La última de Aprodeh

La ONG de origen marxista Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) acaba de perpetrar una nueva traición al Perú, al haber reportado a su matriz, la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), que la democracia peruana ha desatado una persecución en contra de la “protesta social” y de los opositores políticos.

En una carta abierta dirigida al gobierno peruano, y divulgada a la prensa internacional, la FIDH afirma temerariamente que el gobierno democrático del Perú ha “criminalizado” las protestas sociales y la oposición política. Obviamente, tal afirmación se basa en los informes que la FIDH ha recibido de Aprodeh.

Lo grave del caso es que semejante “denuncia” ha sido divulgada profusamente en el resto del mundo y lo más probable es que sea recogida como cierta por importantes medios de prensa y líderes de opinión.

La FIDH, mejor dicho Aprodeh, sostiene que el gobierno persigue a 13 dirigentes comunistas peruanos, amigos de la banda terrorista colombiana FARC. Y lo sostiene a sabiendas de que es falso, porque sabe que la apertura del proceso judicial, al igual que cualquier orden de detención, son decisiones del Poder Judicial, no del Ejecutivo.

Deben estar confundidos porque en el modelo político que predican Aprodeh y los demás marxistas, el partido único que gobierna controla con mano férrea a la justicia. En términos coloquiales: el ladrón se cree que todos son de su condición.

La verdad es que los 13 son investigados por presunta complicidad con el terrorismo a partir de información hallada en la computadora personal del fallecido terrorista colombiano Raúl Reyes, ultimado por las fuerzas democráticas de ese país.

Es difícil creer que estén involucrados en actividades terroristas. Jamás han tenido los pantalones suficientes para llevar a la práctica su predicamento en favor de la lucha armada, siempre han traficado con ese discurso para captar el voto radical en las elecciones. Son solo oportunistas electoreros.

Pero demás, los 13 son libres de simpatizar con los terroristas colombianos, de tener estampitas con las fotografías de Reyes o Marulanda, de prenderles velas, y de rendirles mil homenajes, porque vivimos en democracia.

A menos que el juez que les ha abierto proceso tenga pruebas que demuestren que han cometido actos de terrorismo, es un exceso que haya dictado orden de detención y les haya negado conocer la acusación fiscal, atentando contra el debido proceso.

Aprodeh ha utilizado este aparente exceso judicial para aprovecharse políticamente del tema y desacreditar al sistema democrático, informando a la FID y al resto del mundo que los 13 son perseguidos por ser opositores De paso, ha soltado la falacia que sostiene que en el Perú se “criminaliza la protesta social”.

El comunicado de la FIDH no contiene precisiones respecto a esta última afirmación, pero se sabe que Aprodeh ha asumido la defensa de agitadores denunciados por haber destruido bienes privados y públicos durante varias asonadas violentas registradas en provincias. A estos canallas los persigue la justicia, no el gobierno, para que paguen sus delitos, no por manifestarse pacíficamente, ni por razones políticas, ni ideológicas.

Lo que Aprodeh busca es que los hechos investigados por la justicia queden impunes, para que en el futuro el vandalismo se multiplique como forma legítima de protesta, con el fin de debilitar desde sus bases al sistema democrático.

No olvidemos que Aprodeh es un apéndice del Partido Socialista de Javier Diez Canseco, uno de los precursores de la “lucha armada” en el Perú, convertido hoy en un acólito más del “santo padre” del populismo estatista y totalitario, Hugo Chávez, principal agente desestabilizador de la democracia en América Latina.

Si alguien nos dice que hay un gobierno que persigue de manera injustificada y arbitraria a quienes encabezan protestas sociales castas y virginales, y además acosa a sus opositores políticos, lo conclusión es que estamos ante un régimen dictatorial.

Ese es el otro objetivo político de Aprodeh: Hacerle creer al resto del mundo que el sistema democrático es represivo, anti-popular y autoritario, palabreja que han acuñado los marxistas para no utilizar el término correcto, totalitario, que los caracteriza a ellos

El mensaje de Aprodeh es el siguiente: La democracia burguesa no representa una solución para el Perú, ni para los demás países de América Latina.

Todos saben qué es Aprodeh, quienes están detrás de esta ONG, y cuales son sus intenciones políticas, pero nadie lo dice. Hasta cuándo tanta cobardía y complicidad.

(*) Director Ejecutivo del Instituto Paz, Democracia y Desarrollo (Ipades)

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