Que la sentencia no abra más heridas

 

tribunalDiscrepo con Fujimori cuando sostiene que sólo él venció al terrorismo, o que sólo él apoyó a los Comités de Autodefensa (CAD) que derrotaron en el campo a las bandas terroristas Sendero Luminoso (SL) y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA).

Cuando él llegó al poder, los CAD ya existían y, junto con los militares, tenían a los terroristas en retirada en la sierra. También el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Dircote ya había iniciado su extraordinario trabajo de caza de los jefes terroristas.

Si los CAD y la Dircote no pudieron vencer definitivamente al terrorismo durante el primer gobierno de Alan García fue porque éste prefirió dejarle el problema a las fuerzas armadas, en vez de asumir el liderazgo en la lucha y de enfrentar a las bandas armadas dándole prioridad y respaldo político firme al trabajo que realizaban los ronderos y el GEIN.


También discrepo de la peculiar interpretación que tiene Alberto Fujimori sobre lo que es la democracia. Yo tengo la convicción absoluta de que el desarrollo de nuestra patria pasa necesariamente por la construcción de una institucionalidad democrática fuerte, sólida.

Él apuesta por la confrontación con las organizaciones políticas. Yo apuesto por la modernización y el fortalecimiento de los partidos políticos, para que estos sean verdaderas escuelas de cuadros de gobierno, líderes y estadistas, en vez de meros clubes electorales que abren sus puertas a la ciudadanía cada cinco años.

Sin embargo, estas y otras diferencias de enfoque histórico y político no me impiden reconocer que fue el único presidente que tomó la decisión política de enfrentar al terrorismo por medio de una estrategia integral que nos condujo a la victoria de nuestra sociedad. Nos guste o no, esto es historia.

Desde esta perspectiva, marcando las distancias políticas y por respeto riguroso a la verdad histórica que vivimos quienes sufrimos al baño de sangre que desató el terrorismo, considero que sería injusto que Fujimori sea condenado a prisión sin que existan pruebas de que haya ejecutado una política criminal para combatir a Sendero Luminoso y al MRTA.

 

¿Lo mismo que Guzmán?

 

¿En rigor con la historia, es Alberto Fujimori igual de asesino y genocida que Abimael Guzmán, como sostiene el fiscal? Esto me parece una exageración malintencionada, un argumento político ante la falta de razones jurídicas.

¿Cómo pudo Fujimori haber ordenado que sean desaparecidos los de La Cantuta y al mismo tiempo, en julio de 1992, haber incluido en nuestra legislación penal el delito de desaparición forzada de personas en calidad de delito permanente? ¿Cómo pudo hacer esto si, como dicen sus acusadores, es extremadamente frío y calculador?

¿Qué régimen criminal proscribe las redadas, permite que los fiscales entren inopinadamente a los cuarteles, ofrece a los terroristas la oportunidad del perdón en vez de asesinarlos, captura vivos a los cabecillas, busca el apoyo de la población en vez de reprimirla indiscriminadamente, invierte en construir en vez de hacerlo en matar?

¿Cómo se le puede condenar alegando que en un mensaje televisado a la nación dijo iba a cometer asesinatos, solo porque afirmó que su gobierno tenía la decisión de eliminar al terrorismo? ¿Alguien que decide cometer un crimen sale a anunciarlo por TV, es esto racional? Si fuese así, sería inimputable por demencia.

¿Se le puede condenar por haberle ordenado a Montesinos que Colina asesine, cuando no existe un documento escrito en que conste la orden, ni un testigo que diga yo presencié o escuché cuando le ordenó, o peor aún cuando ni siquiera se ha probado la existencia de vínculos entre Colina y el SIN?

 

Acusadores de paja

 

La acusación fiscal es tan débil e inconsistente que ha tenido que ser cambiada tres veces sobre la marcha: primero lo acusaron de ser el jefe de Colina, después de haber sido el “hombre de atrás” o autor intelectual, y finalmente lo acusan de no haber hecho nada para impedir que aquel destacamento cometiera ejecuciones extrajudiciales. Si no es por angas, es por mangas, pero lo cierto es que en ninguno de los tres casos hay pruebas ni testigos directos.

Sería una ironía que el presidente que venció al terrorismo sea condenado a morir en la cárcel por la presión que ejercen sus enemigos políticos sedientos de venganza, es especial aquellos que durante la cruenta lucha se la pasaron justificando el terrorismo y atacando a la democracia: las izquierdas marxista y católica pro-marxista que manejan las ONG de derechos humanos y manipularon la Comisión de la Verdad (CVR).

Ya lo dije antes y no me cansaré de repetirlo: Si Guzmán reclutó a 10,000 terroristas, al menos 9,500 fueron convencidos de tomar las armas por los viejos ultra izquierdistas que se hacen pasar hoy por neodemócratas, como por ejemplo Carlos Tapia, ex miembro de la CVR famoso por su frase “con los compañeros de Sendero Luminoso discrepamos en los táctico, pero coincidimos en lo estratégico”, pronunciada en 1983, en plena agresión terrorista.

Pero él no fue el único que predicó la lucha armada propiciando que miles de hombres y mujeres acabaran en la cárcel o el cementerio, también lo hicieron los marxistas-leninistas de los años 80’ que hoy dirigen ONGs de derechos humanos desde las cuales tienen el empacho de acusar sin haber asumido nunca su propia responsabilidad política por la tragedia.

El Jurado se ha retirado a deliberar el viernes pasado y dará su veredicto este martes 7 de abril, con una premura extraña, algo difícil de entender tratándose de un caso tan grande y complejo, a menos que ya tengan la resolución lista, como todo parece indicar.

 

¿Tribunal imparcial?

 

Hay quienes sostienen que el comportamiento del tribunal “ha sido impecable”. Yo discrepo, pienso que el vocal César San Martín debió inhibirse porque fue cesado del Poder Judicial por el gobierno de Fujimori, y que el pasado izquierdista de Víctor Prado ensombrece la imparcialidad que debería tener.

El tribunal hizo la vista gorda cuando la defensa denunció las graves irregularidades registradas en la fase de instrucción de los procesos, como la ausencia de un defensor de oficio en el 80% de las instructivas o la falta de una defensa efectiva por parte de los abogados de oficio designados después, quienes no quisieron o no pudieron trabajar como debían.

También recuerdo que el juez San Martín fue el primero en salirse del marco de la acusación fiscal primigenia al preguntarle al acusado, durante el primer interrogatorio y en tono de reproche, por qué no había hecho nada para impedir los crímenes de Colina.

El tribunal dispuso además, abusivamente, que Fujimori sea sometido a un régimen carcelario de confinamiento absoluto, más duro que el impuesto a Abimael Guzmán, sin razones que lo justificaran. Después se rectificó, no tuvo otra opción ante el escándalo.

Estos hechos me hacen pensar que el tribunal tiene una animadversión hacia el acusado y que puede dejarse arrastrar por esa actitud.

 

El veredicto de la historia

 

Espero que ello no ocurra y que los magistrados resuelvan ajustándose al derecho, sin ceder ante las presiones del juicio mediático, dejando en claro que en las sociedades democráticas a nadie se le condena sin pruebas ni indicios coherentes entre sí.

Existe jurisprudencia nacional en la sentencia del proceso seguido a Alan García por el caso Accomarca, en el que la Corte Suprema desechó la acusación de autoría mediata argumentando que un jefe de estado no puede ser garante del cumplimiento de las políticas de su gobierno ni de las acciones militares.

El mismo razonamiento fue invocado por la Corte Penal Internacional hace poco para absolver de la misma acusación al ex presidente serbio Milan Milutinovic, en una sentencia que también es jurisprudencia válida para el caso Fujimori.

Una resolución condenatoria abriría una herida enorme en la sociedad y echaría por los suelos el prestigio del Poder Judicial ante los ojos del mundo, porque tendría que estar sustentada en cualquier cosa menos en pruebas y testimonios. Sería una vergüenza enorme.

Sea cual fuere el fallo del tribunal, el juicio a Fujimori nos ha permitido reflexionar sobre aquellos años dolorosos del terror, rememorar los horrores que sufrimos para que se los contemos a nuestros hijos, valorar la paz y la democracia que nos legaron nuestros mártires y héroes de la pacificación, y comprender que, en última instancia, siempre prevalece el veredicto de la historia.

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Un comentario en “Que la sentencia no abra más heridas

  1. HOLA…AMIGUITOS, BASTA CON ESE CUENTAZO DEL GEIN…ESO SOLO EXISTE EN LA MITRA DEL MANIACO BENEDICTO…SEÑORES, ESE GEIN NACE EN MARZO DE 1990, EN MEDIO DE UN PAIS DESBARRANCADO Y DESACREDITADO…FUE EL PRESIDENTE FUJIMORI QUIEN CREO DESDE CERO LAS INSTITUCIONES PUBLICAS QUE PRONTO RECIBIERON RECONOCIMIENTOS INTERNACIONALES POR SU EFICIENCIA…HASTA ANTES DEL FUJIMORISMO TODAS LAS INSTITUCIONES PUBLICAS ERAN SOLO CASCARONES Y PURO LOGO CORROIDOS POR LA CORRUPCION…GRACIAS

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