Apuntes sobre el futuro del fujimorismo

Por Alcides Albente

 

Luego de la indignante sentencia contra  el Presidente Fujimori, es necesario hacer algunas reflexiones sobre el futuro del movimiento que el fundó y que permitió que el Perú siguiese existiendo como tal. Por que así iba a ser la cosa: el Perú como lo conocíamos hasta ese momento desaparecía. Y a los gringos no les iba a interesar, y la OEA no hubiese podido hacer nada.

Para cuando la comunidad internacional hubiese reaccionado ya habríamos  contado por lo menos un millón de muertos. Esto en razón de que, siguiendo la absurda lógica del ex CVR, aun si haber capturado el poder Sendero ya habían matado 70,000 personas, ¿cuantas mas asesinatos hubiesen ejecutado de haber vencido?.

Sin embargo,  es una lástima que después de tantos años en la política, los seguidores de Alberto Fujimori no hayan comprendido que para vivir con estabilidad bajo un régimen democrático se necesita de un sistema de partidos políticos sólido.

Los fujimoristas siguen creyendo que la democracia se limita a las elecciones, y para ello, cada vez que les toca participar en ellas crean carteles electorales a los que llaman partidos, como sucede con el aun nonato Fuerza 2011″. Aquella es una demostración de que después de casi dos décadas en la política nacional no han sido  capaces de superar el  caudillismo.

 El hecho de seguir llamándose fujimoristas implica continuar haciendo política en torno a una persona y no a un partido. Y partido político, quiere decir, por si no se han percatado, un grupo de personas identificadas con un conjunto de ideas políticas articuladas en una institución organizada que trascienda a sus fundadores, donde claro esta, aquellos ocuparán siempre un lugar preponderante.

Por el contrario, los fujimoristas siguen creando y cerrando “partidos” como chifas. El partido para ellos es un medio y no un fin. La institucionalización de los principios políticos que los une, que por cierto son los de miles de peruanos, no es importante. Lo importante es el caudillismo, el endiosamiento de la persona.

 Todas esas personas, entre las cuales existen muchas muy bien intencionadas, solo pueden hacer política a través de los Fujimori, de Alberto, de su hija mayor, después vendrá su otro hijo o hija, y si así logran saltar una generación más, cosa que dudo, continuarán los nietos del Patriarca, como si fuera una dinastía nipona. Lo gracioso es que estamos en el Perú.

 Si no construyen un verdadero partido con elecciones internas, como ideario político, con foros, con alternancia, que trascienda mas allá de la familia del fundador del movimiento, desaparecerán antes de una década, o sobrevivirán como la democracia cristiana ¿alguien se acuerda de ella? Por ahí anda.

Evidentemente lo que aquí recomiendo no es fácil, es un proceso que debió empezar hace rato con miras a las elecciones del 2011. Se debieron dejar de lado los slogans, fuerza no se que, cambio por allá, vamos para acá, o cosas por el estilo que son propias de movimientos y no de partidos políticos que pretenden hacer historia y sentar las bases para una nueva era democrática en el Perú, desterrando uno de los males congénitos mas dañinos a decir de Bartolomé Herrera: el caudillismo.

El fujimorismo, lo quieran o no sus seguidores, representa la derecha en el Perú, la cual es por lo menos un tercio del electorado. Su reto es encontrar líderes con proyección para que le den continuidad democrática a un partido permanente, sobre las bases del fujimorismo. A estos líderes se les debe formar, como hace todo partido político serio en el mundo, para que, llegado el momento, “candidateen” a la presidencia.  

La derecha que representa hoy el fujimorismo, pero que en el futuro mediato deberia convertirse en un gran partido político, se dejó influenciar demasiado por el liberalismo de Vargas Llosa, aunque tuvo un componente popular importantísimo.

En efecto, la posibilidad en términos de posicionamiento en el espectro político calza más con una derecha popular y conservadora en el sentido filósofo-político del término, como la UDI en Chile. Ese partido aunque disminuido sigue siendo una fuerza electoral importante.

El Perú necesita una derecha popular, patriótica, nacionalista en el buen sentido, pragmática en economía, es decir, favorable al mercado pero no fanática de este. Una derecha partidaria del fortalecimiento del Estado, como institución garante del orden, centinela de los valores más caros de nuestra sociedad, sustentados en la tradición. Con ello, se separa del liberalismo diestro, y recobra su poder en el sentido hegeliano.

Con esa derecha, el Estado debe tener el tamaño que la sociedad requiera para alcanzar el bien común, en estricto control y modulación para que no se convierta en un lastre como el que fomentaron las socialdemocracias europeas de los años sesenta y setenta con su keynesianismo despilfarrador e ineficiente.

La mejor recomendación que puedo hacer es que refundan, en el mediano plazo, el Partido Nacional Democrático del gran filósofo político conservador y destacado patriota, Jose de la Riva Agüero, impulsor de un nacionalismo regenerador sobre la base de la tradición y los valores cristianos, así como de la cultura andino-occidental-amazónica que nos identifica.

Deberán crear una doctrina partiendo de referentes que pueden hallarlos en la  filosofía política de Bartolomé Herrera y de su heredero Riva Agüero. El reto es grande, ojalá lo tomen por el bien del país.

El principal interesado debería ser el propio Alberto Fujimori. Esto en razón de que al gestar un solo y único partido que se convertirá en el más importante del país, impedirá que el estigma de dictador que le ha impuesto la izquierda política – la caviar- prevalezca  en la historia del país.

Fujimori debe recordar que los leguiistas, odriistas, velazquistas y demás,   en su momento no sobrevivieron como movimiento político mucho tiempo a su líder. En cambio, civilistas, apristas, populistas lo consiguieron.

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