Bagua: Silencios criminales y muertos sin rostro

El 20 de enero pasado, en el santuario natural de Pomac, Lambayeque, francotiradores expertos dispararon contra dos policías y los asesinaron en momentos en que ellos y otros agentes del orden ejecutaban, por mandato del Poder Judicial, un desalojo de invasores que ocupaban ilegalmente esa zona.

Ocultos entre los algarrobos, uno de los asesinos le disparó directo al hígado al suboficial Fernando Hidalgo Ibarra (20 años), a sabiendas de que el impacto de una bala en ese órgano vital mata al herido en pocos minutos.

El agente Carlos Alberto Peralta Padilla (26 años), al ver a su camarada herido, fue a rescatarlo, y cuando trataba de salvarlo recibió un disparo en la cabeza. Llevaba puesto el casco, pero el proyectil se lo perforó porque correspondía a un fusil automático de asalto AKM.

El suboficial Percy Tarija Guzmán (23 años) se salvó de milagro, pero sufrió una herida de consideración en el ojo izquierdo. Los asesinos le apuntaron a la sien, pero la bala solo le rozó esa zona de la cabeza y le dañó el ojo afectado.

Estas imágenes, casi idénticas, se han repetido en la Curva del Diablo de Bagua,  el 5 de junio, pero esta vez el número de policías asesinados por los francotiradores aumentó a seis. Otros tres agentes fueron asesinados en ese mismo lugar con disparos de escopetas de caza.

Un policía que sobrevivió a sus heridas alcanzó a ver nítidamente a uno de los asesinos. Estaba oculto detrás de una roca, vestía un traje camuflado y tenía el rostro cubierto con un pasamontañas de color negro.

El mismo sobreviviente contó que los criminales dispararon desde la parte alta del cerro que domina la curva donde los policías se habían desplegado para desalojar a los pobladores que habían bloqueado esa vía provocando desabastecimiento y parálisis económica.

Los hechos ocurridos en Bagua siguieron el patrón definido en Pomac: Asesinos se infiltran en una protesta para asesinar policías, con el fin de provocar una reacción violenta de las fuerzas del orden que acabe con las vidas de decenas de pobladores civiles. De esta manera se desataría una rebelión mayor de los pueblos amazónicos contra el gobierno democrático.

Esta “fórmula” de desestabilización política había sido experimentada antes con éxito en Ecuador para derrocar a los presidentes Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, y en Bolivia para hacer lo mismo con los presidentes Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Meza.

La receta ha querido ser aplicada en el Perú pero falló porque la policía acudió a cumplir su misión con muy pocas armas, y por ello fue incapaz de responder con la violencia que los provocadores tenían planeado. Al final murieron 23 policías frente a solo nueve civiles, de los cuales solo cuatro eran pobladores de etnias amazónicas.

Sin embargo, la maquinaria propagandística de los golpistas se ha encargado de crear una “realidad virtual” en la que se muestra que sí hubo una “matanza” de “cientos de nativos”. Jamás ocurrió, pero la propaganda de las ONG y sus aliados le ha hecho creer al resto del mundo que hay un “genocidio”.

Los referentes de información y de opinión de las organizaciones internacionales comprometidas en esta campaña contra el Perú han sido siempre las organizaciones no gubernamentales ligadas a la izquierda caviar, en especial la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, así como la Defensoría del Pueblo.

A nadie le consta que haya ocurrido tal masacre, no hay rostros, ni nombres de fallecidos, ni familiares que reclamen por ellos. Tampoco hay testigos directos y con nombre propio que hayan visto la supuesta matanza de nuestros compatriotas selváticos, sólo existen referencias vagas e inciertas.

Mientras las supuestas víctimas del “genocidio” no tengan rostro ni nombre es deber de los demócratas concederle el beneficio de la duda al gobierno constitucional, porque de lo contrario se le deja expuesto a la desestabilización.

Por eso debo denunciar el silencio cómplice y cobarde de la Defensoría del Pueblo y de la Coordinadora, que se han limitado a colocar comunicados en su página web, en vez de convocar a la prensa internacional para aclarar los rumores que están desprestigiando al Perú y contarle lo que sus funcionarios han visto en vivo y en directo en Bagua, porque ambos organismos han movilizado a sus funcionarios hacia la selva antes que estallara la violencia.

Ellos, que suelen ser tan locuaces y proactivos cuando se trata de acusar al estado de violar los derechos humanos, de pronto se han quedado mudos ante los rumores de “genocidio”, en vez de decir la verdad y de defender al sistema democrático que está siendo presentado como un régimen genocida. ¿Casualidad?

No lo creo, yo opino que la izquierda caviar que controla la Coordinadora y la Defensoría está cumpliendo su parte en el complot contra el gobierno constitucional. Ellos han sido toda su vida furibundamente antiapristas y enemigos de la democracia, por eso se callan, a propósito, para que los rumores de la supuesta matanza sigan creciendo y circulando.

Cierta prensa se presta abiertamente al juego de la agitación golpista repitiendo las mentiras en sus portadas. No le consta nada, pero igual repiten que la policía perpetró una masacre de personas inocentes, a sabiendas que fue todo lo contrario.

Cuando les conviene le dan toda la credibilidad a la Defensoría del Pueblo, como si fuese santa depositaria de la verdad divina absoluta. Ahora la ignoran, se niegan a abrir la web de la Defensoría porque allí figuran solo cuatro nativos muertos, más 23 policías asesinados.

Es comprensible que asuma esa actitud cierta prensa que desde siempre se ha puesto la camiseta del estatismo, el populismo retrógrado y de la izquierda marxista y caviar. Está en lo suyo porque su juego es en contra de la democracia

En cambio resulta sorprendente que otros medios de información pertenecientes a empresas de innegable tradición democrática le den eco a la campaña en vez de corroborar los rumores como corresponde, enviado a sus reporteros al lugar de los hechos.

Es absurdo darle crédito a versiones anónimas que dicen que la policía arrojó a cientos de muertos al río, porque éste no se los habría podido tragar en unos cuantos días, mas bien los cadáveres tendrían que estar flotando o varados en las riberas, pero nadie tampoco los ha visto.

Finalmente, me parece incompetente la manera como nuestro gobierno ha manejado la crisis de Bagua, pero lo apoyo, lo respaldo, cierro filas en torno a él, porque es el gobierno que eligió nuestro pueblo, para bien o para mal, y los demócratas estamos obligados a respetar la voluntad ciudadana. Llegará, más adelante, el momento de establecer las responsabilidades políticas que correspondan.

El gobierno puede ser responsable de incompetencia política, pero no de la matanza de los policías, porque aceptar esto sería salvarles el pellejo a los verdaderos asesinos que se pasean impunemente en el país desde hace tiempo, y que son, sin duda, los mismos que asesinaron a los policías en Pomac.

Cuidado, lo sucedido en Bagua no puede ser visto como un hecho aislado, es parte de la misma escalada golpista y totalitaria que comenzó el Moquegua, siguió en Ayacucho, en Piura y en Pomac. Estemos listos para presenciar otros episodios similares si somos incapaces de prevenirlos.

Le corresponde al gobierno redoblar el apoyo a nuestros servicios de inteligencia y a nuestras fuerzas del orden, para que puedan seguirle las huellas de los criminales, ubicarlos y detenerlos, para que no siga corriendo más sangre de inocentes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s