REY DEBIÓ SER

El presidente Alan García ha designado a Yehude Simon presidente del Consejo de Ministros, en una decisión errada, a nuestro criterio, porque el presidente regional de Lambayeque no encarna una opción de más cambios estructurales que necesita el Perú, porque es candidato presidencial en campaña, y porque tampoco representa una alternativa clara de lucha contra la corrupción.

En la víspera de la designación de Simon, cuando era inminente la salida de Jorge del Castillo, escribí el siguiente artículo, que expresa una posición diferente. Aquí está:

Si el gobierno aprista quiere demostrarle al Perú que no tiene compromiso alguno con la corrupción, no necesita buscar fuera del actual Gabinete saliente para elegir a un titular del Consejo de Ministros capaz de darle esa tranquilidad a la ciudadanía: Rafael Rey Rey.

Lo que el país requiere es que el presidente Alan García zanje clara y rotundamente con la coima y la trafa, porque es la única manera de ahuyentar a los viejos fantasmas que han sido despertados por el “petroescándalo” protagonizado por Rómulo León y Alberto Quimper.

Tirios y troyanos podrán discrepar o concordar con el pensamiento de Rafael Rey, pero a la hora de evaluar el patrimonio político y personal del ministro de la Producción, nadie duda en reconocer que su mayor virtud es la integridad y la honradez a toda prueba.

Vale recordar que Rafael renunció a una curul parlamentaria por Unidad Nacional, y finalmente se alejó de esa agrupación, porque sus socios se negaron a aceptar los estrictos requisitos morales que él planteó para la elección de los miembros de la lista parlamentaria. Y qué decir de la manera valiente y decidida con que se ha enfrentado a los grupos de poder de la pesca.

Pero Rafael Rey no sólo es la mejor garantía de una lucha real contra la corrupción, también tiene ideas claras en materia económica, por formación y convicción, a diferencia de Jorge Del Castillo, que se mueve en ese terreno más por intuición y pragmatismo que por conocimiento.

Recordemos que Rey tiene un compromiso antiguo con la economía de mercado y con las reformas estructurales que nos han permitido ingresar en el camino hacia el desarrollo, mientras que Del Castillo predicó el populismo económico, en mayor o menor medida, hasta el 2006.

Esto es importante porque, para consolidar el rumbo económico, faltan ejecutar las reformas de tercera generación que se quedaron truncas a finales de los años 90’ (el Estado, la Justicia, la representación política, etc.) y que fueron enterradas por el toledismo, cuyos jerarcas se aprovecharon de la inercia positiva del crecimiento para dejar la economía en “piloto automático” y dedicarse a la francachela.

Creo que Rafael Rey sería la persona más indicada para convocar un equipo ministerial coherente y capaz de asumir ese desafío sin reparar en cálculos electorales. Es más, él estaría dispuesto a asumir un sacrificio electoral personal, con tal de ejecutar las reformas. No le temblaría la mano ni la voz a la hora de tomar decisiones. Coraje y honestidad es lo que le sobra.

Un tercer requisito necesario para cualquier jefe de Gabinete es tener aptitud para ingresar al terreno del debate político con sagacidad, convicción, sapiencia y capacidad persuasiva, las cuales son habilidades que también posee Rafael Rey, y así lo ha demostrado largamente durante su ejecutoria parlamentaria primero y ahora como ministro.

Cuando el gobierno ha tenido que debatir claro y fuerte con la oposición, uno de los pocos que ha sabido hacerlo mejor ha sido Rey.

Como es recurrente en los enemigos de Rey, estos dirán que es “confrontacional” o “poco dialogante”, palabras que, en términos políticos concretos, son eufemismos que utilizan para decir en privado que con él “no se puede arreglar” o “cubrir” cochinadas.

Si el gobierno aprista piensa en la historia y no en las próximas elecciones, debería elegir a Rafael Rey como presidente del Consejo de Ministros, una decisión que, por cierto, tendría que ir acompañada de un compromiso del presidente de la república con el cambio y las reformas que requiere el Perú para afianzar su desarrollo y hacerlo irreversible.

Cierta prensa ha lanzado candidatos alegremente, a partir de sus afinidades o simpatías políticas, sin tener en claro los objetivos del país y exhibiendo en algunos casos ignorancia y frivolidad.

Un ex fujimorista converso en caviar rabioso ha propuesto, por ejemplo, a Yehude Simon Munaro presentándolo como un “líder interesante” y un “buen presidente regional”, como si estas fuesen cualidades suficientes para tomar las riendas del Ejecutivo.

Al converso habría que recomendarle que vaya a la Biblioteca Nacional y revise los ejemplares de la revista “Cambio” de los primeros años de los 90, porque al parecer jamás leyó esa publicación, a pesar de que ya estaba bastante grandecito por entonces. Cuando se informe bien sobre quién ha sido Simon en la banda terrorista MRTA se arrepentirá de sus palabras.

En todo caso, la última palabra la tiene el presidente Alan García, quien, una vez más, deberá decidir si su segundo gobierno continúa la política del bomberos malo que impuso Del Castillo (lanzan chorritos que apenas enfrían un rato el incendio, sin apagarlos jamás), o coge el timón con valentía y decisión para llevarnos por un rumbo claro. Ojalá tome la mejor decisión, lo deseamos fervientemente.

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