La izquierda católica ha fracasado

Un diario toledista e izquierdista ha publicado un informe en el que “anuncia”, en tono de alarma, que los prelados miembros de las prelaturas papales Opus Dei y Sodalicio vienen adquiriendo una mayor presencia y protagonismo en el seno de la Iglesia Católica del Perú.

En términos periodísticos la “noticia” es un tremendo “refrito”, y en términos políticos es parte de una campaña que desde hace algunos años realiza la izquierda peruana en contra de las nuevas corrientes de cambio que se están imponiendo en el catolicismo peruano.

Es un tremendo “refrito” porque la presencia creciente de ambas prelaturas es un hecho conocido en todo el mundo desde hace años, cuando la conducción de la Iglesia estaba en manos de Juan Pablo II, quien fue precisamente el iniciador del cambio.

Y es parte de una campaña política porque se afirma que la mayor influencia del Opus Dei y Sodalicio es producto de una suerte de “manipulación” institucional por parte del Cardenal Juan Luis Cipriani, quien es miembro de la orden creada por el beato español José María Escribá de Balaguer.

Esta versión es una falacia ya que los obispos del mundo son designados por el Papa Benedicto XVI, quien ha preferido a miembros del Opus Dei y de Sodalicio porque continúa la línea de cambio que inició su antecesor Juan Pablo II.

Hay además una razón de fondo por la que Juan Pablo II y Benedicto XVI han optado por desplazar a los prelados identificados con la corriente izquierdista de la Teología de la Liberación: es que ésta ha fracasado.

En la Iglesia se ha llegado a esta conclusión porque durante los últimos 40 años la Teología de la Liberación copó casi todos los obispados de Latinoamérica, y al cabo de ese tiempo el número de religiosos y devotos católicos descendió, mientras que hubo un crecimiento explosivo de las iglesias evangélicas.

Muchos católicos latinoamericanos han migrado hacia iglesias evangélicas porque éstas les ofrecieron un mensaje de fe que los “teólogos de la liberación” les negaron por abocarse más a mezclar la religión con la política, justificando inclusive la violencia. Esto, por cierto, lo oculta el diario toledista-caviar.

De otra parte, el rotativo dice que “el Opus Dei copa obispados y arzobispados a nivel nacional”, pero en su propia noticia se lee que, de un total de 48 obispos y arzobispos que tiene el Perú, sólo 10 son, todavía, de esa prelatura, y otros dos pertenecen a Sodalicio. ¿Quién había copado entonces los obispados?

La manipulación política-periodística también es evidente cuando el diario afirma que las dos prelaturas mencionadas representan a “corrientes doctrinales católicas ultraconservadoras”, siendo aquellas la más modernas en su visión de vida, ya que promueven entre los fieles, especialmente entre los pobres, la solidaridad y la necesidad de cultivar un espíritu emprendedor junto con la fe religiosa.

Los verdaderos conservadores son los “teólogos de la liberación” que se han anclado en las ideas políticas de los años 60’ y 70’, promotoras de un izquierdismo retrógrado y reaccionario que desvaloriza al individuo, coartando su libertad en nombre del estatismo y del colectivismo.

Como gran ejemplo, el diario toledista presenta como uno de los exponentes de la Teología de la Liberación al cura Marco Arana, dueño de una ONG izquierdista y responsable de trágicas jornadas de violencia que truncaron la ejecución de importantes inversiones destinadas a acabar con la pobreza en la sierra norte. Huelgan comentarios.

Pero la campaña en cuestión también incluye una guerra sucia contra los nuevos obispos del sur, quienes son actualmente blanco de feroces ataques difamatorios de parte de grupos izquierdistas que, en forma extraña, se han convertido en dueños de medios de comunicación social que pertenecían a la Iglesia. ¿Quién les dio la propiedad de esos medios a los izquierdistas?

Finalmente, la campaña también pretende impedir a toda costa que la presidencia de la Conferencia Episcopal del Perú sea asumida por un obispo comprometido con el cambio, y en ese empeño se viene propalando la versión falsa de que el Cardenal Cipriani quiere ocupar dicho cargo, lo cual ha sido desmentido por el Arzobispado de Lima y por también la prelatura del Opus Dei.

Todas estas artimañas y recursos desleales dicen mucho de la calidad ética de quienes, al fin de cuentas, solo buscan politizar la Iglesia Católica para que ésta siga siendo una simple caja de resonancia de sus intereses partidistas, mezquinos y amorales.

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