Disciplina, mi general

traidores

Es penoso el comportamiento que vienen mostrando ciertos altos oficiales del ejército que se han enfrascado en una sorda pugna interna en la que todo vale con tal de obtener el control de los puestos claves del instituto o un ascenso. Es evidente que la abrupta salida del general Edwin Donayre ha sido un episodio más de estas peleas que tanto dañan la imagen del ejército.

Tal conducta es impropia de personas que deberían tener un profundo sentido del honor, la lealtad y la disciplina, de amor a su institución. Y es más bien propia de quien llega de paso a una entidad con el fin expreso de disputarse un botín.

De nada vale un oficial eficiente y aguerrido, sino es una persona íntegra, con valores morales sólidos. Peor aún, sin respeto a la disciplina.

Otro episodio lamentable fue sin duda la carta con que el jefe del ejército, Edwin Donayre, les respondió a los ex comandantes generales que criticaron su estilo de conducir la institución.

Antes de escribir esa carta, Donayre debió meditar que estaba dirigiéndose a quienes han sido los líderes del ejército durante los últimos 30 años, y que al descalificarlos de esa manera estaba dañando el prestigio de su institución.

No menos vergonzosa es la “filtración” constante, desde el Pentagonito, de información tendenciosa (que cierta prensa presenta como sesudos informes de su “unidad de investigación”), abastecida por oficiales interesados en descalificar a sus camaradas en la carrera por los ascensos o por la comandancia general.

Se ha vuelto una práctica usual que entre oficiales se saquen los trapos al sol y expongan sus miserias en los diarios o en la televisión. Lo peor es que esta conducta es admitida al parecer como válida en la institución y en el gobierno, pues nadie hace nada por impedirlo. Es denigrante.

Tan triste como estos episodios es la falta de espíritu institucional que muestran los mandos del ejército que se han prestado y se prestan aún, dócilmente, al manoseo político de la institución militar por parte de la izquierda caviar y toledista.

Esos malos mandos no han dudado inclusive en sacrificar a sus camaradas con tal de obtener la prebenda política. Así ha sido en el caso del personal acusado injustamente de supuestas violaciones de derechos humanos.

Esos mandos han actuado con perfidia al entregar en bandeja las cabezas de oficiales y subalternos, al toledismo primero y ahora los caviares enquistados en el gobierno aprista, a sabiendas de que iban a ser objeto de escarnio y de abusos.

Han llegado al extremo de guardar silencio cómplice mientras los malos políticos encarcelas arbitrariamente a muchos soldados privándolos del derecho a la inocencia y a la defensa.

Los acusados presos por “delito de lesa humanidad” no reciben ninguna asistencia del ejército porque los mandos aceptan la aberración de presumirlos culpables, en vez de inocentes como manda la Constitución. No reciben ni siquiera una ayuda humanitaria mínima.

Los detenidos están a merced de abogados de oficio impuestos por el “sistema anticorrupción”, los cuales en vez de defenderlos los presionan a diario para que se declaren culpables e inculpen a inocentes.

Hace unos seis meses le informé de esto en persona al general Donayre y él prometió que lo corregiría, pero no lo hizo. Ha preferido, igual que sus antecesores inmediatos, sacrificar a sus hombres por quedar bien con los políticos. Debo aclarar que esta crítica ya estaba escrita antes de la salida del general Donayre, así que no hay aquí oportunismo alguno.

Vemos que, lamentablemente, hay un patrón preocupante de falta de valores y de integridad en los altos mandos de nuestro ejército, lo que es lo mismo que falta de amor y de lealtad con la institución. ¿Es esto patriotismo?.

¿Qué ejemplo le están dando a los jóvenes cadetes esos mandos que en vez de ser paradigmas de valor, integridad, disciplina y honor exhiben pobreza moral al sacarse los trapos sucios en la prensa por un cargo o un ascenso?

Rechazo tajantemente la versión caviar que sostiene que todos los militares son corruptos y criminales. Es falso. Pero sí debo señalar que nuestro ejército muestra hoy síntomas de una grave descomposición institucional.

¿Qué ha fallado para que hayamos llegado a esta situación?. Urge que reflexionemos sobre este problema para hallar las causas del mal y para poder atacarlo de raíz. Que se abra el debate.

El origen de esta crisis está, según mi entender, primero, en que se ha instituido la arbitrariedad en la decisión de los ascensos, se ha impuesto un sistema insano en el que los méritos valen poco o casi nada para ascender a los altos cargos.

También es evidente que ese patrón negativo de conducta, caracterizado por la carencia de valores sólidos, revela que nuestros oficiales no están recibiendo una buena formación ética en la escuela militar.

Urge un cambio radical en el ejército, el cual debe acabar con la arbitrariedad en los ascensos y mejorar sustancialmente la formación de los futuros oficiales.

La carrera militar debe regirse por los méritos que acumulan los oficiales en el ejercicio de su carrera, los cuales deben ser la base para conseguir un ascenso, en vez de la calificación subjetiva de una junta calificadora.

El sistema actual es tan injusto que oficiales brillantes que combatieron con valor y sapiencia en el Cenepa o contra el terrorismo han quedado relegados en los cuadros de méritos, mientras ascendieron otros cuyo principal mérito fue hallar un padrino vinculado a la junta calificadora o al comandante general de turno.

Mejorar la formación de nuestros futuros oficiales tiene que pasar primero por una rigurosa selección de los aspirantes a cadetes, y después por la inculcación intensa de los valores éticos en su formación, tarea que debe estar a cargo de personal militar selecto que predique con el ejemplo.

El país se ha recuperado económicamente de la quiebra total que sufrió a finales de los años 80’, pero no institucionalmente. Esta es la gran asignatura pendiente de la agenda nacional: la reforma de la institucionalidad pública.

El gobierno aprista no tiene esta reforma en su agenda, lo cual es una lástima, pero no se le puede culpar, porque el tema tampoco está en la agenda de los otros partidos políticos. Ojalá lo incluyan ahora, para que acaben pronto los espectáculos tristes, dignos de un callejón, que vemos en nuestro ejército cada vez que se aproxima la temporada de asensos. Ojalá.

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