VRAE: Que la historia no se repita

 

La matanza de Sanabamba, en la selva de Huanta, Ayacucho, ha sido producto de la indolencia del gobierno y de la pseudo “sociedad civil” frente al drama cotidiano que viven nuestros soldados en el valle Apurimac-Ene (VRAE), al tener que combatir en condiciones materiales y psicosociales pobres y desventajosas.

            ¿Cuántos soldados más tienen que morir para que el gobierno aprista tome la decisión clara de apoyar a esas fuerzas como corresponde logística y políticamente? En el último año, el terrorismo ha asesinado a 50 policías y militares. Sólo en Sanabamba se ha apoderado de 19 fusiles automáticos y cuatro lanzagradas que fortalecen sin duda su capacidad de fuego.

            Pedir ahora la renuncia del titular de Defensa, Ántero Flores-Aráoz sería lo más fácil (deseos me sobran y también razones), pero de ninguna manera podemos entregarle a Sendero Luminoso la cabeza de un ministro después de este duro golpe.

            Pero sí tenemos que señalar claramente que a Flores-Aráoz el cargo le ha quedado grande, da la impresión de que está allí solamente por figuración política, porque, en lo que va de su gestión, poco o nada han cambiado las cosas en el VRAE y en las fuerzas armadas.

            En otra de las ya recurrentes frases infelices que suele acuñar el ministro, ha dicho “ganaremos la guerra, este ataque no debilita la moral de las fuerzas armadas”. ¿Cómo que no debilita la moral de los soldados? Por favor, más seriedad y responsabilidad. Claro que sí los desmoraliza, porque no se trata solo de las balas arteras del enemigo. Veamos.

            Nuestros mandos militares están impedidos de hablar sobre las condiciones precarias en que tienen que combatir porque si lo hacen los dan de baja, en una interpretación totalitaria de la obediencia debida al poder democrático que no respeta la libertad ¿Y las vidas de los soldados acaso no cuentan para nadie?

            Para derrotar al terrorismo se necesita, en primer lugar, tomar la decisión política de enfrentarlos para acabar con ellos (ojo: acabar no es asesinar), algo que el gobierno no ha tomado hasta ahora. La actual ofensiva ha sido una iniciativa del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas que después fue apoyada por el Ejecutivo.

            ¿Hemos visto acaso al presidente Alan García visitar nuestras bases contra terroristas en el VRAE, o visitar los pueblos de ese valle buscando que ganar la adhesión ciudadana al desarrollo sin terrorismo y sin drogas? No lo recuerdo.

            Al único que hemos visto en esa región es al presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simón Munaro, pero él no es el jefe de Estado. El presidente de la república es quien debe liderar esta lucha nacional en defensa de la paz y la democracia, aún a riego de que después lo acusen de violador de derechos humanos. Es su deber.

            Está claro que el gobierno actual tampoco ha tenido ni tiene una política integral de lucha contra el terrorismo, por ello continúa aplicando el burocrático e inútil Plan VRAE que promovió el Instituto de Defensa Legal (IDL) durante el régimen de Toledo. Esto es lo que realmente ha fracasado, la izquierda ha fracasado como siempre.

            Según ese plan, la acción militar debe ir de la mano con el desarrollo económico y la lucha antidrogas (lo mismo que dice Jaime Antezana, de la Universidad Católica), lo cual es absurdo porque sin una pacificación previa nadie ingresa a esa zona a invertir o trabajar.

            La experiencia reciente de los años 90’ ha demostrado que las cosas funcionan así: mientras el país estaba convulsionado nadie invirtió ni medio sol. Después que fue pacificado las inversiones llegaron incontenibles. La fórmula del IDL equivale a convivir con el terrorismo indefinidamente, pensando acaso en llegar a un entendimiento con éste, como en Colombia.

Allí está, casi pintado en la pared, el Jefe Político del VRAE, una sombra que nadie conoce, lleno de proyectos bonitos e interesantes, algunos inclusive con financiación asegurada por ONGs, pero imposibles de ejecutar porque la presencia terrorista armada lo impide.

            Si nuestros militares no han podido vencer al terrorismo en el VRAE hasta ahora no es porque carecen de buenos planes ni de capacidad de combate, sino porque han encontrado frenos y obstáculos que no se los pone el enemigo, sino el propio estado peruano. Esta es la verdad que nadie quiere decir en voz alta.

           

           

            La tragedia de Sanabamba se ha producido como consecuencia de esa falta de decisión política que impide dotar a nuestras fuerzas armadas de la logística mínima necesaria para combatir con éxito.

            Los soldados asesinados a sangre fría hace pocos días viajaban en camiones por una trocha ideal para emboscadas porque no había un helicóptero para transportarlos. La ofensiva en el VRAE tiene solo tres helicópteros, dos de los cuales dos están “no operativos”, o sea que tienen apenas uno para todas las operaciones. ¿Acaso esto no es enervante?

Esto explica por qué el ministro Flores-Araoz no supo cuantos soldados habían sido asesinados sino hasta tres días después de ocurridos los hechos. En otras palabras, nuestros soldados son soltados en el monte y dejados allí sin un apoyo militar ni logístico oportuno e inmediato, convirtiéndose así en presas fáciles a merced del depredador.

            Cuando se realizó la Operación Aries (1995), que acabó con los terroristas asentados en la margen izquierda del Huallaga, las tropas combatieron con el apoyo permanente de cuatro helicópteros, uno de ellos de combate. Es que a diferencia con lo que ocurre hoy en el VRAE, entonces sí hubo decisión política desde lo más alto del gobierno.

            Las tropas que actuaron en esa operación, según me han contado sus jefes, tenían teléfonos satelitales y hasta cuatro fuentes de información diversa que les permitía conocer dónde estaban los terroristas, hacia dónde se desplazaban, cuantos eran, qué armamento tenían, cuantos formaban la “masa de apoyo”, etc.

            Esta información era comprada por lo general a colaboradores o terroristas arrepentidos, algo que no pueden hacer ahora porque los “sabios” del IDL impusieron que todos los gastos de inteligencia tiene que ser justificados con recibo o factura, aún en los escenarios de guerra contra el terrorismo. ¡Como si los arrepentidos tuviesen RUC!

            Por falta de presupuesto, los comandos de operaciones militares tampoco cuentan con el número de hombres debidamente preparados y experimentados en combate en la selva, por eso es que entre las víctimas de los ataques terroristas hay siempre una cifra considerable de reclutas. Cuando hay decisión política, tampoco hay problemas graves de este tipo.

            En otro plano, nuestros soldados en el VRAE tampoco tiene un apoyo del gobierno frente a las acusaciones de violaciones de derechos humanos promovidas por las ONG de origen marxista o pro marxista que justifican el terrorismo. Un diario publicó este domingo que ya hay más de 200 militares denunciados bajo esas acusaciones, entre ellos dos que murieron asesinados por Sendero Luminoso.

            El ministro Flores-Aráoz ha dicho que nuestras tropas en el VRAE deben sentirse tranquilas porque hay un juzgado militar en Pichari, pero no ha dicho que, según la ley vigente de delitos de función militar, ese juzgado sólo puede conocer casos administrativos, porque si se produce un combate y durante el mismo resulta herido por casualidad un civil, de inmediato el caso pasa a manos de la tenebrosa “justicia antiterrorista”, que más propiamente debería llamarse “antimilitar”. No importa que la zona esté en emergencia y que haya lucha armada, igual son juzgados como criminales comunes.

             En síntesis, el fracaso en el VRAE no es de nuestros militares, sino del gobierno, que no tiene decisión política ni estrategia antiterrorista (tampoco parece interesarle tenerla), y de las tesis trasnochadas del IDL. Como consecuencia de esto nuestro ejército debe combatir con un solo helicóptero, incomunicado, con novatos, con patrullas abandonadas en la jungla dominada por los criminales y, por si fuera poco, bajo la amenaza de ser perseguidos por la justicia “antiterrorista” ante la indiferencia del presidente.

            Señor presidente Alan García, póngase usted al frente de esta lucha en defensa de la democracia y de la paz, lidere usted a nuestra nación en este esfuerzo, no abandone a nuestros soldados y trace un rumbo claro hacia la victoria definitiva. No repita usted el error de su primer gobierno, cuando se desentendió del tema y se lo dejó en manos de los militares para que estos lo enfrentaran y resolvieran como pudieran. Que esa historia no se repita.

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2 comentarios en “VRAE: Que la historia no se repita

  1. como van a combatir con fusiles FAL que tienen mas de 50 años de antiguedad, no les dan buen rancho mi medicina y encima los 200 soles no les alcanza para nada y estos valeroso soldados van a combatir por amor a la patria porque ahi no combate ni un hijo de presidente, congresista o sea ni un hijo de adinerado.

  2. desde 1532, lo mismo de siempre.Indios contra indios, Los patrones y los jefes desde el balcon, llevándosela toda.Ya no al reino de Castilla y Aragón, ahora la depositan en Miami, Isla Caiman, Las Bahamas, y otros paraisos financieros solapa, sino pregúntenle al antiterrorista victorioso (a)chino-rata, o al otro q tambien lo conocemos pero mejor no lo menciono.Siguen los ilustres nombres…
    Hagan sus apuestas que ya vienen las “elecciones”.

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