas comprometidas con el sistema deberían cerrar filas junto con los fujimoristas en contra de la injerencia exterior que pretende enrolar al Perú en las filas de los países títeres del chavismo. Antes que dividirse por cálculos electorales, tienen el deber moral de unirse en defensa del sistema, deponiendo sus diferencias secundarias.

Los hechos, es decir la práctica política cotidiana, nos revelan que las fuerzas políticas que comparten en mayor medida el modelo de desarrollo en marcha, aunque con algunos matices diferentes, son el Apra, Renovación Nacional, Alianza por el Futuro, Solidaridad Nacional, Somos Perú y un sector de Perú Posible.

El Perú necesita que esas fuerzas se constituyan en la base de un nuevo acuerdo de punto fijo sustentado sobre dos compromisos firmes: la defensa de la democracia representativa (no la “directa”, ni la “participativa” caviar), y la defensa de la libertad económica.

Esto también deben entenderlo los fujimoristas que se resisten absurdamente a llegar a un pacto político de largo plazo con los demás partidos democráticos, a los que parecen despreciar creyéndose autosuficientes, sin entender que el enemigo está allí, acechando, viendo como se distancian sus “presas”.

El fujimorismo del siglo pasado tiene que dar paso a un nuevo liderazgo político que sea orgánico al sistema, integrado totalmente a éste, respetuoso de las demás fuerzas democráticas y dispuesto a llegar a acuerdos con éstas, sin que esto suponga para nadie ceder en sus principios y valores.

Bien decía Ramiro Prialé “dialogar no es pactar” necesariamente, sino buscar caminos de entendimiento. Y si el diálogo se da entre organizaciones políticas que comparten principios democráticos, mejor para el Perú.

Estoy seguro que si los fujimoristas deponen sus diferencias y enconos hacia las demás fuerzas democráticas, y viceversa, la democracia se consolidará y no habrá petrodólares ni caudillos antisistema que puedan socavar sus cimientos.

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