Un crimen sin nombre

 

Por: Juan Gonzáles Sandoval

fuji3A quienes hemos luchado contra el terrorismo directamente, cara a cara, no puede sino indignarnos una sentencia como la que se ha aplicado al ex presidente Alberto Fujimori, 25 años, por haber creado las condiciones legales, materiales y sicológicas para que el Estado derrote al terror polpotiano y su proyecto genocida es el mayor absurdo de la historia del Perú.

Porque no tiene sentido ni lógica ni justificación alguna que se pretenda convertir casos aislados, que por lo demás abundaron en los periodos presidenciales de Fernando Belaunde (1980-1985) y Alan García (1985-1990), en política de Estado ni a un estadista probado en cabecilla de un grupo de desquiciados. Forzar, como se ha hecho, la teoría del autor mediato, para que sirva a los intereses de odios primitivos y ambiciones políticas pedestres, a expensas del futuro del Perú, es un crimen sin nombre.

El Perú es el país que probablemente tenga la mayor cantidad de “juristas” por metro cuadrado en el mundo. Un buen número de ellos se ha apresurado a expresar su coincidencia con esta aberrante sentencia sin pruebas y con consideraciones que carecen de sentido común. Pero ninguno de ellos fue capaz de contribuir a que la Constitución de 1979 tuviera herramientas legales para combatir al terrorismo. Por eso que éste utilizó todos los resquicios de la 

legalidad burguesa para destruir la democracia peruana y de paso presionó e intimidó a muchos magistrados, que temiendo por su vida y seguridad liberaron terroristas convictos y confesos.

Entre 1980 y 1990 el Perú era formalmente una democracia gruyere, llena de huecos de autoridad. En esos huecos o espacios gobierna el terrorista: universidades, academias, cárceles, pueblitos y aldeas de zonas altoandinas y selváticas. Los gobernantes, congresistas y magistrados dormían con el enemigo, los empresarios cada día se largaban del país.

Solo los miembros de las Fuerzas Armadas (FF.AA) y la Policía Nacional debíamos quedarnos a resistir al enemigo que cada día crecía, se fortalecía, avanzaba victorioso hacia sus últimos objetivos. Los hombres de uniforme teníamos que poner la cara, el cuerpo, el alma, sin pensar en nuestras mujeres y nuestros hijos. Pero combatíamos en las peores condiciones, con los males de siempre: mal rancho, mal uniforme, pocas armas y sueldos de hambre. Y aún así debíamos cumplir las misiones que los políticos encargaban a la superioridad.

La guerra la estábamos perdiendo y por eso es que la desesperación hizo entre 1980 y 1990 que unos cuantos locos perpetraran crímenes similares a los del enemigo terrorista. Después de 1990, como dijo Fujimori, solo hubo inercia, pero la forma de combate cambio. Sí, señores jueces: HUBO MENOS VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS GRACIAS A FUJIMORI. Y ahora ustedes, como si no hubieran vivido en el Perú, como si no fueran peruanos, condenan al hombre que pacificó el país.

Que militar o policía querrá luchar por la democracia en el futuro. Qué presidente se pondrá los pantalones. ¿Qué han hecho, por Dios, señores jueces?.

* De 1986 a 1988 en su condición de fundador del Departamento Contra el Terrorismo de Cuzco, tuvo una ardua labor en la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso que causó pánico en la zona. Desarticuló todo el Comité Regional Sur de Sendero Luminoso, comié que fue autor de asesinatos a militares, policías, alcaldes, dirigentes sindicales y comunales, así como de la volcadura de un tren repleto de turistas que perecieron. Su accionar policial de tres años, permitió pacificar toda la región sur del país: Cuzco, Puno y Arequipa. Logró un clima de tranquilidad y de confianza para la inversión nacional y extranjera, lo que permitió impulsar nuevamente el turismo. Estas acciones ameritaron su ascenso al grado de Comandante, por acciones distinguidas y meritorias en la lucha contra el terrorismo.

De 1990 a 1995 en la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE), dirigió y participó en la desarticulación de las células tanto de Sendero Luminoso como el MRTA, capturando a sus principales cabecillas. Con su oportuna intervención evitó la destrucción de instalaciones públicas, privadas y muerte de gente indefensa, igualmente frustró el aniquilamiento de prominentes empresarios, así como de autoridades policíales, civiles y militares.

Frustró la toma del Congreso de la República con la captura de los terroristas del MRTA Miguel Rincón Rincón y la norteamericana Lory Berenson; liberó sano y salvo al empresário Raúl Hiraoka Torres, secuestrado y extorsionado durante siete meses por la cúpula del MRTA dirigida por el chileno Petrussi Castillo y otros. Todos ellos fueron capturados y se pudo descubrir así las mal llamadas cárceles del pueblo, lugares donde torturaban a indefensos ciudadanos con el único propósito de chantajearlos, extorsionarlos y de paso tener atemorizado al país entero.

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Un comentario en “Un crimen sin nombre

  1. la sentencia es correcta, hasta ahora nadie ha podido identificar los errores:
    conclusiones.
    1. si se puede condenar con indicios (plural), incluso sin prueba directa.existe una acuerdo plenario en ese sentido.
    2. es tecnicamente correcto decir que las victimas de la cantuta no eran terroristas. es una medida de reparación y fue objeto de debate.
    3. el terrorismo no gana con la sentencia. no tiene nada que ver la matanza de barrios altos (heladeros en una pollada, con un niño de ocho años muertos) con los crimenes del senderismos.
    4. nakasaki perdio porque estaba obligado a no tocar a montesinos.
    5. existen pruebas sufientes de la culpabilidad de fujimori (video martin rivas, grabación sosa, reunion montesinos, anmistia, tanques de hermoza en el congreso, partida presupuestal, declaracion de montesinos al llegar de venezuela, etc, etc).
    5. existen pruebas de parcialidad de san martin para los dos lados (apoyo en el minjus en el 93). nakasaki debió recusar, no lo hizo.
    6. no se requiere prueba de que fujimori ordeno tal matanza. basta con que organizo colina o delego su organización.
    7. todo lo anterior, no excluye la posibilidad de un indulto. no es un crimen de lesa humanidad (es un asesinato simple).

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