Funes: El hermano negado de la izquierda peruana

Me llamó mucho la atención que la izquierda peruana se haya mantenido silenciosa e indiferente frente la reciente victoria lograda por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones presidenciales de El Salvador, con su candidato Mauricio Funes, quien obtuvo el 51.32 % de la votación total.

La curiosidad me indujo a explorar qué razones podían motivar que los izquierdistas peruanos – desde Enrique Bernales hasta Ollanta Humala – a ignorar de esa manera un hecho tan trascendental que, aparentemente, fortalecía el avance del pensamiento político izquierdista en América Latina.

Al introducirme en el tema descubrí que el término “aparentemente” era la clave, pues me dí con la sorpresa de que Funes no encaja, ni remotamente, en la izquierda peruana. El salvadoreño es un izquierdista moderno, comprometido con el sistema democrático y con la economía de mercado, al estilo Lula o Lagos, mientras nuestros zurdos aún se resisten a habitar en los terrenos lóbregos del estatismo y el totalitarismo.

            Es verdad que aún subsisten en el FMLN grupos sectarios y radicales que añoran el viejo programa comunista de esa organización ex guerrillera, pero la sabiduría y la realidad se han impuesto sobre esa corriente, permitiendo que por primera vez un candidato izquierdista llegue a la presidencia de ese país con una propuesta democrática.

 

Realismo político

 

Funes, un ex periodista independiente y crítico de los gobiernos de derecha que han conducido El Salvador en los últimos 20 años,  asumirá el mando el 1 de junio próximo.

Hace poco anunció que, entre las primeras medidas que adoptará su gobierno, estarán el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, suspendidas desde 1959, y un acercamiento comercial con la República Popular China, pero también mantendrá el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, vigente desde el 2004, y la dolarización de la economía salvadoreña.

Tras descartar de plano que sea un representante más de la “izquierda tradicional”, Funes ha señalado que considera “indispensable” la inversión privada y extranjera para el desarrollo de su país.

Ha declarado además que, tras la victoria de Barack Obama, su gobierno buscará “construir una alianza estratégica entre el gobierno de El Salvador y los Estados Unidos para garantizarles una estabilidad migratoria y laboral a los salvadoreños que viven en los Estados Unidos, y sobre todo para tener a ese país como un socio estratégico para el desarrollo”.

La sociedad estratégica con Estados Unidos se impone como una necesidad ya que EEUU alberga a 2.5 millones de migrantes salvadoreños que envían a su país un cuantioso flujo de dinero por medio de remesas. Sólo en el primer trimestre de este año dichas remesas sumaron 843.3 millones de dólares.

La potencia del norte es la principal socia comercial de El Salvador. Sólo entre los años 2006 y 2006, las exportaciones agrícolas salvadoreñas al mercado estadounidense se incrementaron en 550% al aumentar de 26 millones de dólares a 174 millones de dólares.

 

Izquierda madura

Pero el punto que ha sido determinante para que los izquierdistas peruanos hayan minimizado la victoria electoral de Mauricio Funes es la oposición frontal de éste a la propuesta ultra para que sea anulada la Ley de Amnistía General de 1993, que puso punto final a las secuelas de la guerra interna que vivió El Salvador (1980-1992).

“Si me preguntan a mí si voy promover una iniciativa para derogar la Ley de Amnistía, no, no lo voy a hacer. Derogar la Ley de Amnistía implicaría crear un clima de ingobernabilidad, implicaría crear un clima que no permitiría construir un futuro… porque hay que ubicarnos en el momento en el que estamos; la derogatoria de la Ley de Amnistía, lejos de contribuir a la reconciliación, por el contrario, abriría heridas”, ha declarado Funes.

Esta declaración dejó perplejos y sin piso a los abogados y activistas de las organizaciones de derechos humanos de ese país, hermanos gemelos de la Coordinadora Nacional de DDHH peruana, quienes creyeron que había llegado la hora de la venganza contra las fuerzas armadas que combatieron a la guerrilla comunista.

Al ver que este camino se les ha cerrado, los “caviares” salvadoreños, están presionando ahora para que el nuevo Congreso anule las reservas hechas por El Salvador al suscribir los tratados internacionales sobre derechos humanos, y reconozca jurisdicción de la Corte Interamericana de DDHH sobre el país centroamericano.

Funes y los líderes del FMLN tampoco han aceptado esta propuesta porque se han dado cuenta que si lo hacen tendrá los mismos efectos prácticos que una anulación de la Ley de Amnistía, pues el control que ejercen los “caviares” en la Corte IDH obligaría después al estado salvadoreño a abrir procesos judiciales contra los autores de los excesos de la guerra.

En apariencia, esta posición contradice los lineamientos estratégicos del FMLN en materia de DDHH, pero es todo lo contrario, ya que si se desata una cacería judicial de esa naturaleza no sólo irían presos ex jefes militares que son hoy líderes de los partidos de derecha, sino también varios ex jefes guerrilleros que son dirigentes del partido ganador de las elecciones, entre ellos el vicepresidente electo Salvador Sánchez Cerén.

Es obvio además que los juicios volverían a abrir viejas heridas, odios y rencores que fueron dejados atrás con el perdón instaurado por la Amnistía de 1993, dividiendo otra vez a sociedad salvadoreña. Los únicos beneficiados serían las ONG izquierdistas que recibirían ingentes sumas de dinero del exterior para asumir la defensa de los ex guerrilleros muertos y para hacer campañas contra el estado. Los peruanos sabemos bien como actúan esos grupos.

La dirigencia nacional del FMLN y el presidente Mauricio Funes, han optado por mirar hacia el futuro y continuar el rumbo de la reconciliación nacional iniciada en 1993, pero aún es prematuro pronosticar el desenlace final de esta historia, pues la izquierda estadounidense encaramada en el gobierno de Obama presionará al máximo al gobierno de El Salvador para que anule la Amnistía.

Veremos si las autoridades democráticas de ese hermano país logran resistir a esas presiones. Si lo hacen con éxito salvarán la reconciliación en marcha, de lo contrario se reabrirán viejas heridas y revivirán los demonios de una guerra que esa sociedad ya había decidido dejar atrás para construir su porvenir mirando solo hacia el futuro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s