La otra reconciliación necesaria (II)

congresistas2La reconciliación política del Perú pasa necesariamente por la integración del fujimorismo en el sistema de partidos democráticos, lo cual requiere que ambas partes dejen de lado los enconos y se tiendan mutuamente puentes de diálogo y entendimiento en la perspectiva común de consolidar la institucionalidad democrática.

Es difícil pedirle a los fujimoristas que adopten gestos de apertura y acercamiento hacia los otros partidos democráticos debido a que estos han permanecido silenciosos e indiferentes ante la persecución política que, con cálculo frío y mala intención, ha metido en un mismo saco a justos y pecadores a la hora de castigar la corrupción descubierta el año 2000.

Es difícil, pero la madurez, el realismo y el país así lo demandan. Una fuerza política importante como la que fundó Alberto Fujimori no puede seguir siendo marginada, pero tampoco debe continuar aislándose ella misma de los demás partidos democráticos, tiene que dar un paso hacia la reconciliación dejando atrás las aversiones comprensibles dejadas por la persecución. El futuro del país exige gestos de nobleza y de grandeza.

La trampa izquierdista

Lo mismo tienen que hacer los partidos democráticos, y también salirse de la trampa que les puso la izquierda caviar al hacerles creer que tipificar al gobierno de Fujimori como “criminal” lo sepultaría políticamente. El resultado ha sido totalmente contrario, más bien ha despertado la solidaridad de un vasto sector ciudadano hacia la víctima de la vendetta.

Nunca se imaginaron que aquella tipificación sería usada en realidad para martirizar y legitimar al terrorismo y para convertir al Perú en eterno inquilino del banquillo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Al final, el mensaje que queda es que el sistema democrático peruano ha sido criminal en el combate al terrorismo, no solo Fujimori, también Fernando Belaúnde y Alan García. Esto es lo que busca la izquierda.

Los demás partidos democráticos también deben dejar de desconocer la legitimidad política del fujimorismo, un empeño absurdo en el que han llegado al extremo de usar argumentos ofensivos e intolerantes, como afirmar que los ciudadanos que lo apoyan son ignorantes, o golpistas que aprueban la corrupción y que no les gusta la democracia.

Tal afirmación trasluce una evidente carencia de argumentos para explicar un hecho político. Es tan absurdo como afirmar que Fujimori inventó un nuevo modelo político que, por primera vez, utiliza la legitimidad de una elección popular para socavar el equilibrio de poderes y para perseguir.

¿Cuál nuevo modelo?

Esta tesis parte de la premisa falsa de que estamos ante un nuevo modelo, cuando es tan antiguo como la existencia misma de los gobiernos autoritarios, y supone que antes de Fujimori teníamos una democracia perfecta en la que los gobiernos elegidos respetaban a las instituciones autónomas, lo cual tampoco es real.

Sin justificar los excesos autoritarios del fujimorismo, debemos recordar que cuando Fujimori llegó al poder los vocales supremos hacían antesala en las oficinas de los senadores para pedirles su voto, debiéndoles el favor de por vida, y lo mismo ocurría con respecto al Ministerio Público, el Tribunal Constitucional, la Contraloría General de la República, la Fiscalía de la Nación, el Banco Central y otras instituciones autónomas. Esto es historia, no cuento.

Si Fernando Belaúnde gobernó igual, y encima tiraba al tacho de basura los informes de los organismos de derechos humanos, ¿por qué su gobierno sí es considerado democrático?

En fin, no vamos a ahondar es esto porque nuestro propósito no es justificar a nadie ni ahondar las diferencias, sino todo lo contrario, promover la reconciliación política. Lo señalo sólo para efectos de rebatir a ciertos analistas de izquierda que pretenden racionalizar lo irracional a partir de cascajo intelectual sin base histórica.

El desafío de Keiko

Los fujimoristas deben comprender que los otros partidos políticos democráticos, como el Apra, el PPC, Renovación Nacionmal, Somos Perú o Solidaridad Nacional, no son los mismos de los años 90’. De la izquierda marxista no hablamos porque no está comprometida con el sistema democrático.

Keiko Fujimori tiene que liderar el proceso de reconciliación del fujimorismo con los demás partidos democráticos porque, si las encuestas aciertan el 2011 y ella es elegida presidenta, su desafío mayor será superar los errores que cometió su padre en la conducción política del gobierno.

El principal error de Fujimori fue aislarse de todos los demás partidos. Algunos dirán que no tuvo otra alternativa para hacer los cambios radicales que hizo, pero al final el balance es igual: su gobierno se distanció demasiado de las fuerzas democráticas y la autosuficiencia acabó enemistándolo con ellas.

Keiko debe entender que el Perú del 2009 no es el mismo país polarizado de 1990, que ahora sí es posible construir acuerdos políticos amplios que aseguren la gobernabilidad. Como dijo alguna vez Ramiro Prialé, dialogar no es pactar, y no todo pacto tiene que ser oscuro o sinuoso, sobre todo cuando es por el bien de la democracia.

La nueva lideresa fujimorista debe darse cuenta de que los viejos partidos políticos democráticos han adoptado el modelo de desarrollo económico de libre mercado, tienen un compromiso claro con la defensa del sistema democrático, y han dejado atrás los viejos discursos populistas que los enemistaron y confrontaron con el fujimorismo.

Esto quiere decir que existen coincidencias fundamentales en la forma de ver la realidad del país y de proyectar su futuro entre fujimoristas, apristas, somistas o solidarios, por mencionar algunos, coincidencias que los distancian de las fuerzas contrarias al sistema, como el humalismo y el comunismo chavistas, o la izquierda caviar que socava la democracia al deslegitimarla y dejarla inerme frente a los terroristas.

Puentes de entendimiento

El Perú necesita que todas las fuerzas políticas que están del lado democrático se tiendan mutuamente puentes de acercamiento, no en busca de pactos electorales – eso se verá después – sino para instituir canales de diálogo fluido entre ellas que les permita arribar a entendimientos mayores y de largo aliento en torno a los principios democráticos y la visión de desarrollo que comparten.

En cierto modo, la concertación ya se está dando, aunque de manera incipiente e informal, en el actual Congreso de la República, donde las bancadas de los partidos democráticos se unen y cierran filas cuando se trata de enfrentar las iniciativas contra el sistema que promueven los humalistas y sus aliados populistas.

Los congresistas fujimoristas están viviendo actualmente la experiencia de negociar y coordinar acciones legislativas conjuntas con apristas y pepecistas, por ejemplo, para afianzar el modelo económico o plasmar reformas constitucionales que permitan fortalecer el sistema. Aunque discrepen en otros puntos, las coincidencias que tienen son trascendentales, no meramente coyunturales.

Lo ideal sería plasmar dentro de corto tiempo un acuerdo democrático de punto fijo, similar a los que permitieron la consolidación de la democracia en Chile y en España, países en los que las fuerzas democráticas se alternan en el poder sin variar los objetivos nacionales comunes, permitiendo así el progreso sostenido del país, sin sobresaltos.

El gran desafío que tienen nuestros partidos políticos democráticos es no solo la reconciliación, sino pasar después a la concertación. Aunque a algunos esto les parezca improbable, yo creo que es perfectamente viable.

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