El drama de un héroe

en el vienetre del monstruo

en el vienetre del monstruo

Uno de los muchos héroes anónimos que contribuyeron a la derrota del terrorismo, el ex agente de inteligencia del Ejército Douglas Arteaga Pascual, conocido como “Abadía”, es hoy víctima de un abuso sin nombre que lo tiene injustamente encarcelado desde hace siete años, sin sentencia alguna.
El heroísmo en su caso no es retórica, ni mucho menos, porque se jugó la vida y sacrificó las cosas que más amaba, por combatir a Sendero Luminoso durante la década pasada. Este es un resumen apretado de su dramático caso.

El año 1989, siendo un experimentado técnico del SIE, “Abadía” recibió la difícil misión de infiltrarse en las filas de la banda maoísta para obtener información que pudiera llevar a la desarticulación de esa organización genocida.
En esta clase de misiones, todo agente sabe que si los terroristas lo descubren es hombre muerto, y que inclusive puede morir a manos de las fuerzas del orden, que lo confundirán de hecho con los verdaderos terroristas.
Mediante un trabajo fino y paciente de casi un año, “Abadía” alcanzó su objetivo, y se infiltró en el vientre del monstruo, después de burlar con éxito las rígidas medidas de seguridad impuestas por SL para reclutar a sus militantes.
“Abadía” cumplió su misión arriesgando su vida y sacrificando inclusive su hogar, el cual se desintegró por sus largas ausencias necesarias.
Las únicas armas que usó para cumplir su objetivo fueron una cobertura legal que borró sus antecedentes militares, y su habilidad e inteligencia.
Esas mismas cualidades las utilizó para enviar sus informes sobre la instancia senderista en la que se infiltró, una célula del Comité Metropolitano de SL que actuaba en Barrios Altos y el Cercado de Lima.
Precisamente cuando cumplía esa misión, en noviembre de 1991, un grupo de agentes del SIE le pidió que identificara a los integrantes de dicha célula, y él lo hizo sin imaginarse que aquellos habían decidido ejecutar extrajudicialmente a los terroristas en la “matanza de Barrios Altos”.
Nunca utilizó armamento; sin embargo, está preso acusado injustamente de haber sido miembro del grupo militar armado que realizó la ejecución extrajudicial.
Por orden del gobierno toledista, el Ejército le dio la espalda dejándolo a su suerte, en las fauces del sistema anticorrupción, el cual le puso una “abogada” de oficio que en vez de defenderlo lo presionó para que se declare culpable, se acoja a la colaboración eficaz y acuse de la matanza a ciertas autoridades políticas.
Todos los procesados por el caso Barrios Altos coinciden en señalar que lo único que hizo “Abadía” fue entregar la información que tenía. Ninguno ha declarado que él sabía lo que iba a ocurrir, menos aún que él haya disparado un arma.
No hay razones válidas para que esté preso. La única explicación aparente es que el sistema necesita “probar” que el ejército actuó como un “aparato criminal organizado” en la lucha contra el terrorismo.
No les importa torcer la verdad y la historia, y que al final los terroristas que asesinaron a miles de inocentes aparezcan como “víctimas del estado”.
“Abadía” está preso además por una aberración jurídica inconcebible en un país democrático, impuesta por malos políticos que llegaron al Tribunal Constitucional, que permite que una persona pueda estar presa siete años sin ser sentenciada.
¡Siete años! ¿Quién le devolverá ese tiempo si al final la justicia se impone sobre la venganza y él es absuelto?
Si el reo es policía, militar o rondero no tiene derechos humanos, menos el que consagra la presunción de inocencia. Va preso hasta que pruebe su inocencia.
En los años 90 las ONG de “derechos humanos” publicaban comunicados en los que exigían que se respete el derecho de los terroristas a la presunción de inocencia, y protestaban porque aquellos podían ser detenidos sin sentencia tres años o porque eran incomunicados 30 días en la Dincote.
Esas ONG guardan hoy silencio ante la violación de los derechos fundamentales de quienes combatieron al terrorismo, como es el caso del agente “Abadía”.
Finalmente, “Abadía” también es víctima de una maquinaria cruel manejada por la izquierda caviar, integrada por procuradores, medios de prensa, y jueces y fiscales aleccionados en “talleres de capacitación” en los que las ONG les enseñaron a ser implacables con los militares y benévolos con los terroristas.
El abuso sin nombre que sufre “Abadía” representa la iniquidad, la infamia, la corrupción y la perfidia con que actúa ese aparato, sin reparar en los inocentes.
Pero tan abominable como todo esto es la indiferencia que muestran, hasta ahora, el Ejecutivo, el Legislativo, el Poder Judicial y la Fiscalía, frente a tanta injusticia.
¿Por qué soldados que combatieron contra el terrorismo en defensa de la democracia y de la paz, aunque hayan cometido excesos, son juzgados por la justicia “anticorrupción”? Por política, no por justicia. No hay otra explicación.

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Un comentario en “El drama de un héroe

  1. TENGO EL GUSTO DE CONOCER MUY BIEN A ABADIA, ES MAS SOY COLEGA DE EL, Y LO QUE DICE YO LO CONFIRMO QUE ES VERDAD, LOS QUE DEFENDIMOS A ESTA SOCIEDAD POLITICA, CADUCA, NEFASTA, PODRIDA, NO DEFIENDE A SUS HEROES, COMO QUISIERA QUE REGRESE SENDERO Y ALLI QUIERO VERLOS A ESOS CAVIARA CON EL RABO ENTRE LAS PIERNAS, ESCONDIDOS Y ESOS JUECES Y FISCALES TIMORATOS, LIBERANDO TERRORISTAS POR FALTA DE PRUEBAS, LO QUE PASABA ERA QUE SE CAGABAN DE MIEDO, LES PONIAN UNA BOMBITA EN SU CASA O ASUTABAN A SU FAMILIA, Y AL TOQUE LIBERABAN A LOS TERRUCOS.
    FUERZA ABADIA, TU SABES QUIEN SOY YO EL ARQUERO DE SIEMPRE.

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