Campaña sucia contra Giampietri

 

El Grupo Especial de Inteligencia de la policía antidrogas (GEIN Dirandro) no ha hallado ni siquiera indicios de posibles vínculos ilegales entre el primer vicepresidente de la república, vicealmirante (r) Luis Giampietri Rojas, y el principal implicado en el caso de los “petroaudios”, contralmirante (r) Elías Ponce Feijoo, sin embargo, la poderosa maquinaria mediática toledista, con La República a la cabeza, ha desatado una campaña sucia destinada a implicar al vicepresidente de la república en dicho escándalo, a partir de una manipulación maliciosa de ciertos hechos.

Los argumentos de la prensa toledista – caviar son francamente ridículos y tirados de los cabellos. Sostiene que Giampietri debe ser investigado por el Ministerio Público por tres sin razones:

 

          Porque es marino, igual que Ponce Feijoo; y

          Porque Ponce lo visitó el Congreso dos veces, el año 2007

          Porque Giampietri supuestamente recomendó a Ponce para jefe de inteligencia naval.

 

Para darle visos de verdad a la patraña, conocidos “analistas independientes” caviares y toledistas – siempre los mismos – han salido a declarar, circunspectos y con aires de sabihondos, repitiendo el mismo libreto: “está probado que existen vínculos entre Giampietri y Ponce Feijoo”.

¿Cuándo se ha probado eso?. Nunca. ¿Quién lo ha probado?. Nadie. ¿Qué clase de vínculos turbios están probados entre Giampietri y Ponce? Ninguno. Lo que se pretende es que sólo por ser marino, Giampietri tiene que ser considerado sospechoso del “chuponeo”.

¿Está probado que Giampietri recomendó a Ponce para jefe de inteligencia naval?. Tampoco, pero en vez de demostrar que su versión es cierta, el poder mediático exige que el vicepresidente pruebe que eso no es verdad. El mundo al revés.

No señor, para presumir la responsabilidad de un ciudadano cualquiera la sospecha debe basarse en pruebas fehacientes o en indicios razonables consistentes y coherentes entre sí, lo cual no existe detrás de las acusaciones mediáticas contra el primer vicepresidente de la república.

En el estado de derecho impera la presunción de inocencia, pero como los caviares son totalitarios y no creen en la democracia, actúan de manera aberrante, pisoteando los derechos humanos, acusando sin pruebas, violentando así las bases del estado de derecho.

El mensaje subliminal perverso de esta farsa es dejar por sentado que detrás de este caso de espionaje ilegal está comprometida institucionalmente la Marina de Guerra. Hasta ese extremo llega el odio y el antimilitarismo caviar.

Al complot se prestan dócilmente, para servir como cajas de resonancia, los congresistas del humalismo, como el rabioso Freddy Otárola, y también algunos tontos útiles desesperados por salir en los medios de comunicación y por mostrarse “políticamente correctos”, como el pepecista Juan Carlos Eguren.

Lo que sí está probado es que el ex ministro toledista Fernando Rospigliosi y el ex procurador fujimorista y toledista José Carlos Ugaz se prestaron a un juego sucio al manipular el caso para presentarlo como un escándalo de corrupción de todo el gobierno, cuando lo descubierto indica que es un típico caso de espionaje industrial.

También hay un espía arrepentido, convertido en colaborador eficaz, que señala que los “patroaudios” fueron pagados por la empresa Petrotech, de la que es gerente general el esposo de una connotada ex “chica Pandolfi”; mientras que otra acusada ha confesado que el primero en recibir las grabaciones ilegales fue un periodista caviar echado recientemente de El Comercio.

Como es obvio, y a diferencia del caso del vicealmirante Giampietri, sí hay indicios razonables consistentes y coherentes para que la Fiscalía investigue a Ugaz, a Rospigliosi, al marido de la “chica Pandolfi”, y al ex reportero de El Comercio.

Esto es lo que se busca ocultar con las acusaciones contra el vicepresidente. Pretenden convertir a Giampietri en el actor principal del escándalo, para encubrir así a los verdaderos protagonistas, que están embarrados hasta el cuello, y que sí tienen mucho que explicar a la justicia.

Y pretenden además, enlodar a la Marina de Guerra, haciéndole creer al país que esta es, en última y definitiva instancia, la “fuerza oscura” que maneja los hilos tenebrosos que mueven a sus dos supuestos títeres, Giampietri y de Ponce. Esta es la “coartada perfecta” de los verdaderos corruptos.

La verdad es que todo esto apesta a caviar podrido. Y se huele a leguas.

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