Que se imponga la inteligencia

hemicicloPor Alcides Albente

  1. El reciente informe  periodístico del diario Correo sobre la congresista Hilaria Supa lo considero una injustificable  denigración contra una ciudadana. Diga lo que diga Mariategui eso es lo que fue. Sin embargo soy de los que creen en la idea de Bartolomé Herrera según la cual en el gobierno  y en general, en la conducción de los asuntos públicos de un país, debe primar la soberanía de la  inteligencia. Como Aldo Mariategui y muchos,  no deseo   un Congreso con representantes sin mayor preparación mas allá del  merito que les pueda otorgar el que tengan cabal conocimiento de las  necesidades de su localidad y el deseo sincero de atenderlos. No estoy de acuerdo que ciudadanos como esa señora estén en el Congreso, pero esas son las reglas, aunque opino que hay que cambiarlas.
  1. Creo que eso debe cambiar no por racismo, sino por que por el bien de mi país, prefiero ver allí a personas que tengan una adecuada preparación para que con eficacia puedan plantar las soluciones más eficientes a los grandes males del Perú. ¿Qué para eso no hace falta pasar por la escuela o la universidad? ¿Para que hace falta entonces? ¿Es lo mismo ser profesional que no serlo? El que digan que hay muchos profesionales que han llegado  al Congreso y no han hecho nada, no significa mucho realmente. Habrá que preguntarse  que profesionales son esos ¿serán   de Azangaro tal vez?

Le exigimos a un candidato   a Contralor que presente miles  de títulos y grados académicos y a un candidato  a congresista que apenas tenga más  de 25 años  ¿es eso lógico? Esos rollos están bien para los caviares (desde el centro a la izquierda) y para los rojos. Pienso que para que nuestro Congreso mejore es fundamental cambiar los requisitos de la representación y que esta se base  en aspectos tan importantes como la capacitación, la experiencia sumada claro esta, a la solvencia moral que es  inherente  tanto a los más brillantes profesionales como a los ciudadanos más analfabetos, pero eso no es suficiente para gobernar bien.

  1. Por otro lado, siguiendo la actuales reglas de nuestra infantil democracia, con que derecho se le puede decir  a esa mujer analfabeta, tu eres una ignorante y por lo tanto no puedes representar a tu localidad, si los que han tenido la capacidad  para ello,  nunca hicieron nada ni por Hilaria ni por su  familia, amigos o vecinos. Estos compatriotas solo han recibido como respuesta abandono y desprecio, a lo que han sabido sacarle buen provecho las izquierdas principalmente. En primero lugar y desde hace tantos años con los males que representan, la ortodoxa para su absurda “revolución campesina y proletaria maoísta”. Décadas más tarde a raíz de la derrota del comunismo por el capitalismo, la izquierda nacida de los eurocomunistas de Europa occidental, la caviar o cosmopolita – tal como la define el reconocido sociólogo alemán Ulrich Beck- para hacer dinero. También aunque en menor intensidad,  el centro político anodino e inconsistente, impulsados por el mero interés electoral. En misma proporción algunos liberales de izquierda  simplemente porque la derecha les huele mal (Toledo, Rospigliosi, Costa) y aun otros liberales  de derecha del fugaz   Movimiento Libertad y sus simpatizantes, movimiento político claudicante y opacado, que perdió una oportunidad histórica, ahora seducido por la izquierda caviar (Mario Vargas Llosa, Jaime De Althaus, Rosa Maria Palacios, Beatriz Merino).

Si   han recibido -no todos es verdad-  algún   beneficios del estado, ha sido gracias a los conservadores las pocas veces que gobernaron  el país en los treinta, cincuenta y noventa, a diferencia de las izquierdistas en todas sus variantes (desde el APRA hasta los comunistas), de los centristas populistas y pepecitas, y  de  algunos pocos aristócratas sin color político metidos a gobernantes, siempre dispuestos a cohabitar o compartir el poder con la izquierda para salvaguardar sus intereses particulares. Fueron aquellos, quienes impidieron en su momento el crecimiento de una  derecha conservadora, popular y patriótica y nacionalista en nuestro país, hasta hoy pendiente.

  1. Mariategui hecho una mirada equivocada del tema, los responsables del deterioro del Congreso no son las o los Supa sino la falta de una elite nacional comprometida con  el país. Sino como ejemplo vean   rol que juega la CONFIEP en este asunto.

El problema actual de esta representación poco eficiente nace en Lima y hace mucho tiempo. La falta de un elite social que asumiera desde el nacimiento de la republica su responsabilidad en la conducción política del estado nos ha llevado donde estamos en lo político, en lo cultural, en lo social, a pesar de los vientos favorables en la economía. Veamos algunas de sus particularidades.

  1. Existe en nuestra sociedad una frase característica muy petulante y muy común en nuestro medio destinada a  menospreciar el merito de otros: bah eso  yo  lo puedo hacer mejor! Aquello resume para mí la manera de cómo   un limeño carente de talento, de habilidad o de suficiente inteligencia, desaira a un compatriota dotado de dones para el arte, para la ciencia, para la política. Esa forma de actuar ha sido una característica fundamental de la elite limeña extendida a la clase media en buena medida. Por ahí que no exista realmente una derecha organizada.  Quien la debía  liderar en forma permanente, esto es la clase media, ha vivido contagiada   de esa lacra.

Ese limeño de todo tiempo, es portador de un virus tan más peligroso como el  porcino   que nos asecha: la envidia a lo que hay que sumar  la indiferencia y la indolencia como reza nuestro himno. La envida sin duda es un defecto humano, pero en nuestro país, y en particular en Lima, se halla la ciénega que incuba ese mal.

Uno habrá de preguntarse de adonde nace esto, y por que. Tengo una teoría. Ese comportamiento nocivo viene de un complejo social (uno de los tantos) nacido en la colonia, aparecido aun antes del  que padecen muchos mestizos, y más pernicioso aun. ¿De quien? de la aristocracia criolla. El complejo que sacude a muchos peruanos, se origina en esa aristocracia criolla que perteneció a la ciudad más importante de  la América española. Una aristocracia que fue siempre tratada con la punta del zapato por el Virrey y los altos funcionarios  españoles, que veían en ella a un grupo de inferior jerarquía, descendientes de andaluces o de aventureros desposeídos de linaje alguno, “venidos a gente” por el hecho de haber conquistado “tierras de salvajes”. Es ese   complejo, el  que los convertiría en una elite veleidosa, superflua e incapaz de defender   ninguna causa que no fuese la suya, y por ende siempre más atenta a los cambios de la moda que a los adelantos políticos o tecnológicos. Que ocurrió entonces cuando por arrastre se vieron al frente de un cambio de régimen político. Oportunistamente se plegaron a él (algunos hasta dieron dinero), lo aplaudieron (salvo   excepciones como Torre Tagle). Poniéndose a tono con los nuevos tiempos, se quitaron   los  “des” y “de las” de sus apellidos y todo continuó igual o mejor que antes.  No fue su interés asumir la conducción de la republica naciente, y esto por que es previsible  que sean las elites las  que tomen las riendas de los destinos de las naciones, principalmente en los procesos de formación.

¿Que hicieron entonces?, ninguna otra cosa que significara pesar del chisme cortesano  o de la conspiración de salón. Conspiraciones que, por ejemplo, acabaron por expulsar del país a seres muy superiores a ellos, como don José de San Martín que fue victima de las miserias de estas gentes, que después adularían rastreramente a Bolívar. Precisamente a ese enemigo del Perú a quien aquellos caballeros bien en secreto llamaban zambo -que lo era-   como  dice Garcia Márquez, lo adulaban a más no poder y se desvivían por recibirlo en  sus grandes residencias, y una vez ahí, le daben mil atenciones y le ofrecían a las hijas y si estas no eran suficientes a la mujer. Y esas cosas se mantuvieron. Se dice por ejemplo que algunos Miro Quesada estuvieron dispuestos a dar a una de sus herederas a Sánchez Cerro una vez encumbrado. Recomiendo leer el General en su Laberinto de don Gabo y también la novela socio-política El Conspirador de Mercedes Cabello de Carbonra escrita en 1889, para abundar un poco mas  en lo que aquí describo.

¿Y eso en que terminó todo esto? En  la anarquía de los caudillos, lo demás es conocido. “Mientras no se metan conmigo y mis propiedades, respeten mi estatus de nuevo amo   de estas tierras, libre ahora  de la odiosa presencia de los godos, que hagan lo que quieran”. Y entonces  muchos mestizos ambiciosos, aprovechando esa ruin renuncia, se hicieron militares para hacer política y así disputarse el botín que habían dejado los españoles. Por supuesto que tanto en esa elite como en los caudillos, hubo personajes muy probos y bien intencionados que intentaron hacer patria, pero que fueron desgraciadamente la excepción, siendo vencidos por la mediocridad, el interés individual y el sórdido egoísmo germen de la perdida de tanto territorio y de tantas riquezas.

Y de la aristocracia criolla, pasamos a la guanera, de la guanera a la terrateniente y de este a la  banquera y así. Nada cambio, solo los apellidos, pero la elite siguió siendo la misma en el concepto. Hoy la realidad es más compleja, pero aun estoy seguro de que aquel  mal persiste. He aquí la gran tragedia nacional: la falta de elite comprometida y patriota como si la tuvieron otros países de la región,  lo que ni un TLC ni un libre mercado, ni las transnacionales, habrán de  reemplazar adecuadamente como los liberales sueñan. Si no surge una elite  que intervenga responsablemente  en política, como sucede en otros países, tanto en el partido, como en la conducción del estado, las cosas no mejoraran realmente, a pesar de los éxitos económicos, que no son más que números. Solo con ellos no  se construye un país exitoso.

Ayer los Prado y compañía lloriqueaban por que Velazco y sus coroneles les habían arrebatado sus bancos y sus tierras. Cabe preguntarse ¿en cuanto contribuyó esa gente para que aquello sucediera?, o mejor dicho  ¿que hicieron para evitarlo?, o será verdad que alguno de esa elite putrefacta y caprichosa, animo a ese malhadado general, para que  consumara el gobierno más desastroso de la historia del Perú, que habiendo registrado tantos malos, ya es bastante decir.

Con Velasco el remedio fue peor que la enfermedad, pero por lo menos sirvió para que esa gente  encontrara su justo castigo y con el desaparecieran como elite. Se lo merecían, al fin y al cabo. Ojala que esto no se vuelva a repetir y que una nueva elite asuma esa responsabilidad, empezando por enseñarle a sus hijos a respetar a todos los ciudadanos, no importe su condición y a que no piensen que  el estado no  sirve para nada, ni que todo se  compra con dinero. A que no se acostumbren a creer que ellos están por encima de la democracia, sino más bien que les inculquen patriotismo,  respeto a sus compatriotas, no digo menos favorecidos para no emplear términos caviares o marxistas, sino que no tuvieron la  suerte de nacer en lugares donde nada material hace falta. Enseñarles a ser solidarios y generosos con los niños y ancianos que nada poseen. Esta nueva elite debe enseñarles a sus hijos a forjar una visión triunfadora y promisoria para el país y compartirla con sus compatriotas.  También  guiar a esa buenas señoras que con el desprendimiento y la generosidad  que no tuvieron sus abuelas, donan su dinero y asisten personalmente a tanta gente que lo necesita en un  verdadero sentido cristiano y  católico, mas allá de las que se dan golpes de pecho en los templos sanisidrinos sin mover un dedo por el prójimo mas que la  limosna, fácil tranquilizadora de conciencias. Guiarlas para que su solidaridad sea mas eficaz, como sucede con una señora hindú, empresaria de  76 años llamada Ela Bhatt, que ha construido un imperio formidable de cooperativas que ha sacado de la pobreza a miles de mujeres en la India, apostando por el trabajo eficiente y de calidad en sus productos  que colocan en el   mercado, lo que les ha permitido entre otros beneficio formar una importante red de  seguridad social independiente del estado.

  1. Construir una elite que logre por fin conducir los destinos del país por una verdadera senda de progreso, más allá del espejismo que hoy vivimos. No hay otra forma, no puede un país alcanzar un superior destino, si los ciudadanos mejor ubicados social y económicamente continúan viviendo de espaldas a la realidad, ni sin que  tomen las rindas,  no apuesten por su patria, y no se decidan en participar en la vida política desde el partido o desde el estado.  Tienen la ventaja de su educación, lo que les brinda la suficiente   capacidad para contribuir a resolver los problemas de todos con mas eficiencia, desde los mas encumbrados hasta los mas  humildes, y  que a su vez sumen   esfuerzos con los ciudadanos de otros ubicaciones sociales  con las mismas capacidades o habilidades para juntos construir una Nación exitosa en todo sentido, desde el fútbol hasta la tecnología, en el que todos nos veamos beneficiados, antes de favorecer a vecinos como buen parte de las elites extintas hicieron en su momento.

Es tiempo de promover el movimiento revolucionario del los treinta (dejando de lado su absurda inclinación por el fascismo,   que   mucho de   peliculina tuvo), que tanto arraigo popular alcanzó y que resurgió  en los noventas, pero que por desgracia, por la falta de visión de Alberto Fujimori dejo que se le escapara entre los dedos. Una revolución conservadora que se refunde en el difunto Partido Nacional Democrático de Riva Agüero. En efecto, es hoy momento de reconstruir la derecha popular, la derecha conservadora, germen, garante  y protectora  del patriotismo, de la tradición, del orgullo, de  la dignidad, del orden, de la autoridad, de libertad, de la familia, de la propiedad  privada que valore la historia como fuente de su identidad. Esa derecha que se indigna cuando se habla de pisco chileno, esa derecha que primero piensa  en su buen nombre, en el de sus padres, en su dignidad, antes que en su billetera.

Una resolución conservadora, tardía, pero posible, es el  único medio   capaz de hacer que el modelo  económico que hoy nos favorece, sea sostenible en el tiempo y que  a su vez, pueda hacer posible un cambio social, como sucedió en Alemania donde  el conservador Bismarck  fue el padre  de la seguridad social o aquí mismo con  los conservadores Benavides con la salud y la seguridad social y  Odría con la educación, quienes por encimas de sus errores establecieron eficientes políticas de estado en estos campos que desafortunadamente las orientaciones políticas que aquí menciono, contribuyeron decisivamente a  tornar en ineficientes, costosas, burocratizadas y ajenas a todo buen servicio que los funcionarios públicos están obligados a brindar a la  sociedad.

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