El plan anticrisis y las peras del olmo

Conversé hace unos días, por teléfono, con un familiar que vive en Boston, Estados Unidos, y me narró un panorama desolador de la recesión que se vive en ese país.

Me dijo que grandes empresas se declaran en quiebra todos los días, y que medianos y pequeños negocios cierran sus puertas de igual manera, en particular los restaurantes y lavanderías, agravándose así el desempleo.

En esa ciudad bastión electoral del presidente Barack Obama se han empezado a ver protestas callejeras de ciudadanos estadounidenses que exigen empleo, y también que las empresas dejen de contratar a inmigrantes ilegales.

El impacto recesivo se ha agravado con la llegada del invierno, temporada en la que siempre baja el empleo. Por este motivo, quienes tienen un puesto laboral trabajan ahora solo cuatro o tres horas diarias, es decir sus sueldos se han reducido a la mitad o menos.

La situación es tan crítica que muchos hispanos que han logrado acumular algún ahorro están regresándose a su país de origen, en busca de un mejor futuro económico.

Conocer lo que está sucediendo en los Estados Unidos es importante para poder formarnos una idea clara acerca de la magnitud de la crisis internacional, ahora que estamos preparándonos para enfrentarla.

Lo cierto es que la economía de Estados Unidos perdió más de 530.000 empleos el mes pasado y podría perder otros 350 mil este mes si fracasa el plan para rescatar de la quiebra a la industria automotor, la cual da empleo indirecto a millones de familias.

Esta situación coincide con la reciente aprobación de una ley que endurece aún más las ya duras sanciones a las empresas que contraten inmigrantes ilegales, y también coincide con la “cacería” desatada por la policía contra esos mismos inmigrantes.

Tal panorama amenaza con provocar el próximo año el retorno a América Latina de millones de personas huyendo del desempleo y de la persecución policial en los Estados Unidos.

Obviamente, el Perú también enfrentaría un crecimiento brusco de la demanda de empleo, en plena recesión, como consecuencia del regreso de los repatriados.

El presidente Alan García tiene razón al infundir el optimismo de cara a la crisis. Es bueno en la medida que el factor expectativas es un componente importante de toda crisis, pero tampoco podemos perder de vista la dimensión exacta del problema.

El plan anticrisis presentado por el gobierno es inobjetable sobre el papel, en la teoría, porque ocurre que tenemos un aparato estatal anquilosado que no garantiza su cumplimiento, a menos que se tomen medidas excepcionales y de emergencia.

Aquí planteo una pregunta “políticamente incorrecta”, que seguro llamará a escándalo a algunos acomplejados: ¿Por qué el estado peruano no puede hoy ejecutar al menos la misma cantidad de obras públicas que ejecutó en la década de los años 90’, cuando contaba con la quinta parte de los recursos económicos que tiene actualmente?.

He consultado con algunos expertos al respecto y ellos me han explicado que en la década pasada el Ejecutivo aseguró una mejor ejecución del gasto público al centralizar el manejo de los recursos escasos que tenía, y que de esa manera pudo orientar y controlar mejor cómo eran ejecutados.

Además, en la década pasada el estado contaba con cuadros técnicos altamente calificados, que fueron traídos del sector privado con apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que financió la planilla de esos profesionales.

El actual gobierno ha cometido el error de repartir el presupuesto a los gobiernos regionales sin tomar en cuenta que estos son, salvo pocas excepciones, ineficientes y burocráticos. Como consecuencia de esta decisión, hay ingentes fondos públicos guardados en los bancos sin producir.

En cuanto a los cuadros calificados, estos se han regresado al sector privado por culpa del toledismo, que echó a muchos acusándolos absurdamente de “colaboradores de la dictadura”, y también por culpa de la austeridad mal entendida del actual gobierno, que bajó excesivamente los sueldos públicos.

Aquí es bueno recordar que el toledato dilapidó los recursos del PNUD al destinarlos a contratar a los amigotes y familiares del ex presidente. Por ejemplo, Koki Toledo, sobrino del presidente fue contratado como “consultor en sistemas” con 5 mil dólares al mes; y Mariella Pinto, entonces pareja de Diego García Sayán, fue contratada como “experta en cooperación internacional”, por 3000 dólares mensuales.

De otra parte, el gobierno ha dicho que impulsará la inversión pública con la agilización del SNIP y de otras instancias públicas encargadas de supervisar la ejecución del gasto, pero francamente, como dice Aldo Mariátegui, eso está bien para broma, porque el Ejecutivo ya ha dado muestras de sobra de que es incapaz de gastar con eficiencia.

En los gobiernos regionales es peor, pues estos carecen de proyectos y de cuadros medianamente calificados, lo cual es imposible de solucionar con la urgencia requerida.

Lo que el sentido común nos dice es que el gobierno central debería crear una instancia especial, dirigida por cuadros privados, que se encargue de ejecutar el programa anticrisis, y de centralizar el manejo de los fondos de las regiones que están hoy guardados en los bancos sin producir.

Esta, según mi modesto entender, es la única manera de garantizar que los recursos destinados a enfrentar la crisis cumplan su objetivo, que es la ejecución de obras públicas que generen empleo y crecimiento. Salvo que se opte por la propuesta de Aldo Mariátegui de repartir bonos a todo el mundo para aumentar el consumo.

Otros vehículos multiplicadores del gasto y de la obra pública son los gobiernos municipales que han demostrado eficiencia en el gasto, así como los programas sociales más eficientes. Foncodes, por ejemplo, que fue el principal ejecutor de la numerosa obra que hizo el estado en los años 90’. Esta experiencia debe ser retomada.

Esperar que el actual Estado – en términos institucionales, sin importar quien esté gobernando – lleve a buen término el plan anticrisis es pedirle peras al olmo; a menos que sea reformado sobre la marcha, pero no hay tiempo ahora, pues la recesión nos está tocando las puertas, y muy fuerte.

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