¿Dónde quedó el estadista Fujimori?

Por Juan Guillermo Mas Rosas

Cada vez más queda claro que el juicio contra el ex presidente Alberto Fujimor, es una venganza política en la que no existen pruebas concretas para responsabilizarlo penalmente de los excesos que se le imputan.

Hace unos días, el fiscal Peláez, haciendo gala de su ineptitud, cuando Jaime De Altahus le preguntó qué pruebas tenía contra Fujimori, solo atinó a mencionar la famosa resolución con la que el ex presidente felicitaba al grupo especial de inteligencia que fue destacado a la Dircote, presentándolo como supuestos miembros del mal llamado Colina, lo cual es falso. El pez por la boca muere. Evidentemente citó la que para el era la “prueba” más importante: la resolución. No es mi intención ahondar más sobre el tema judicial, porque la cosa es clara. No hay pruebas reales ni irrefutables. Y pese a que se dice mucho que los tres magistrados son probos,todo indica que el resultado final será una condena injusta.

Lo más grave no es que se le condene, sino que Fujimori haya sido enjuiciado por una de las acciones más importantes que se han ejecutado en la historia reciente del Perú, haber enfrentado políticamente al terrorismo hasta derrotarlo, lo cual es inadmisible .

Cuando las pasiones se calmen y la historia haga justicia, este capítulo será registrado como una injusticia cuyaresponsabilidad exclusiva será de la miserable clase política que tenemos.

Fujimori tampoco se escapa de esa responsabilidad y de esa vergüenza pública, por haber mostrado falta de hombría en los momentos cruciales del juicio. Aunque esto tampoco lo hace merecedor de la cárcel ni mucho menos.

Aunque sus seguidores se rasguen las vestiduras,  Fujimori se acobardó cuando tuvo la oportunidad de demostrar que en verdad era el estadista que admiraban los fujimoristas de los diferentes grupos y no lo hizo.

Le dio la razón a su ex mujer cuando ésta gritó a los cuatro vientos  que su ex marido era un pelele.

Se mostró como un pelele y un cobarde porque lejos de asumir la responsabilidad política de la lucha contra el terrorismo , y de desafiar virilmente a quienes lo juzgaban en una evidente venganza política, lanzó un grito que se oyó como suplica destemplada de una anciana indefensa.

Debió asumir su responsabilidad, librando de ella a quienes cumpliendo su política de estado lucharon contra el terror, y  debió señalar que si hubo excesos se debieron a que algunos fueron más allá de sus órdenes.

Su defensa legal le echa el pato a las FFAA. ¿Qué responden  los fujimoristas a eso?

Pudo haberles dicho a los jueces que el juicio era moralmente nulo, que eran un tribunal de venganza , y que los juzgaban porque él había hecho lo que el Poder Judicial y Ministerio Publico no se atrevieron a hacer en 20 años de guerra contra Sendero.

Les pudo haber exigido a quienes en ese momento  que le explicara al país con qué moral lo acusaban cuando ellos habían dejado libres a tantos terroristas. Pudo haberles exigido que le digan al país a cuántos asesinos terroristas enviaron a la cárcel por 20 años durante los años 80. Hubiesen guardado silencio porque ningún pasó una década preso .

Pudo decir que lo está juzgando el mismo Poder Judicial que a asesinos como Polay le rebajaron la pena a 32 años, al cabecilla Cárdenas Shulte a 25 años con derechos penitenciarios, más que lo que la Fiscalía pide para el ex mandatario.

Pudo, con coraje, desconocer a su jueces , porque el pueblo del Perú sabe muy bien lo que costó esa guerra, que fue ganada pese al estorbo que significó la administración de Justicia.

Pudo haberles exigido que antes de juzgar sus actos de gobierno, le explicaran al país por qué cuando decían que las leyes no les permitan se duros con los terroristas, no presentaron proyectos para modificar el código penal o lo que hubiese hecho falta para castigar a los terroristas. No lo hicieron pero hoy lo acusan.

En fin, pudo con furia e indignación exigirles a los jueces que expliquen por qué tanta lentitud cuando tienen que juzgar a los terroristas y por qué tan expeditos para emitir ordenes de captura contra los excombatientes contra el terrorismo. De esta manera hubiera resarcido a las FFAA que ayer fueron su sostén.

Nada de eso se atrevió a hacer,. Se dejó llevar por el mercader Nakasaki. Su miedo pudo más.

Si hubiese hecho esos desafíos, hoy tendría la admiración no solo de sus partidarios, sino de quienes vimos con escepticismo su gobierno.

¡Como hubiésemos querido verlo desafiante, corajudo , defendiendo con justicia la obra que lideró. Lo hubiésemos aplaudido a rabiar, humillando con su actitud valiente no a las personas, sino a lo que representan, es decir a ese Poder inepto que con su inacción favoreció al terrorismo, ¿O caso no fue esta la razón por la que se entregó a la Justicia Militar el juzgamiento de terroristas?.

Los tribunales militares tuvieron éxito y castigaron, en reemplazo de los a los que le correspondía hacerlo. Y, uno a uno, los cabecillas terroristas se fueron a podrir tras las rejas de por vida. Todos los que vivimos esa época somos conscientes de que nos quitaban uno de los más preciados bienes del hombre: la seguridad.

¿Que pretendían esos jueces, que la derrota de Sendero se diera sin perdidas de vidas, o para ellos solo es aceptable que Sendero y el MRTA maten en la lucha?.

Al final, lo que nos queda hoy de Alberto Fujimori es un tigre de papel que espera que la condena se quede en las autoridades militares de su gobierno. Solo quiere lavarse las manos y sacar el cuerpo, dejando a los uniformados que se coman las penas por derechos humanos.

No va ser así, por más que se lo diga el mercader. Nakasaki ¿O acaso cree que a Pelaez y a Guillén los han hecho “hombres del año” en el exterior porque son buenos profesionles y dignos de mención a nivel mundial?.

Les han dado esa presea, por que los Garzon y la caviarada intencional  ya la habían programado como parte de su estrategia para influir en la justicia peruana, lo cual no es precisamente difícil.

La condena a Fujimori es un objetivo primordial, para exhibirla como “escarmiento”. La suerte de Fujimori esta echada.

Ojalá me equivoque por el bien de nuestro país y de su seguridad.

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